La pandemia es un golpe para la salud mental, y eso significa más menores desaparecidos
'Uno de cada cinco menores entrevistados para su regreso a un hogar por la organización benéfica Missing People reveló información sobre problemas de salud mental'. Foto: Simon Dack Archive/Alamy

Para Leo*, los primeros años de vida no fueron sencillos. Su madre era muy dependiente a las drogas, al igual que otros miembros de su familia. Hubo periodos de negligencia, y fue acogido por las autoridades locales cuando todavía era un niño muy pequeño. Ahora, a los 16 años, Leo vive en un alojamiento semi-independiente. Pero sus dificultades no han desaparecido. Con frecuencia se siente solo y no deseado. En varias ocasiones recientes, Leo ha sido objeto de una denuncia por desaparición. Cuando los trabajadores sociales lo visitan tras su regreso, la conversación gira repetidamente en torno a sus problemas de salud mental. Simplemente se siente decaído la mayor parte del tiempo.

La historia de Leo no es la única, como tampoco lo es la crisis de las personas desaparecidas en el Reino Unido: cada año se denuncia la desaparición de 170 mil personas, es decir, a un ritmo de una persona cada 90 segundos. Más de 70 mil son menores y la mayoría, como Leo, aparecen y desaparecen repetidamente, tal vez viviendo en hogares de asistencia o inestables.

Aunque casi nunca es posible determinar una sola causa que conduzca a una desaparición, la mala salud mental suele ser un factor que contribuye de forma significativa. Uno de cada cinco menores entrevistados tras su regreso por la organización benéfica Missing People reveló información sobre problemas de salud mental.

Esto ya era una realidad mucho antes de la pandemia. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos 18 meses simplemente aceleraron las tendencias existentes. En un informe publicado por la empresa social y benéfica Catch-22, se expone explícitamente el vínculo entre la salud mental de los menores y los episodios de desaparición. Sus propios datos demuestran que la salud mental fue un factor en un tercio de todos los incidentes de desaparición de menores denunciados entre abril de 2020 y abril de 2021. Las cifras más elevadas se registraron entre octubre y diciembre de 2020, en plena época de confinamiento y cierre de escuelas. Pero incluso después del fin de las restricciones, los índices se han mantenido alarmantemente elevados.

Cuando una persona regresa después de haber desaparecido, existe una oportunidad muy valiosa para comprender algunas de las causas que condujeron a su desaparición en primer lugar. Y la mayoría de las personas desaparecidas, ya sean adultos o menores, regresan. Las estadísticas más recientes indican que el 90% de los menores desaparecidos regresan en un plazo de 48 horas. La normativa de Inglaterra y Gales ahora establece que a cada uno de estos menores que regresan se les debe ofrecer una “entrevista de regreso al hogar” independiente (conocida como conversaciones de regreso en Escocia). En principio, deben ofrecer la posibilidad de una intervención, realizada por un organismo no policial de confianza, como Catch-22 o Missing People.

La historia de Leo es una de muchas. Por ejemplo, la de Alice*, de 15 años. Su relación con sus padres ya era conflictiva, y el confinamiento agravó la situación. Rápidamente, Alice se aisló y le resultó difícil la educación a distancia. Debido a que vivía con varias enfermedades neurodivergentes, se sintió enormemente presionada a ocultar sus problemas de salud mental a su familia. Incluso después de la relajación de las restricciones, las discusiones persistieron, sobre todo en torno a las tareas escolares y a ver a sus amigos. Incapaz de afrontar la situación en casa, Alice ha desaparecido en varias ocasiones y ha comenzado a autolesionarse.

Es evidente que algo está profundamente dañado, en un año en el que un número récord de menores y adolescentes han sido remitidos a los servicios de salud mental en Inglaterra. Entre 2020 y 2021, los datos del Servicio Nacional de Salud muestran que se realizaron 527 mil 339 remisiones en total, un 33% más que en 2019. El panorama más general del Reino Unido es igual de preocupante. A principios de diciembre, se reveló que casi 2,000 jóvenes en Escocia llevaban más de un año esperando una cita con los servicios de salud mental para menores y adolescentes, un aumento del 106% desde 2020.

Las estadísticas difícilmente representan la vida de jóvenes cada vez más vulnerables como Leo y Alice. Para un psiquiatra infantil consultor de Liverpool que habló recientemente con la BBC, la constante gravedad de las autolesiones es la peor que jamás habían visto. En momentos de grave angustia, aumentan las probabilidades de que desaparezcan. La mayoría de los jóvenes desaparecidos pueden regresar “sanos y salvos”, pero hay muchos que no lo hacen. Uno de cada siete de aquellos que completaron las entrevistas de regreso al hogar con Missing People fueron explotados sexualmente.

Raramente, las crisis surgen completamente desarrolladas de la noche a la mañana. Suelen desarrollarse a lo largo de los años. Los recortes a los servicios de salud mental infantil no son nada nuevo, incluso si los efectos de la pandemia han llevado las cosas a un punto de erupción imposible de ignorar. Por eso, una de las principales recomendaciones de Catch-22 implica el acceso oportuno a la ayuda profesional. Después de todo, cotejar datos rigurosos de las personas que regresan es una cosa; convertirlos en acción es otra muy distinta.

Nuestra sociedad se encuentra desgarrada por profundas desigualdades, y el mundo de las personas desaparecidas no es diferente. Para los menores que viven con mala salud mental, en la pobreza o que entran y salen del sistema de atención social, el riesgo de desaparición aumenta considerablemente. Estas cuestiones no son académicas: lo que está en juego no podría ser mayor. Este verano se produjo un hecho inédito en la historia de los servicios de desaparición de Catch-22. Se denunció la desaparición de un menor con importantes problemas de salud mental y posteriormente se descubrió que se quitó la vida. Solo tenía 14 años.

Francisco García es un escritor y periodista residente en Londres.

*Se cambiaron los nombres.

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