La responsabilidad de los liderazgos
Perístasis

Jefe de la División de Educación Continua de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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La responsabilidad de los liderazgos
Actualmente, vivimos la reedición de esa lucha entre dos candidatos que además de ser claros antagonistas y de vivir cada uno diversos escándalos relacionados con su entorno o derivados de su conducta misma, es un cara a cara entre dos hombres ya entrados en la tercera edad: Trump y Biden. Foto: EFE/Will Lanzoni

A pocas semanas de que se celebren las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el presidente Joe Biden sigue inmerso en la que, posiblemente, sea la mayor encrucijada de su vida: insistir o no en ser el abanderado demócrata que busque salir victorioso en una batalla electoral en la que el rival más fuerte es el expresidente Donald Trump.

Desde la pasada contienda entre ambos candidatos y de la que resultó vencedor el presidente Biden, Trump tomó como una de las banderas en contra del demócrata la supuesta debilidad y deterioro cognitivo del primero. No obstante, Biden se convirtió en el presidente de Estados Unidos hace 4 años, a pesar de las resistencias de Trump y de buena parte de sus seguidores, en una elección marcada por la polarización y diversos intentos de fraude que, hasta el día de hoy, han traído consecuencias legales al entonces candidato republicano.

Actualmente, vivimos la reedición de esa lucha entre dos candidatos que además de ser claros antagonistas y de vivir cada uno diversos escándalos relacionados con su entorno o derivados de su conducta misma, es un cara a cara entre dos hombres ya entrados en la tercera edad (lo que desde el principio puede plantear diversas reflexiones relacionadas con la carencia de liderazgos políticos jóvenes que logren llevar a buen puerto al gobierno de un país tan importante como lo es el de dicha nación norteamericana), y en donde en el más reciente de sus debates Biden generó serias preocupaciones alrededor del mundo por confirmar, al parecer con su rendimiento, lo señalado por Trump: el notable deterioro cognitivo que sufre.

Luego de haberse celebrado dicho debate, las reacciones no se hicieron esperar y además de plantear la inquietud evidente que esto generó, diversas personas comenzaron a expresar la necesidad de que Joe Biden abandonara la contienda y diera paso a una persona que en primer lugar pudiera ganar una elección que marcará buena parte del futuro de la democracia estadounidense y, ante un eventual triunfo, fuera capaz de desempeñar satisfactoriamente el que sin duda es el cargo más importante que puede ocupar una persona en todo el mundo.

Si bien debe ser muy difícil para cualquier persona aceptar un declive tan claro en sus facultades, lo cierto es que ejercer cargos de tan alta responsabilidad debe ser realizado por personas plenamente aptas desde muchos aspectos, siendo el físico y el psicológico algunos de los más importantes. He aquí la razón por la cual diversas personas con liderazgo político, donantes o simpatizantes han instado al presidente Biden a tomar la decisión de hacerse a un lado lo más pronto posible en aras de que otra persona abandere la candidatura demócrata y tenga posibilidades de vencer a Donald Trump el próximo mes de noviembre.

Sin duda, el debate sobre la salud de quienes ocupan, por ejemplo, las jefaturas de Estado es uno que va y viene y del que en el mundo no nos hemos ocupado con la debida seriedad, lo cual cíclicamente trae diversas interrogantes allá en los lugares en los que se presenta sin contar con respuestas claras, o al menos sin contar con que éstas se encuentren escritas en alguna norma.

Por otra parte, la falta de nuevos liderazgos, no solo en Estados Unidos sino en el mundo, debe comenzar a preocuparnos pues el dilema que hoy se plantea al votante estadounidense entre optar por dos candidatos tan cuestionados por razones tan diversas como graves, debe hacernos cuestionar no solo las razones por las que estas personas son tan renuentes a abandonar el poder sino qué ha hecho a las juventudes tan renuentes a ocuparlo.

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