El caso de Yasmín Esquivel no está cerrado, ni quedará impune
Libertad bajo palabra

Periodista y abogado con más de 33 años de trayectoria. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter: @jenroma27

El caso de Yasmín Esquivel no está cerrado, ni quedará impune
FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

En pleno apogeo de los linchamientos mediáticos y los juicios sumarios en el pretorio de las redes sociales, el clamor debe seguir la suerte del respeto a la legalidad. 

Tanto hemos reclamado el ánimo incendiario de un Presidente de la República que desdeña la fuerza del derecho con su “percepción” de la realidad, que ya hemos normalizado las hogueras para ver arder a las instituciones más valiosas que tenemos. No permitamos que esa nociva tendencia nuble nuestro juicio como ciudadanos que observan, se informan y analizan.

El jueves por la noche se anticipó desde la UNAM que este viernes al mediodía el rector Enrique Graue ofrecería un mensaje y la expectativa creció sobre el sentido que tomaría el escándalo del plagio de la tesis de la todavía ministra Yasmín Esquivel, cuyo sentido de ejemplaridad y autoridad moral dentro de la Suprema Corte han sido reducidas a cenizas.

Muchos esperaban que al estilo medieval, Graue pusiera la cabeza de la togada en una lanza ante la comunidad universitaria para satisfacer las ansias de quienes con razón justificada han manifestado su indignación. Sin embargo, aunque es seductora la búsqueda del aplauso fácil en una crisis de estas dimensiones, la Universidad Nacional Autónoma de México, no puede, ni deben guiarse por un sendero distinto al de la legalidad, cuyo sustento técnico se enseña en las aulas de su prestigiada Facultad de Derecho e Instituto de Investigaciones Jurídicas. 

Ciertamente se ha reconocido que hay vacíos en la normatividad  universitaria vigente para retirar el título de la plagiaria, con las consecuencias irremediables que semejante sanción tendría en nuestro Tribunal Constitucional. Dice un principio del derecho que no hay pena sin ley y ese es justo el dilema en el que nuestra máxima casa de estudios se ve envuelta en un torbellino de proporciones extraordinarias.    

¿Qué dijo el rector? El asunto no está cerrado y no habrá impunidad. 

“Debe prevalecer la cultura de la legalidad y de la verdad, es sobre esta legalidad donde podemos construir lo que nos permita prevenir y sancionar con certidumbre la violación de los valores y derechos universitarios contenidos en el código de ética de nuestra casa de estudios”.  

Nadie desde un punto estrictamente jurídico podría cabalmente exigir una actitud distinta, porque se estaría violentando un principio esencial para la UNAM, cuyo prestigio y trascendencia nacional nunca estarán en duda. Hablo como universitario, egresado de la Facultad de Derecho en Ciudad Universitaria en el ejercicio libre del periodismo a través de un medio independiente que me permite expresar mi opinión, como una más en el universo de la pluralidad que debe distinguir a una sociedad que aspira a la democracia sin adjetivos.

Comparto la indignación con conocimiento de causa porque obtuve mi título profesional cumpliendo el requisito de la elaboración de una tesis original que desarrollé e investigué con honestidad para defenderla en un exámen profesional en noviembre de 1995. Lamentablemente estamos habituados desde hace más de 4 años a que todas las mañanas se acuse y sentencie en el patíbulo de un erudito de la manipulación que se autodetermina poseedor de la verdad absoluta. No convirtamos un justificado enfado en la reproducción de lo mismo que nos ofrece el populismo para degradar el valor esencial de la convivencia civilizada representada en el derecho.

El mensaje del rector se ajustó a los principios de la UNAM, aunque su contenido no satisfaga, por el momento, las ansias de un castigo que inexorablemente llegará y muestra ya sus efectos en vía de hecho.

Dijo Graue: “La Rectoría depositada en mi persona de ninguna manera evade su responsabilidad, mi actuar no es tampoco producto de timidez, temor o encubrimientos. Actúo y lo seguiré haciendo en el marco de la legislación universitaria, no puedo, ni debo ir más allá de lo que la normatividad nos permite”. 

Justo en mi texto semanal publicado este jueves hablaba de la dimensión jurídica del caso, pero también la ética. 

Es importante preservar en un caso con pasajes tan oscuros el respeto a la presunción de inocencia que sin duda tiene límites. La defensa mediática y jurídica de Esquivel Mossa ha sido poco creíble y carente de contundencia. Hubo plagio y eso ha quedado claro.

Me parece inaudito que alguien formado en la Universidad Nacional Autónoma de México se obstine en sostenerse privilegiando su interés personal por encima de 2 instituciones a las que arrastra con el egoísmo y la soberbia de enfrentar indignamente su catástrofe. Un error de la juventud ya ha definido el epitafio de su vida profesional. La sanción jurídica que llegará con ejemplaridad será anecdótica comparada con el veredicto ético que no se sacudirá jamás. Yasmín Esquivel ha sido capaz de herir a la casa que la formó y el tribunal donde trabaja, no ha tenido la estatura para hacerse a un lado, lo que ya refleja su pobreza personal.       

En la Suprema Corte hay un cadáver con toga, sin autoridad moral para juzgar. Tiene los días contados, independientemente del desenlace jurídico para su posible inhabilitación como abogada en ejercicio. La corte y nuestra máxima casa de estudios sabrán salir con inteligencia de este nefasto episodio que pone a prueba la templanza institucional.   

La-Lista Síguenos en nuestras redes sociales