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En el Black Friday, una coalición global quiere llamar a Amazon a cuentas

La empresa de Jeff Bezos ha amasado enormes ganancias, pero a un gran costo para los empleados y el planeta. #MakeAmazonPay dice: ya basta.

Foto: AFP/Getty Images. Daniel Leal-Olivas

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Casper Gelderblom*

Black Friday está aquí de nuevo y las ofertas abundan. Con los confinamientos que previenen multitudes en las tiendas tradicionales, se espera que las ventas en línea exploten. Un vendedor en particular podría tener enormes ganancias: Jeff Bezos, el director general de Amazon, quien es el hombre más rico del mundo y lidera a una de las empresas más poderosas del planeta.

Pero esta edición del Black Friday no sólo es una oportunidad para que las ganancias de Bezos sean extraordinarias por la pandemia. También marca la llegada de un nuevo movimiento global que une a los trabajadoras de los almacenes, defensores ambientales y activistas por loa justicia racial, fiscal y de datos en el mundo. La misión en común es hacer que Amazon pague: #MakeAmazonPay.

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El movimiento arrancó en los propios almacenes de Amazon. Mientras la fortuna de Bezos se ha incrementado en más de 70 mil millones de dólares desde el inicio de la pandemia, los trabajadores de Amazon ponen su salud en riesgo todos los días con una alza marginal de sus salarios. Se dice que la corporación monitores a sus trabajadores en los almacenes, los penaliza cuando cae su productividad y espía sus esfuerzos para formar sindicatos. Los resultados: acusaciones de que los empleados se han visto forzados a orinar en botellas por la falta de descansos adecuados (Amazon ha rechazado esas acusaciones); miles de contagios de Covid, y reclamos de protecciones inadecuadas. Bezos podría pagar a cada uno de sus empleados un bono de 105 mil dólares y seguir siendo tan obscenamente rico como cuando inició la pandemia.

El impacto de las prácticas de explotación de Amazon se sienten en todo el planeta. A pesar de los compromisos filantrópicos de Bezos en torno a causas climáticas, la huella de carbón de la empresa sigue creciendo: hasta 15% entre 2018 y 2019, por poner un ejemplo. Actualmente, las emisiones de carbono de Amazon son más grandes que las de dos tercios de todos los países del mundo. Dado el rápido crecimiento de sus redes de embarco (y el crecimiento exponencial de su negocio de cómputo en la nube, que representa casi un tercio del mercado global), esta huella seguro continuará creciendo. A pesar de una fuerte campaña de relaciones públicas en que proclama su liderazgo climático, Amazon no ha trazado un camino claro hacia la descarbonización. Al contrario, de acuerdo con Greenpeace, sus compromisos climáticos se han visto rebasados por sus actividades.

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En resumen, la deuda de Amazon es enorme. Desde inversiones públicas en nuestra infraestructura de redes a los subsidios de los contribuyentes por parte de nuestros gobiernos, el éxito de Amazon se basa en el trabajo y en la riqueza de las sociedades de donde lo extrae. Pero en lugar de compensar a la sociedad, Amazon quita ingresos fiscales a las entidades, intimada a los gobiernos locales, exprime a las pequeña empresas y falta el respeto, de manera flagrante, a los datos y los derechos a la privacidad de las personas. La declaración fiscal lo dice todo: a pesar de tener ingresos por 960 mil millones de dólares durante la década anterior, la empresa pagó apenas 3.4 mil millones de dólares en impuestos. Es decir, Bezos gastó más en su mansión de Beverly Hills (165 mdd) que lo que Amazon pagó en impuestos federales en EU (162 mdd).

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Este Black Friday señala un nuevo rumbo. Al unir las luchas sindicales y las causas de los ambientalistas y los defensores públicos, una coalición global se manifiesta con un conjunto de Demandas Comunes y un día mundial de acciones. Está clavando una multitud de pequeños clavos en el tallo del enorme árbol del emporio de Amazon.

Por hoy, los trabajadores en toda la cadena de abastecimiento de Amazon (liderada por entidades como UNI Global Union, Amazon Workers International, PSI, IndustriALL, la coalición Athena, y la Confederación Internacional de Sindicalistas) exigen justicia a la corporación que funciona gracias a sus energías. Desde productores en Bangladesh a trabajadores de tecnología de Seattle, del centro de llamadas de Amazon en Filipinas a sus almacenes en toda Europa, este movimiento global pretende que Amazon pague lo justo a sus empleados, que respete su derecho a organizarse y que se permita el poder de los trabajadores.

Grupos de ambientalistas se unen a esa llamada: desde Empleados de Amazon por la Justicia Climática a Greenpeace, 350.org, Les Amis de la Terre y otros. Estos grupos unen fuerzas para exigir que Amazon termine sus tratos con las grandes petroleras, que cumpla su promesa de una pronta descarbonización, y que pague por la destrucción ambiental que ha provocado en el sur global.

Al remarcar la profunda deuda de Amazon con la sociedad, grupos como Tax Justice Network, Oxfam y Data 4 Black Lives están resueltos a que Amazon pague por los abusos a nuestras instituciones públicas. Esta coalición de defensores de la justicia social exige un final inmediato a las violaciones de Amazon a los derechos civiles y de la privacidad de las personas por medio de la vigilancia masiva y la colaboración con las fuerzas policiales que han sido acusadas de violencia racial.

Este Black Friday, por lo tanto, la acción es una advertencia y una invitación.

Al juntarse todos, la coalición advierte a Amazon: los días de impunidad están contados. Por medio de huelgas, boicots y acciones solidarias, las personas están listas para combatir las malas prácticas de Amazon y defender los derecho de los trabajadores, los ciudadanos y las comunidades en la línea de lucha y que cargan con los daños ambientales.

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Sin embargo, estas acciones son apenas el principio: son una invitación para que la gente en todo el mundo se sume al Movimiento para que Amazon Pague. Dado que el día siguiente al Black Friday no será diferente al día previo, la lucha deberá continuar. Para triunfar, será necesario que cada uno de nosotros la respalde.

*El autor es coordinador de Progressive International y un investigador doctoral del Instituto Universitario Europeo.

Traducido por Leonor Guerrero

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