La Copa Mundial Qatar 2022
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

La Copa Mundial Qatar 2022
La Copa Mundial Qatar 2022. Foto: Odd Andersen/ AFP

Finalmente, luego de casi un mes de mantener la atención de los reflectores a nivel global, la Copa Mundial Qatar 2022 llegó a su fin. Desde luego, se han escrito muchos textos y se han grabado una gran cantidad de minutos sobre el proceso que al interior de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) se siguió para designar como anfitrión a un país con una prácticamente inexistente tradición respecto del balompié, pero con mucho dinero y con una estrategia de expansión tan agresiva como proclive a corromper a quien sea necesario para consolidarla. 

Sumado a lo anterior, el cuestionamiento a las costumbres de la sociedad qatarí fue recurrente, pues hoy es impensable que dentro de un espectáculo global como lo es la Copa Mundial se pueda observar tales niveles de intolerancia y de poco respeto a los derechos humanos. Sin embargo, la FIFA decidió ser obsequiosa y ceder ante el poder que hoy representan algunos de los países del Golfo Pérsico con las aparejadas fuertes inversiones en la industria del futbol.

Una vez dicho lo anterior, debemos decir que en lo relativo al deporte y a la organización de esta justa, acabamos de vivir uno de los mejores mundiales de los que se tenga memoria (en mi caso definitivamente el mejor), pues se trató de una competencia en la que concurrieron factores que la hicieron extraordinaria y que, sin duda, dejará en la memoria de millones de personas tanto satisfacciones como tragos amargos (condiciones indispensables para hoy las emociones y mañana la nostalgia se encuentren presentes de manera intensa).

Como ya adelanté en este espacio, el arribo de dos leyendas como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi a su quinto y hasta antes de la Copa Mundial tentativamente último mundial, se trató de un aditivo muy importante para esta competencia. En el caso de Ronaldo, el destino y las inexplicables decisiones de Fernando Santos, técnico de la selección portuguesa, propiciaron una situación inmerecida para el jugador que llevó a su selección a competir y a ganar a un equipo que históricamente aspiraba a aportar a las competencias talento individual pero no a conquistarlas. Por lo que hace a Messi, la justicia permitió que se coronara y elevara su leyenda a los niveles que consistentemente y junto a Ronaldo, nos trajeron la más bella y duradera de las disputas individuales en la historia de cualquier deporte. 

Otro de los elementos que hicieron extraordinaria esta competición fue la cantidad de sorpresas que nos dieron los equipos, desde un decepcionante conjunto alemán y una inesperada eliminación del equipo brasileño hasta una maravillosa selección marroquí que aportó alegría, talento y esfuerzo a una lucha normalmente reservada a las grandes potencias del futbol mundial. De igual manera, en esta Copa Mundial se demostró la consistencia de una selección como la croata que, de la mano de un jugador total como lo es Luka Modric, llegó a la antesala de la final haciendo gala de la seriedad y del trabajo en equipo.

Mención especial debe hacerse de la gran final que acaparó las miradas de buena parte del mundo, un partido que se convirtió en una conclusión digna de considerarse la mejor en la historia de los mundiales. La lucha entre franceses y argentinos desde un principio supuso un agasajo para quienes amamos este deporte (y también para quienes no), pues se estaría ante la presencia de dos grandes equipos con una concepción diferente del juego y con dos líderes como Mbappé y como Messi cuyos nombres ya están escritos con letras de oro en la historia del deporte más bello del mundo. En esta ocasión, lamentablemente la polémica estuvo presente en las decisiones arbitrales y en una utilización para muchas personas selectiva de la tecnología para subsanar los posibles errores, no obstante, se debe asumir que ésta es parte del juego y que, aunque en esta ocasión benefició a los argentinos, el espectáculo que ambos equipos brindaron ya es parte de las mejores páginas escritas en el interminable libro de los mundiales.

Ahora toca otra larga espera para la Copa Mundial 2026, misma que volverá a la fórmula de contar con sedes compartidas, aunque en esta oportunidad lo será por tres países: México, Estados Unidos y Canadá. La estafeta ha sido entregada por un país que logró organizar ejemplarmente uno de los dos eventos más importantes concebidos por el ser humano, cuyas exigencias financieras, logísticas y humanas se acrecientan con el tiempo y las que, indudablemente, cumpliremos con buen éxito. Asimismo, significará la llegada definitiva del jugador llamado a ocupar los sitiales más altos: Kylian Mbappé.

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