Hoy no circula
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Doctora en Comunicación y Pensamiento Estratégico. Dirige su empresa BrainGame Central. Consultoría en comunicación y mercadotecnia digital, especializada en tecnología y telecomunicaciones. Miembro del International Women’s Forum.

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Hoy no circula
Foto: Pexels / Tracy Le Blanc

Un gobierno contaminado. Un grupo en el poder con altos niveles de corrupción y encabezado por un ego enfermo de poder, de necesidad de fragmentación y polarización social para imponer su miopía, a un país cuya ciudadanía se niega a ser borrada.

A pesar de que las redes sociales han sido fuertemente criticadas por ser canales de propagación de información falsa, un ecosistema peligroso para la privacidad de datos y un perfecto escenario para socavar la libertad de expresión demuestran que históricamente la comunicación y la tecnología han estado estrechamente ligadas a la sociedad y sus procesos democráticos, para hoy consolidar la democracia digital.

La función de los volantes y carteles es sustituida por el ciberespacio. La conectividad multiplica sin fronteras ni horarios mensajes que permiten la detonación de movimientos sociales, mismos que se fortalecen por su magnitud de interacción, libertad territorial, movilidad digital e idoneidad para la verificación instantánea de datos e información manipulada, cuyo claro objetivo sea frenar sus intentos de levantamiento social.

Cuando se respeta el Estado de derecho, las garantías individuales de la población y el ciudadano es el centro de la conversación, la democracia digital representa un foro que enriquece la discusión política, la transparencia, el acceso a la información y la participación social como un derecho ciudadano con su gobierno.

Sin embargo, cuando la descalificación a la realidad del país es la constante, cuando a más de la mitad de su periodo presidencial sin resultados, el jefe de gobierno decide atacar la democracia, insultar y desacreditar al Instituto Nacional Electoral (INE), para tirar los derechos electorales de sus gobernados, el objetivo pareciera ser muy claro: perpetuarse en el poder.

Hoy, México ejerce su derecho a la democracia a través de plataformas digitales y redes sociales. Convoca voces que aclaman honestidad y certidumbre hacia el futuro de nuestro país. Respalda el valor de actores sociales para sumarse a ellos en un grito de insatisfacción por las acciones de un presidente que no respeta ni su propia cultura, los derechos humanos fundamentales de sus gobernados, y que desacreditará a quien le estorbe en su carrera por monopolizar el poder.

Hoy no circula la mentira, la polarización, ni el engaño. La comunicación entre el periodismo y el gobierno no es coincidente, las promesas de campaña no solo no se cumplen, sino que mutan a proyectos sin sentido, ni beneficio social.  

México es un país democrático, mientras los canales digitales confirmen segundo a segundo que no existe el interés genuino del presidente para trabajar por el bien de la sociedad que gobierna, los ciudadanos elegiremos.

Los mexicanos tenemos la confianza rota. Eso es lo único que hoy no circula.