Guerra cárnica: ¿por qué Biden quiere romper la poderosa industria estadounidense de la carne de res?
La pandemia dejó al descubierto la vulnerabilidad de los trabajadores de la industria de la carne, señalan activistas. Foto: Angus Mordant/Bloomberg /Getty

Tanto el planeta como la política estadounidense se han calentado a la par en las últimas décadas, pero pocos sectores se han cocido en la controversia como la industria estadounidense de la carne de res. Cuatro empacadoras súper poderosas controlan más del 80% del mercado de carne de res de Estados Unidos, una extraordinaria concentración de mercado que no le agrada al gobierno de Joe Biden.

Una reciente iniciativa ejecutiva firmada por el presidente estadounidense tiene como objetivo incrementar la competencia en el sector de la carne de res. La Casa Blanca destaca que, en los últimos cinco años, “la participación de los ganaderos en el precio de las ventas de carne de res ha disminuido en más de una cuarta parte, del 51.5% al 37.3%, mientras que el precio ha aumentado”.

Pero, ¿cómo pudieron las cuatro grandes empacadoras acaparar gran parte de la capacidad de procesamiento de carne de res de Estados Unidos? Las ayudaron.

Cuando se explica la historia sobre la consolidación de la industria del empacado de la carne de res de Estados Unidos, es común iniciar en la era de la novela de Upton Sinclair de 1906 The Jungle. Como consecuencia de la grotesca revelación de Sinclair sobre la industria en esa época, el Congreso aprobó la Ley de Alimentos y Medicamentos Puros y la Ley Federal de Inspección de Carne, con el objetivo de limpiar el suministro de carne para la salud del consumidor y desafiar el poder casi ilimitado de estos participantes.

Josh Specht, un historiador ambiental y de negocios, ofrece otra interpretación de este punto de partida. “Estas leyes aceptaron el estado de la industria empacadora de carne a partir de 1906”, escribe en su libro Red Meat Republic. “Dejó de cuestionarse la gran industria empacadora de carne para ser regulada“.

Una tercera ley, aprobada en 1921, la Ley de Empacadores y Corrales, tenía el objetivo principal de romper la integración vertical de las grandes empresas al obligarlas a vender sus intereses en negocios que poseían, por ejemplo, ferrocarriles o camiones refrigerados.

Estas fueron buenas medidas para controlar el poder de las grandes empacadoras, menciona Specht, aunque los movimientos de los trabajadores de las décadas de 1940 y 50 fueron igual de importantes. Pero eventualmente la industria retomaría el viejo libro de jugadas de cómo obtener ganancias exorbitantes a través de una escala inmensa y explotación laboral, y en la actualidad, las cuatro procesadoras de carne más grandes de la época de Sinclair todavía existen de alguna forma.

Cuatro empacadoras de carne controlan más del 80% del mercado estadounidense de la carne de res. Foto: Ken Hawkins/Alamy

Las cuatro grandes de hoy, Tyson, JBS USA, Cargill y National Beef son más que las herederas del legado del procesamiento de la carne de Estados Unidos. También son gigantes multinacionales, dos de las cuales pertenecen en su mayoría a empresas brasileñas. De hecho, en 2020, muchas empresas empacadoras fueron criticadas por la cantidad de carne que exportaban en un momento en que se limitó el procesamiento debido a los brotes de Covid-19 en las plantas, provocando el aumento de los precios y generando escasez en los supermercados que afectó a los consumidores estadounidenses.

Sin embargo, las cuatro grandes actuales no se convirtieron en gigantes de la noche a la mañana. A mediados de la década de 1970, controlaban tan solo el 20% del mercado del empacado de la carne. ¿Qué cambió? La respuesta, en parte, se encuentra más allá del sector del empacado de la carne, abarca a los productores de maíz y los supermercados.

No es casualidad que la década de 1970 marcara el resurgimiento de una industria basada en el empacado de la carne. A principios y mediados de la década de los 70 fue un periodo de crecimiento exponencial y de gran demanda de productos agrícolas, durante el cual los agricultores de todo el país obtuvieron algunos de los ingresos relativos más elevados que se hayan visto en la agricultura estadounidense, antes o después.

Durante este tiempo, los agricultores y ganaderos con dinero en efectivo disponible y con acceso a financiamiento barato buscaron invertir en sus negocios agrícolas que mejorarían el flujo de efectivo. Particularmente en las Grandes Llanuras, los corrales de engorda de ganado eran la mejor opción, pues requerían cantidades relativamente pequeñas de tierra. Estos años fueron testigos de un auge en el número y el tamaño de los corrales de engorda, junto con los avances en antibióticos, alimentos y tecnologías genéticas de ganado.

A finales de los años 70 y principios de los 80, las condiciones del mercado condujeron a un dramático exceso de oferta de grano, y aunque muchos agricultores sufrieron pérdidas históricas, los que invirtieron en corrales de engorda pudieron comprar alimentos baratos para engordar el ganado en sus nuevas o ampliadas instalaciones de alimentación animal confinada. Estas instalaciones de tipo industrial cumplieron con su objetivo: ayudaron a sus propietarios a evitar el riesgo de la producción de cultivos estacionales y dependientes de las condiciones meteorológicas.

En 1979, la engorda del ganado con cereales representaba una cuarta parte de la producción total de la carne de res de Estados Unidos, pero ese número se ha disparado en los últimos 40 años a más del 60% en la actualidad.

Los corrales de engorda que tuvieron mayor éxito solían localizarse en las Grandes Llanuras, desde Dakota hasta Texas, ubicados en un buen sitio entre la abundancia de granos forrajeros del medio oeste y el suministro de ganado para engorda de la zona montañosa del oeste (el ganado joven pesa entre 226 y 272 kilogramos, que se lleva al peso de mercado en un corral de engorda).

Las granjas de ganado se han vuelto más grandes e intensivas desde la década de 1970. Foto: George Steinmetz/The Guardian

Las empresas empacadoras de carne siguieron a estos corrales de engorda, que también avanzaron hacia la consolidación, aunque no tan dramáticamente como los empacadores. Hoy, menos del 5% de los corrales de engorda controlan el 80% del mercado de ganado de engorda, que en su mayoría se ubican solo en cinco estados.

A medida que disminuía el número de proveedores de ganado con los que tenía que trabajar un determinado empacador de carne, también disminuía el número de compradores de carne, y su tamaño promedio aumentó.

En los años 90, ya había comenzado la consolidación en el sector de abarrotes de Estados Unidos, puesto que los 20 principales minoristas de alimentos en el país vendían casi el 40% de todos los comestibles del sector minorista. Para el año 2019, los cuatro principales minoristas de alimentos acaparaban ese mismo 40% de las ventas, de acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, mientras que en las áreas metropolitanas, su participación fue de más del 70%. Los cuatro grandes del sector abarrotero, Walmart, Target, Albertsons y Kroger, son capaces de ejercer una sorprendente cantidad de poder sobre sus proveedores, incluso sobre las cuatro grandes empacadoras de carne.

“Es lo que llamamos el poder de la orden de compra”, señala Errol Schweizer, exvicepresidente de comestibles de Whole Foods, quien ahora es asesor de la industria. “Los compradores minoristas tienen una gran influencia en la cadena de suministro en cuanto a su capacidad para enviar una orden de compra o retenerla“.

El poder de la orden de compra es significativo, ya que los contratos con los minoristas más grandes son extremadamente competitivos y lucrativos. Los empacadores de carne más grandes y centralizados suelen ser capaces de ofrecer los precios más bajos para abastecer a los minoristas con grandes y confiables cantidades diarias de cortes de carne conocidos, y mientras menos proveedores de carne tenga una cadena de supermercados, más bajos serán sus costos de operación. De este modo, a medida que un número cada vez menor de cadenas de supermercados controla más y más el mercado, acuden a los menos y más grandes empacadores de carne, afianzando aún más un sistema de megajugadores en todo el sistema de la carne de res.

Pero la influencia que conlleva ser un mega comprador tiene sus límites, como se ha podido comprobar con el continuo incremento de los precios de la carne de res. Estos aumentos son el resultado de la reducción de la actividad de empacado de carne relacionada con el Covid-19, causada principalmente por los brotes en las plantas de empacado que provocaron que miles de trabajadores se enfermaran y cientos murieran. Los empacadores transfirieron los aumentos de los precios a sus clientes minoristas, quienes a su vez los transfirieron a los consumidores.

El megagrupo de corrales de engorda, empacadoras y minoristas podría estar mostrando signos de debilitamiento. En 2020, Walmart dio un pequeño paso para hacerse cargo de una parte de su propio procesamiento de carne al abrir una nueva instalación en Georgia para producir cortes de carne “listos para el consumo”, al igual que la apertura en 2019 de una planta avícola en Nebraska por parte de Costco. Esto parece ser una señal de que los grandes minoristas están buscando recuperar una parte del margen de los empacadores de carne, aunque actualmente en una escala muy pequeña.

Pase lo que pase, muchos creen que es fundamental reducir el poder consolidado de estos grandes participantes, no solo para mantener los precios bajos para el consumidor y para los ganaderos en el negocio, sino también para proteger la seguridad alimentaria estadounidense. La pandemia no es el único evento que revela cuán frágil es el actual sistema consolidado: el reciente ciberataque a JBS, que le costó a la compañía un rescate de 11 millones de dólares, detuvo una quinta parte de la capacidad de procesamiento de carne de Estados Unidos durante algunos días, y sus efectos se sintieron en la cadena de suministro.

Los defensores sostienen que si uno de los objetivos de reducir la consolidación es mejorar la protección de los trabajadores, en particular de los trabajadores vulnerables del sector del empacado de carne que se enfermaron y murieron por Covid-19 en índices muy superiores a los del promedio, la presión debe ejercerse sobre todo el sistema alimentario, no solo sobre las empresas empacadoras de carne.

“Ningún minorista de comestibles dijo: ‘Oye, esto no está bien'”, comenta Schweizer sobre los compradores de carne al por menor cuando surgieron las noticias de enfermedades y muertes relacionadas con las plantas. En cambio, dice, los minoristas dan prioridad a tener carne en reserva pase lo que pase, ya que es un importante factor de lealtad de los clientes para las tiendas de comestibles. Sin embargo, estuvo en su poder retener o reducir las compras para presionar a los empacadores de carne a mejorar las condiciones y proteger a sus trabajadores”.

A medida que continúan desarrollándose los cambios en el sistema alimentario provocados por la pandemia, los expertos observarán con atención cómo el gobierno de Biden intentará afrontar la consolidación en el sector del empacado de la carne. Austin Frerick, experto en competencia y antimonopolio que vive en Yale, siente optimismo de que pronto se tomarán algunas medidas significativas, pero menciona que lo que ha presenciado hasta ahora no rompe con la tendencia histórica.

“La situación durante los últimos 40 años”, señala Frerick sobre los esfuerzos políticos para romper las grandes empacadoras de carne, “ha sido palabras vacías. Es una cuestión de valentía política.