¿Vuelve el “momento mexicano”?
Enernauta

Especialista en política energética y asuntos internacionales. Fue Secretario General del International Energy Forum, con sede en Arabia Saudita, y Subsecretario de Hidrocarburos de México.
Actualmente es Senior Advisor en FTI Consulting.

¿Vuelve el “momento mexicano”?
Foto: Especial

“La única razón para producir en México es porque tienes alguna razón para estar aquí”. Este peculiar resumen lo aportó un jefe de una maquiladora en Reynosa hace 20 años a dos investigadores de la Universidad de Texas que indagaban por qué las empresas decidían ubicarse o mantener fábricas en México a pesar de la creciente competencia de las manufacturas chinas.

Entonces era evidente que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, hoy conocido como T-MEC, no bastaba como herramienta para competir frente a los bajos salarios de China, que además penetraba mercados en condiciones favorables debido a su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Mientras China conseguía menores aranceles para sus exportaciones intensivas en mano de obra barata, las maquiladoras ubicadas en México debían lidiar con un peso que se fortalecía temporalmente frente al dólar, salarios más altos e impuestos mayores -factores todos que encarecían las exportaciones mexicanas frente a las de otros países en el mercado norteamericano aún tomando en cuenta la vecindad-.

Después de entrevistar a directivos de 55 empresas, los investigadores encontraron que en su mayoría se referían a variantes de una razón clave para ubicarse en México: la fabricación de artículos diferenciados para el mercado norteamericano. Era muy difícil competir desde México con los productores chinos en los mercados mundiales de artículos estandarizados (vestido, calzado, manufacturas ligeras), pero era factible sobrevivir y hasta crecer en mercados regionales de productos diferenciados con tiempos de entrega cortos, baratos de transportar (de bajo valor por peso en kilogramos) y múltiples entradas y salidas. Si México podía aportar ventajas en alguno de estos segmentos, las empresas encontrarían “alguna razón” para invertir en el país. 

Cualquier similitud con la industria automotriz, aeroespacial, eléctrica y electrónica no es mera coincidencia. Ahí se fraguó buena parte del éxito exportador mexicano en los últimos 20 años a partir de estos factores, fundamentalmente orientado hacia Norteamérica.

La reunión Cumbre de los líderes de Norteamérica de la semana pasada ha enfatizado otra razón para producir en México que venía perfilándose desde la presidencia de Donald Trump: la competencia estratégica de Estados Unidos con China. Para las empresas transnacionales, es ahora atractivo mirar a México simplemente porque ni es China, ni es aliado de países enemigos de Estados Unidos. Ayuda que México sea parte del T-MEC y que el valor de su moneda sea relativamente estable, pero ahora cuenta bastante para Estados Unidos y sus aliados que México sea un amigo cercano, ideal para el nearshoring y el friendshoring.

Esta razón no es nueva. Cuando impulsó la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), precursor de la OMC, el gobierno de Estados Unidos consideró no solo que el comercio ayudaría a promover la paz, sino que contribuía a fortalecer la alianza de los países que derrotaron al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y que empezaban a contener a la política expansiva de la Unión Soviética. Ahora se trata de impedir que la fortaleza económica de China se traduzca en ventajas militares, políticas y tecnológicas que pongan en riesgo el poderío estadounidense con todo y su capacidad para influir de manera determinante en las reglas económicas mundiales.

La oportunidad para México se manifiesta ya en la alta demanda de espacio en parques industriales. Las restricciones que hace falta superar para materializar el interés en invertir en el país han sido mencionadas ampliamente. Incluyen la disponibilidad de electricidad y gas natural, el mantenimiento y expansión de la infraestructura y la inseguridad, entre otras. Quizá estemos frente a un nuevo “momento mexicano”. Que cobre vida depende de la coherencia y estabilidad de la estrategia económica mexicana. Ojalá no se convierta en oportunidad perdida.