El agregado sentimental
Fase comparativa
El agregado sentimental
Foto de lalo Hernandez en Unsplash.

El deseo de tener un compañero de vida, ¿es universal o sólo una necesidad creada por las normas sociales? O ¿será, quizá, que nuestro poquito amor propio nos hace buscar a alguien que nos los complete? Lo cual, de entrada, supone que no nos consideramos un entero y requerimos que otra persona venga a darnos lo que nos falta.

A mí me parece que bien nos haría dejar de pensar en alguien como un complemento. Renombremos: adjunto, auxiliar o agregado. Un otro que a su vez —ojalá— sea completo. 

Y antes de pasar a desmenuzar si todos los que dicen querer pareja —nomás porque no la tienen— realmente la desean, me gustaría cuestionar si los que cuentan con una, pudieran andar prefiriendo cambiarle las reglas del juego a su relación pues ya no les acomodan las formas tradicionales y conservadoras. ¿Por qué a todos nos va a acomodar encontrar todo en una misma persona? Que tal la posibilidad de compartir con una ciertas capacidades y valores, y con otra, algunas maravillas distintas. Y ¿qué tal que esas personas distintas formen juntos los “auxiliares” que una necesita?

Y bueno, no olvidemos que, además, somos algo en construcción. ¿Qué tan válido es cambiar de opinión, giro o preferencias dependiendo de la etapa de vida que estés transitando? ¿Cuánto se puede lastimar al hacerlo? ¿Qué justificaría el dolor causado a el o los “agregados”?

Si nos referimos al sentido tradicional y socialmente aceptado del concepto “pareja”, tengo que decir que yo he vivido mucho tiempo sin una y aclarar, que de continuo, he contado con algún bonito “adjunto”. Unos más formales que otros, unos locales, otros de lejos, sin que me faltara el que me asegura la excomunión que he aceptado gustosa, porque, ¡claro que la valió!

Las relaciones emocionales que he tenido, enriquecieron la etapa de vida en la sucedieron. Fueron y son consecuencia de mi libertad, son el privilegio que me he respetado para decidir mi lugar al permitirme espacio y coraje para ser: la cónyuge celosa, la amante que se esconde, la que se despidió porque gozaba más cuando se quedaba sola, o la madre que hasta nuevo aviso sólo se dedicaría a su pequeña familia. He gozado plenamente ser cada una de esas mujeres, porque me habitan todas.

En esta etapa, que espero sea la mitad de mi vida, sé que deseo un espacio para mí, que pueda ser compartido y se mantenga bien compartimentado. Deben caber con holgura mis incipientes rasgos de vejez, mis cicatrices físicas y las emocionales. Mis miedos podrán ser expuestos y llevarse bien con las ganas de comerme el mundo que sigo sin agotar. El adjunto puede venir en cualquiera de los paquetes de presentación, siempre que acepte lo anterior y le corra un poco de sangre latina (para la chispa y el humor), se acerque a la creatividad nórdica en mezcla con la mente alemana para la ejecución. Por favor, que tenga alguito de la caballerosidad inglesa y gusto europeo para lo cultural. Por aquello de la gentileza, bondad y generosidad, estamos OK con el concepto universal. Dije antes que me seguía queriendo comer el mundo…

De cualquier modo, para la generalidad de las mujeres, supongo que el ideal de hombre será el que cumple con la extensión de esa palabra: no se siente amenazado porque una tenga o manifieste su opinión y se alegra genuinamente de nuestro éxito. Pienso en D. Emhoff, que cuenta con los tamaños para caminar unos pasos detrás de Kamala, con orgullo, con ese porte que sólo da la seguridad. No hay muchos así, casi todos traen agenda. Pretender ser un caballero, pero de vez en cuando ningunear a la mujer para inflar su ego, es misoginia.

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Después de 14 años en Alemania y siendo el padre de mis hijos alemán, si me esfuerzo, puedo llegar a entender un poco a su generación. Crecieron y fueron educados por hijos de la guerra, por niños que vivieron el miedo de no saber si sus padres regresarían del campo de batalla, ni si al día siguiente habría comida en la mesa. Su modelo de mujer fueron madres viviendo en soledad y desempeñando todos los posibles roles en una familia, en condiciones de extrema angustia. Con suerte, vieron regresar a sus padres del infierno y constataron cómo, en agradecimiento al relevo, sus madres se desvivían por atenderlos. Eran héroes que habían servido y pagado la cuota. Con ello se sentaba la base de los valores de género.

Valía más lo que peligraba o escaseaba, y aquí peligraron muchísimo los hombres, el sustento y la certeza de las mujeres para saber que ellas también fueron heroínas de esa trama.

Estos niños que durante su infancia lidearon con temas de expulsión, ocultos, llenos de miedo y en silencio, son los padres de nuestras parejas, los abuelos de nuestros hijos. Su ejemplo, modos y costumbres permearon formando una generación que hoy busca recibir el mismo cuidado del que fueron objeto sus progenitores. ¿Válido?

Son los hombres que, además, se forman en un sistema de educación público complejo y muy demandante; de exigencias académicas muy altas, que dejan poco margen para contextos de aprendizaje divertido o espontáneo. A los ocho años comienza la presión para desempeñarse de forma destacada en la escuela y de prepararse para la evaluación a la que serán sometidos durante varios meses y que determinará el rumbo de su futuro profesional. El camino lo recorren bajo la mano dura e inflexible de maestras, mujeres en un 90 %. Quizá desde ahí inicia un apetito por la vendetta y la necesidad de mostrarse superiores.

En México, ¿cuál es la explicación para nuestros “machos”? Muchos se sienten con derecho a que los esperen en la entrada de casa con las pantuflas listas, para sólo deslizarse dentro de ellas (y no hablo sólo de las pantuflas), ¿de dónde aprendimos las mexicanas a asentir sin cuestionar, a aguantar y a callar?

La información que nos da “la primera cita” es muy reveladora. Él debe ser galante, cortés, hacerte sentir atesorada y por supuesto, debe pagar la cena. ¡Qué poco sexy cuando no lo hace! Pero pretender que eso te coloca en un puesto inferior, desde el cual puedes luego ser manipulada, es equivocado. ¡Qué divertida es una noche de coqueteos!  Una que permite mostrar ese yo que nos deja ser y disfrutar. Pero el gusto porque así sea debe de venir de ambas partes. Los dos se arreglan, son complacientes e intentan cautivar al otro. Nadie lleva control. Ser genuinos es la clave para hacer de esa noche el inicio de una secuencia. ¿Porqué en México no nos enseñan a mostrarnos más como somos, en vez de cómo se supone que debemos ser? Eso es sexy.

Me avengo por completo con el movimiento feminista que por más de cien años ha buscado la equidad de sexos, pero considero prudente una escisión. Soy fiel partidaria del sufragio femenino, el derecho al aborto, las luchas contra el racismo, la violencia, y por supuesto, la defensa en la remuneración equitativa, pero mantengo en otro lado los conceptos que dan valor a la mujer en la sociedad y en el hogar. El feminismo que elimina por completo los roles tradicionales de la mujer en la familia, no es lo mío. Una ejecutiva presidiendo una reunión de alto nivel, no es más poderosa que una que decide quedarse en casa para ejercer las múltiples labores que esto conlleva.  Yo misma he ocupado los dos lugares. Tener senos no me estorbó para los cargos de dirección, y tampoco me hizo falta un par de cojones.

Me desconciertan las incongruencias que veo a mi alrededor. La brecha de género enorme en el ambiente profesional y la propia familia. Mujeres con puestos igual de demandantes que los hombres, quienes, al llegar a casa, se sobreentiende son las responsables de las labores domésticas y el cuidado de los hijos. Tengo un real conflicto con eso. Que tareas como las de cuidado, atención, escucha, etc. se nos dan a la mayoría de las mujeres con más naturalidad, y que a mi me guste pensar que nos salen mejor, no significa que lo tengamos que hacer solas o llevemos en la crianza la mayor responsabilidad. Y pongámoslo en la mesa, a veces somos nosotras mismas quienes fomentamos esos desbalances que no dan cabida a la formación conjunta de los hijos ni al ejemplo de que promueva en ellos mejores modelos masculinos y femeninos.

El equilibrio de roles, no debe ser visto como un enfrentamiento contra los hombres. Hacerlo desde esa posición es en buena medida, replicar lo que se combate y negarnos todos, la oportunidad de que el hombre se integre al balance social que buscamos.

Me turba la situación de México. El machismo predomina arrojando estadísticas que muestran a la mujer mexicana en jornadas laborales que a la semana suman 6 horas más que los hombres, eso sin sumarle las labores domésticas que cubren al terminar de trabajar, lo que triplica el número.

Indiscutible que, en el entorno laboral, la mujer ofrece valores difíciles de encontrar en el género opuesto. Somos las reinas del multitasking combinando tareas físicas y mentales, con enfoques muy diferentes y porqué no decirlo, talentosos, al mismo tiempo que administramos un hogar y cuidamos de una familia. Somos incansables y capaces de recuperarnos en periodos de tiempo cortos. ¡Cuánto más aportaríamos a la productividad de nuestro país, si contáramos con las mismas oportunidades que los hombres!

Espero que el movimiento feminista progrese, fomentando un ambiente de géneros complementarios y no en rivalidad. Que no se convierta en un argumento para que las nuevas generaciones rechacen unirse en matrimonio por miedo a perder “lo más por lo menos”. Que avance, sin olvidar nunca que la diversidad es riqueza y que las diferencias naturales de los géneros son la fuerza de la creatividad. Bienvenida la pareja, en cualquiera de sus diferentes empaques, siempre que sea con franco respeto a las honestas diferencias.

Gracias Eliza, Ally, Xenia, Julie, Patrizia y Ursula por todas esas pláticas que me inspiraron a escribir sobre nosotras y nuestros conflictos internos, más cuando sabiéndonos tan fuertes y capaces como cualquier hombre, y desempeñándonos en un mundo que lo subestima, hemos logrado reposicionar nuestra feminidad.