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Belleza que sume
Futuros alternos

Es escritor, periodista, locutor, productor de radio y gestor cultural. Sus textos han aparecido en catálogos como Crafting our Digital Futures (Victoria & Albert Museum) y Do Flex Text (Buró Buró).

Ha escrito para Vogue, RollingStone, Revista 192, Esquire, Código, El Universal, entre otros, y colaborado en Imagen Radio, Ibero 909, Reactor, Milenio Televisión, Bullterrier FM y Aire Libre FM.

X: @mangelangeles

Belleza que sume
Kim Kardashian. Foto: IG @kimkardashia NICK KNIGHT

La noche más importante del mundo de la moda, en su más reciente edición, habló de bellas durmientes. Nos referimos a la MET Gala, celebración anual impulsada por la revista Vogue US. Zendaya, Naomi Campbell, Nicole Kidman, Isabelle Huppert y Eiza González son mujeres que han hecho de sus carreras un ejemplo de lo que los valores que, el hoy llamado poder femenino, considera claves. En medio de todo ese bosque de musas y bellas durmientes quien robó la escena, sin embargo, fue una vieja conocida cuya carrera es por casi todos sabido -a menos que se haya permanecido en aislamiento completo durante los últimos 15 años- es un triunfo de la monetización del escándalo: Kim Kardashian.

Pero el tema aquí es que a Kim Kardashian la vimos con una cintura pequeñísima, la vimos caminando incómodamente por la que se puede considerar la alfombra roja más importante del mundo de la moda. La vimos sufriendo cada uno de esos pasos. Si investigamos y escarbamos más, nos enteramos, con apenas unos clics, que tuvo que usar zapatos específicos para no dañar la prenda, que le llevó horas de preparación estar lista y además que los materiales con los que se fabricó su indumentaria distan mucho de ser tela común.

No es la primera vez que Kim Kardashian se enfrenta a las críticas por la manera en la que decide vestirse para esta noche de pasarela global. En ediciones pasadas portó un vestido de látex diseñado por Thierry Mugler para semejar que sale del mar, mojada, mismo que le impedía poder sentarse de manera normal. En otra de estas polémicas ocasiones usó el famoso vestido con que Marilyn Monroe le cantó Happy Birthday al presidente JFK, situación que generaría polémica por la manera en la que fue dañado por Kardashian, quien para poder usarlo bajó de peso drásticamente apenas unas semanas antes de participar en la MET Gala. Tres ejemplos de cómo usó una plataforma para emitir un mensaje en el que deja claro que el cuidado de su cuerpo no es una prioridad si se trata de escandalizar.

A Kim le gusta presumir al mundo la clase de sacrificios que puede llevar a cabo con tal de ser titular. No aplaudida, mero titular. Porque ella sabe que gran parte de su negocio es caer mal y lo hace todo el tiempo. Kardashian sabe caer mal y lo monetiza muy bien. El tema aquí es la manera en que tal mensaje se decodifica.

Quien escribe esto ha sido siempre un fanático de la moda, me parece que es una expresión artística que nos permite hacer de nuestro cuerpo un puente y un conducto. Sin embargo, los últimos años han sido una gran lección de lo que la moda puede convertir en una auténtica pesadilla. No son nuevos los estudios que hablan sobre la manera en la que el canon de belleza puede generar reacciones y efectos negativos, sesgos y por supuesto, fomentar conductas nocivas.

Pensar en alguien como Kim Kardashian, generando un statement de este tipo, en la que se considera una noche altamente viral, merece que volvamos a preguntarnos qué tanto hemos aprendido. No se trata de cancelar a Kim Kardashian, no se trata tampoco de dar una calificación positiva, o siquiera pensar que todo esto tiene que ver con calificaciones. Se trata de entender que ver a un personaje de esa talla intentando ser de otra talla, valga aquí un juego de palabras, supone una serie de posibilidades no benéficas para quienes no tengan todo el constructo necesario para poder digerir lo que significa. Kim Kardashian se somete ante una pieza de indumentaria para reducir su cintura: no hay que ser doctor para asegurar que algo así no es del todo benéfico para su salud. Lo hace además como una nueva entrega de un proceso que lleva años siendo documentado. Kim Kardashian monetiza la auto tortura.

Es cierto que de Kim Kardashian no se espera un Pulitzer, un Nobel o una obra maestra del arte. Aún así, como producto que hemos consumido y creado en esta era de la posverdad es alarmante por las implicaciones que tiene: ¿es lo que somos o un reflejo lo que soñamos? Justamente ahí cabe de nuevo la pregunta sobre qué tanto hemos cambiado.

En la semana en la que esto sucede también han circulado noticias sobre una reina de belleza en Argentina que compite con 60 años de edad. Las preguntas surgen y las respuestas están por venir. En México la noticia sobre el nombramiento de la modelo y comunicadora Marta Cristiana como nueva directora de Miss Universo, en su capítulo regional, también nos permite preguntar: ¿qué tanto podemos hacer de la belleza una conversación que sume?

Luego de años de amistad e incluso tener la oportunidad de trabajar directamente con Martha Cristiana, me permito esperar que lo que viene en Miss Universo sea una oportunidad de crear cuestionamientos abiertos, claros y libres de edulcorantes sobre lo que entendemos como belleza en un país como el nuestro.  Me queda todavía más claro que el camino va a ser uno por demás interesante y nutritivo en la medida que como sociedad también estemos dispuestos a abonar a una conversación frontal. Cristiana ha hecho de su carrera un ejemplo de ruptura con las normas: nunca una cara que solo sonríe y es bonita, siempre la impronta y la pregunta por delante. De eso, de eso tiene que nutrirse un proyecto como éste. Porque a nuestro país le urge hablar de la belleza en tiempos agrestes como los que vivimos pero, sobre todo, hacerlo desde un lugar honesto y propositivo.

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