Desde niña gozó tener 2 idiomas, dice la presidenta mapuche de la constituyente de Chile
Foto: Facebook / Elisa Loncon-Constituyente Mapuche

Elisa Loncon es la presidenta de la Convención Constitucional de Chile. El 4 de julio, 96 de los 155 encargados de convertir a Chile en un estado plurinacional tomaron la decisión inédita e histórica de elegir a una mujer mapuche que los representara

Loncon tiene 58 años. Proviene de la comunidad mapuche Lefweluan que significa “lugar donde corren los guanacos”, en la región Araucanía, al centro de Chila. Ha dedicado su vida académica —y parte de la política— a las lenguas. Habla mapudungun, su lengua materna, español e inglés. Estudió en los Países Bajos, en Canadá y en México. “Siempre tuve la inquietud por la palabra porque creo que en la lengua habita el alma de un pueblo”, dice en su sitio web.

Para conmemorar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, La-Lista habló con la líder constitucionalista de Chile. Ella es de las mujeres indígenas del continente americano que hoy ponen rostro a la reivindicación y lucha por sus derechos de los pueblos nativos

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La-Lista (L-L): ¿Recuerdas el momento en el que fuiste elegida presidenta de la Convención Constituyente?

Elisa Loncon (EL): En ese momento uno comprende que hubo un acierto de las naciones originarias y, sobre todo, de la mapuche. Una semana o dos antes, circulaba una voz en redes sociales que decía que la constituyente podría ser dirigida por una mujer que fuera indígena, por el tema de la paridad y la plurinacionalidad. Ahí fue cuando decidimos y yo acepté poner mi nombre. El día de la elección todavía era incierto (quién ganaría la elección a la presidencia), como todas las candidaturas. Además porque los escaños para indígenas eran 17, y los del norte, estaban disgustados con nosotros porque no les consultamos nuestra candidatura. 

L-L: ¿Qué busca el estado plurinacional: coexistencia o convivencia de naciones?

EL: Eso es lo que tenemos que determinar. Por lo pronto, proponemos que se reconozcan a todas las naciones preexistentes al Estado y de sus derechos colectivos, como el del territorio. El pueblo mapuche nunca renunció al suyo sino que fue ocupado militarmente por el Estado de Chile. Y ahí, hay un problema de fondo, porque esas tierras ahora están en manos de latifundios y empresas forestales.

Por otro lado, está el derecho a la autodeterminación, que nosotros determinemos el futuro de la nación mapuche. Hoy no somos parte de la toma de decisión, recibimos políticas centralizadas desde el sistema de senadores, diputados y el poder ejecutivo chileno.

L-L: ¿Qué cambió para el pueblo mapuche con el paso de una dictadura a una democracia?

EL: No mucho, en términos de derechos colectivos. Hubo cambios, como una ley indígena pero definida por el poder ejecutivo chileno. Simplemente identificó que existen derechos para los indígenas pero la toma de decisión seguía en manos —y sigue en manos— del Estado de Chile. Entonces lo que hubo fue políticas que mantuvieron el control del Estado sobre los derechos indígenas y el poder de decidir.

L-L: ¿En qué momento fuiste consciente de que eras indígena y de lo que esto significaba?

EL: Toda la vida. La primera lección que me dio mi familia antes de ir a la escuela fue: tienes que defenderte cuando te llamen “india” y decir que no eres india, que eres mapuche, porque India es otro país. Aquí ese concepto es peyorativo, es racista, y los mapuches siempre han defendido su condición e identidad.

L-L: En tu paso por México, ¿qué diferencias viste entre los pueblos indígenas de aquí y los de Chile?

EL: Yo llegué en el 2001. Trabajé en la Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe hasta el 2005 y veía con mucha esperanza el proceso de incorporación de las naciones originarias en la política estatal mexicana. Ahora veo con mucha preocupación cómo están siendo vulnerados los derechos de los pueblos indígenas, por la persecución a los que defienden el agua, la naturaleza y por el Tren Maya. Nos informamos acá de la situación de lo indígenas respecto de este tema.

L-L: En un Estado plurinacional, ¿cómo se gestionaría un proyecto así?

EL: Las comunidades, por el ejercicio de su derecho a la autodeterminación, planifican su desarrollo. Si deciden que es importante una conexión, lo deciden ellos. Siento que en México aun cuando existe política estatal, por ejemplo en Oaxaca, donde hay una alta concentración de pueblos indígenas y de sistemas propios operando, aún falta mucho para que ejerzan su autonomía. En Chile todavía falta más

Foto: Elisa Loncon / Twitter.

L-L: ¿Qué es el kvme mogen?

EL: Significa “buen vivir”. Es un principio de vida instalado en los pueblos indígenas, también en México, que entienden que ese buen vivir implica un equilibro de las relaciones y convivencia de las personas, hombres y mujeres, todas, todes, incluyendo diversidades sexuales, también presentes en las comunidades, con la naturaleza. No se puede construir a espaldas de la naturaleza, si detienes los cauces de los ríos, si los desvías, hay que haber relación de equilibrio. Y si se va a intervenir algo, hay que considerar la vida de la naturaleza y se pide permiso a la Tierra, porque se considera como un ente vivo y también con derechos. 

L-L: El machismo también está presente en los pueblos originarios, ¿cómo se entiende con esta filosofía?

EL: ¡Y no aporta al kvme mogen! Cuando hablo con mis hermanos hombres les digo que si son mapuches, por kvme mogen no podrían vulnerar los derechos de las mujeres. En todos los pueblos hay relatos cosmogónicos de cómo se creó el mundo. En ese relato primigenio, se instala el kvme mogen: primero llega la mujer a la Tierra, después el hombre. Ambos, se deben cuidados mutuos y tienen que cuidar la naturaleza.

L-L: Entonces, ¿en qué momento el machismo se acaba apoderando de sus culturas?

EL: El machismo se instaló en la sociedad dominante y nosotros podemos tener principios lindos de vida, pero no somos inmunes a los sistema de opresión. El machismo llegó como sistema de opresión. Acá se instaló en los sistemas agrarios. Entonces, los mapuches e indígenas lo aprendimos en la escuela, en las instituciones. Pero cuando existe en la memoria viva, cuando existe esta forma de educación propia, uno vuelve a las relaciones propias y ve que hay normas que impiden que el machismo exista. Acá identificamos lo femenino y lo masculino en la naturaleza: hay vientos femeninos, árboles femeninos, y están vinculados a nosotros.

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L-L: ¿Tuviste algún impedimento en tu familia para, como mujer, poder estudiar?

EL: Mi papá nunca fue a la escuela, fue su tristeza. Tampoco fue cristianizado, y tal vez nunca fue a una institución colonial. No lo formó. Tal vez si hubiera ido, hubiera sido tan patriarcal y hubiera limitado nuestra formación académica. Él nunca nos puso límites. Dijo que todos, hombres y mujeres, íbamos a hacer lo que quisiéramos de la vida. Mi mamá fue a la escuela y entre los dos, mantuvieron esta decisión: aquí las mujeres tienen que educarse. 

L-L: ¿Por qué te apasiona la lengua?

EL: Desde mi infancia, viví el sentido y el gozo de tener dos lenguas. Siempre fue motivo de juego, de representaciones, armábamos el mundo en las dos lenguas, éramos los más felices teniéndolas. Cuando fui a la escuela ya sabía español, entonces, no tuve el maltrato del profesor. Tuve maltratos, sí, después, en la escuela de la ciudad y en la enseñanza media. Me puse el código de que tenía que hablar español.

Recuperé (la lengua propia) cuando fui a la universidad porque había hablantes. Ahí recuperé la alegría de tener esa lengua, volví a reír, a cantar, íbamos al teatro en lengua indígena. Y después estudié inglés. No tuve prejuicios frente a las lenguas, creo que es la mejor manera de ser libre. Por eso, yo promuevo la educación intercultural bilingüe y el plurilingüismo.

L-L: En 50 años, cuando revisen la constitución que están redactando, ¿qué quieres que piensen los chilenos?

EL: ¡Esto mismo! La valoración de la diversidad lingüística, cultural, de pueblos y que recordarán que una vez, el pueblo de Chile se juntó para hacer cambios constitucionales para establecer los derechos de todas, todes y de la Madre Tierra.