Opinión

Sábado 15 de agosto de 2026

El fantasy de la NFL, que congrega más de 60 millones de personas en todo el mundo, tiene algo profundamente humano. Nos permite apropiarnos de aquello que amamos.
Durante un mes aceptamos creer que noventa minutos pueden cambiar el rumbo de un país.

PUBLICIDAD

El resultado de la semifinal del Mundial confirmó que este jueguito es tan accesible para practicarlo en cualquier rincón.
Messi no necesita que nadie escriba su leyenda. La escribió él. Ocho Balones de Oro, un Mundial, dos Copas América y una carrera que difícilmente volveremos a ver.
Un gol en un Mundial pertenece a esa segunda categoría. No basta con celebrarlo. Hay que mirarse, abrazarse, gritarlo con alguien más, aunque ese alguien haya sido un desconocido apenas unos segundos antes.
Manuel Escribano, desde Sevilla; Luis David Adame y Leo Valadez, desde Aguascalientes; seis toros de Rancho Seco y una fecha que no es cualquiera, pues hablamos de una corrida para conmemorar quinientos años de tauromaquia en México.

PUBLICIDAD

Nueva York esperó cincuenta y tres años para volver a ser campeón de la NBA.
La Copa del Mundo es una gesta en la que la FIFA, la de Infantino por supuesto, hace participar a un friego de equipos, pero son pocos y los mismos de siempre los que aspiran a beber ese cadiz.
El Estadio Olímpico Universitario; un coloso que guarda la memoria de un tiempo pasado, con sus muros agrietados y su concreto añejo.
La Major League Baseball es su vitrina más visible y la Serie Mundial su ritual más reconocible.
El deporte creció. Y en ese crecimiento, eligió a quién incluir (palabrita de moda estos días). Pero la distancia no termina en las gradas.
“Me atrae lo efímero. Me gustan las obras de arte que reflejan un cambio constante”, Rafael Lozano-Hemmer

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

El debate sobre el registro de líneas móviles se ha reducido a una narrativa estrecha, donde distintos actores con intereses políticos y económicos intentan imponer su propia agenda.
“No hay arte sin transformación”, Robert Bresson
Desde noviembre del año pasado, cuando se nombró Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX, el danzón no había tomado un foco tan mediático.
Lo que estamos viendo hoy es, en realidad, el regreso de lo más viejo: la lógica del poder duro: aranceles, ejércitos y bloques geopolíticos.

PUBLICIDAD