Gobierno de coalición vs régimen caduco
Perspectiva socialdemócrata

Nacido en Empalme, Sonora. Político, hombre de izquierda socialdemócrata. Sociólogo y con estudios en físico matemáticas. Participó en la guerrilla y fue preso político. Ha sido jefe delegacional y tres veces diputado federal. Actualmente es presidente nacional del PRD.

Gobierno de coalición vs régimen caduco
Fotografía: Facebook/ Alejandro Moreno Cárdenas.

El presidencialismo mexicano fue un modelo de gobierno que derivó de una degradación del régimen presidencial. 

Cuando decimos que un Estado republicano cuenta con un régimen presidencial y no parlamentario, nos referimos a que el titular del Ejecutivo ha sido designado mediante una elección popular y que es al mismo tiempo jefe de Estado y jefe de gobierno; esto quiere decir que ejerce simultáneamente las funciones administrativas, políticas y representativas de la República. 

Si bien es cierto que el régimen presidencial se caracteriza por el principio de separación de poderes, es importante señalar que el titular del Ejecutivo en este régimen tiene el derecho de iniciar, vetar y promulgar leyes, pero nunca se le considerará miembro del Congreso y mucho menos tendrá la facultad de disolverlo, como sí ocurre en los regímenes parlamentarios. 

El titular del Ejecutivo en un régimen presidencial también es jefe de las fuerzas armadas, responsable de la política exterior, entre otras facultades que la Constitución le confiere.

Sin embargo, en el caso mexicano, la figura presidencial fue acumulando atribuciones que no estaban consagradas en la Constitución ni en ninguna otra ley mexicana. Jorge Carpizo las denominó “facultades metaconstitucionales”, las cuales le permitían al presidente en turno controlar y centralizar el poder político y ejercerlo de manera autoritaria.

Entre estas facultades metaconstitucionales se encontraba la jefatura del partido hegemónico y por lo tanto controlaba el Congreso de la Unión, organizaba las elecciones, designaba a su sucesor y nombraba a los gobernadores de todas las entidades federativas y presidentes de los municipios más importantes. Además, imponía al entonces regente del Distrito Federal, dirigía la política monetaria nacional e intervenía en los asuntos de la SCJN.

No exagero cuando señalo que la gran intención de López Obrador es reinstaurar ese régimen caduco que durante casi un siglo formó parte del contexto político e incluso cultural de nuestra nación y que en pocas palabras fue una dictadura camuflada en un régimen presidencial.

En tan solo cuatro años este gobierno, que llegó con ropajes de izquierda, se ha encargado de arremeter contra nuestra democracia que, si bien puede ser calificada de incipiente, es resultado del esfuerzo de muchas décadas de lucha política y que ha posibilitado las alternancias políticas y el pluralismo.

Estamos viviendo tiempos que pensamos jamás regresarían y si me apuran, con nuevos riesgos que ni siquiera el rancio presidencialismo mexicano se atrevió a promover: la militarización y la reelección presidencial.

Esta emergencia nacional nos obligó a los partidos políticos de oposición a unirnos y buscar nuevos mecanismos de contrapesos para acotar al régimen presidencial y no permitir la reinstauración del rancio y caduco presidencialismo mexicano.

De esta búsqueda y encuentros surgieron las coaliciones electorales y legislativas de la Alianza Va por México que resultaron muy efectivas para ponerle un alto a las intenciones dictatoriales de López Obrador. 

En el PRD estamos convencidos de que si logramos construir la alianza más ampliamente posible con los partidos políticos de oposición y con la sociedad civil organizada lograremos ganar en 2024.

Pero no se trata únicamente de ganar el poder sino de construir las condiciones necesarias para un nuevo modelo de régimen político que garantice la permanencia y estabilidad de gobiernos democráticos: los gobiernos de coalición. 

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