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Género

El clítoris, dolor y Papanicolau: Cómo un libro ayudó a redefinir la salud de la mujer

Se publicó por primera vez hace 50 años. Este clásico feminista altamente influyente contó verdades de los cuerpos de las mujeres que el establishment chauvinista médico mantenía a la sombra.

Pasado de madre a hija… La portada de 1971 de Our Bodies, Ourselves (centro), más la edición de 2011 y las versiones en Uganda y Francia. Compuesto: Cortesía de OBOS

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En 1969, Wendy Sanford estaba recién casada, vivía en Cambridge, Massachusetts, con su esposo y su hijo recién nacido. Un par de años antes, se había graduado con honores de la prestigioso Radcliffe College, y el camino ante ella estaba claro: domesticidad, decoración del hogar, cenas. Tuvo algunos problemas con esta nueva vida. “Mi esposo estaba decepcionado porque yo no estaba feliz”, recuerda Sanford. “Lloraba mucho. Estaba viviendo en medio de  una depresión postparto, y no tenía palabras para expresarlo”.

Sanford habló con su doctor, quien sugirió que buscara refugio en criar a la nueva generación y en apoyar a su marido. También le recetó un diafragma. Ella le preguntó que cuándo debía usarlo, y el doctor le recetó el mantra que recitaba a todas sus pacientes: cena, trastes y diafragma. “Así era entonces”, dice Sanford. “Y era un hombre muy amable, pero era la encarnación del sistema médico sexista. No tenía idea de que me estaba empujando a los brazos del feminismo”.

Cuando su hijo cumplió nueve meses y Sanford se sentía peor que nunca, una amiga la invitó a una reunión de salud de mujeres del MIT. “Tienes que unirte a este grupo”, le dijo su amiga, “porque estamos aprendiendo sobre nuestros cuerpos”. A regañadientes, Sanford aceptó.

La reunión no era lo que esperaba. “Entré a este lugar lleno de mujeres”, recuerda, “y alguien al frente hablaba de clítoris, orgasmo y masturbación, y yo me moría de pena. Sólo me senté en el piso y puse mucha atención. Eran cosas que nunca había escuchado a nadie decir en voz alta”.

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En algún momento, recuerda Sanford, la conferencista presentó un retrato de tamaño real de una mujer con las piernas abiertas, para mostrar la ubicación del clítoris, y para explicar que contrariamente al pensamiento freudiano, es el principal órgano de placer sexual de las mujeres. “¿Quién ya sabía de esto?” preguntó al grupo, que en su mayor parte parecía no entender nada. “Ese es mi punto”, les dijo. “Deberíamos saber esto. Son nuestros cuerpos”.

Sanford se convirtió en una de las autoras fundadoras de Our Bodies, Ourselves, un libro sobre salud de las mujeres y sexualidad que sería revolucionario. Vendió más de 4 millones de copias en todo el mundo y se tradujo a 33 idiomas, y se considera uno de los libros más influyentes del siglo 20. En sus nueve ediciones, habló sobre salud sexual, orientación sexual, menstruación, maternidad, menopausia, depresión postparto, aborto, todavía ilegal en muchas partes de EU en las primeras ediciones del libro, violencia y abuso, identidad de género, control natal y deseo.

Wendy Sanford (extremo izquierdo) y los otros miembros fundadores de Our Bodies Ourselves, c 1975. Fotografía: Phyllis Ewen / Cortesía de OBOS

Los orígenes del libro son de unos meses antes de que Sanford se uniera a las reuniones del MIT. En la primavera de ese año, el movimiento de las mujeres cobró fuerza. Una conferencia sobre liberación femenina se llevó a cabo en el Emmanuel College. Se hicieron dos demostraciones de taekwondo, conferencias con temas como mujer e iglesia y ¿Cómo las mujeres se aplastan a sí mismas? Y el domingo en la mañana, un taller llamado Las mujeres y su cuerpo, que realizó Nancy Miriam Hawley.

Al final del taller, las asistentes no querían irse, y la discusión continuó afuera. Durante los meses que siguieron, formaron un grupo que recibió el nombre de Boston Women ‘s Health Book Collective, para discutir sus cuerpos, sus vidas, su sexualidad y sus relaciones. El siguiente año, publicaron un libro bajo el título del nombre original del taller.

En 1971, cambiaron el título del libro a Our Bodies,Ourselves, para reflejar el hecho de que las mujeres asumen la propiedad de su cuerpo. Con un precio de 30 centavos de dólar, vendió 225 mil copias sin ningún tipo de publicidad, y su éxito atrajo la atención de Simon & Schuster, que publicaría la primera edición comercial en 1973.

Junto con Sanford había otras 11 mujeres: Ruth Bell Alexander, Pamela Berger, Joan Ditzion, Vilunya Diskin, Paula Doress-Worters, Hawley, que fue la encargada del taller, Elizabeth MacMahon-Herrera, Judy Norsigian, Jane Pincus, Ester Rome, Norma Swenson y Sally Whelan. Cada una escogió un tema para investigar y escribir. Ninguno de los autores estaba entrenado médicamente, aunque se consultó con autoridades médicas confiables. Junto con la información, se incluyeron ilustraciones gráficas extraordinarias en historias en primera persona de mujeres. Su tono era informal y cálido, como la voz de una amiga en la que se confía y que sabe. Pronto se ganó la fama de ser un libro que tenía que pasar de madres a hijas.

Lo radical de Our Bodies, Ourselves, no sólo eran  los temas que tocaba sino el hecho de que estaba escrito por mujeres para mujeres. Al hacer eso, se estaba enfrentando  al poder y al papel de una profesión médica en su mayoría ejercida por hombres. “Como mujeres estamos redefiniendo la competencia”, expresó la edición de 1970. “Un doctor que se comporta como macho chauvinista no es competente, aunque tenga habilidades médicas. Decidimos que la salud no puede ser definida por un grupo elitista de hombres blancos de clase media alta. Tenemos que definirla nosotros”.

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Es un hecho el que la profesión médica trate de forma diferente a las mujeres: los científicos, los investigadores y los doctores son en su mayoría hombres, y las pruebas clínicas se realizan en hombres o en células masculinas. Los libros de texto médicos sugieren que los cuerpos de las mujeres son inferiores a los de los hombres, incluso Aristóteles se refiere al cuerpo femenino como a un cuerpo masculino mutilado. Esto ha tenido grandes implicaciones para el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades.

Incluso ahora, las discusiones en torno a la salud de la mujer se esconden en términos morales, en implicaciones de histeria y en sugerencias de que los cuerpos de las mujeres son principalmente máquinas de reproducción. Estas ideas se exploran a profundidad en los libros Pain and Prejudice de Gabrielle Jackson, Everyday Sexism, de Laura Bates, y de Caroline Criado Pérez, Invisible Women: Exposing Data Bias in a World Designed for Men.

Más de 50 años después del llamado de Our Bodies, Ourselves a redefinir la salud, una reciente investigación de The Guardian sobre mujeres y dolor, encontró que una mujer tiene dos veces o más probabilidades de recibir analgésicos opiáceos sin que se investigue adecuadamente la causa de su dolor. Esto es resultado de una investigación que ordenó el gobierno de Reino Unido que concluyó que la arrogancia de la cultura médica ha provocado complicaciones serias y que asuntos que van de la malla pélvica a las pruebas hormonales de embarazo se desdeñan por ser “problemas de mujeres”.

Esta primavera, el gobierno de Reino Unido organizó una revisión para entender la experiencia de las mujeres con el sistema de salud, con la idea de crear la primera estrategia de salud de las mujeres. Comenzará, dicen, “poniendo las voces de las mujeres al centro de su salud y su cuidado”.

Durante las últimas cinco décadas, Our Bodies, Ourselves no ha dejado de ser motivo de controversia. A principios de la década de los 80, despertó la ira de la abogada conservadora Phyllis Schlafly y el televangelista Jerry Falwell, del movimiento cristiano Moral Majority, declaró al libro “basura obscena”. En sí mismo, esto tal vez sólo hizo que el libro llamara más la atención y durante un tiempo fue el libro más robado de las bibliotecas de EU.

Otras críticas eran más válidas, y señalaban que las integrantes del grupo medular eran blancas, con cuerpos capaces y bien educadas. Las ediciones subsecuentes, además de la expansión del equipo editorial, la junta de directores, las fundaciones sin fines de lucro y miembros del equipo trataron de ser más inclusivas.

Cuando se habla con las fundadoras en la actualidad, lo que marca la conversación es la expansividad y la capacidad de cambio. Swenson, por ejemplo, que habla de que al ser la de mayor edad del grupo en 1969, se vio obligada a confrontar muchas de las creencias que ella tenía y que se consideraban anticuadas y tuvo que estudiar feminismo contemporáneo. O Judy Norsigian, quien habla del trabajo pionero  en educación perimenopáusica. O Sanford, quien habla de la felicidad de su segundo matrimonio, con una mujer.

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Mientras Our Bodies, Ourselves se empezó a leer en todo el mundo, se tomó la decisión determinante de ser adaptado, más que traducido, para poder incluir los problemas y las especificidades de las diferentes culturas. Entre las adaptaciones está la edición de Uganda de 2017, editada por Diana Namumbejja Abwoye, de 35 años, enfermera familiar y miembro de la junta de directores de Our Bodies, Ourselves.

Diana Namumbejja Abwoye con un grupo de mujeres en Uganda, discutiendo Nuestros cuerpos, nosotras mismas. Fotografía: Cortesía de Diana Namumbejja Abwoye

Namumbejja Abwoye salió de EU como estudiante en 2007, y estuvo participando con el grupo después de una terrible experiencia de papanicolau. En Uganda, el enfoque es curativo más que preventivo, y las pruebas de papanicolaou no son comunes y Namubejja Abwoye no entendía lo que le estaban haciendo. “Sentí que me violaron”, recuerda.

Habló sobre su experiencia con una colega, Ruth Hubbard, asesora de Our Bodies, Ourselves, quien la animó a participar en el simposio anual número 40 de Our Bodies, Ourselves. Al igual que  Sanford  40 años antes, Namumbejja Abwoye sólo pudo sentarse a escuchar. “Todas estas mujeres consumadas hablando de estas cosas”, recuerda. “Temas que eran tabú en el lugar de donde provengo”.

Cuando le dieron una copia de la edición de 2011, Namumbejja Abwoye leyó el libro con un marcador en la mano. “Sabía que era algo que quería compartir”, dice. “El regalo del conocimiento que quisieras pasar a las mujeres y a las niñas que crees que lo necesitan”. Empezó a juntar dinero para financiar una traducción al luganda, el idioma más hablado en Uganda.

Hubo algunos retos: el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo todavía son ilegales en Uganda, y Namumbejja Abwoye tuvo que encontrar la forma de hablar sobre esos temas pero de forma encubierta. “En mi generación, teníamos algunas palabras en código que inventamos para hablar de cosas que eran tabú, para asegurarnos de que la gente del sexo opuesto y los mayores no supieran de lo que hablábamos”, dijo. “Así es que profundicé en ese lenguaje para hablar sobre algunos aspectos en el libro”.

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También estaba consciente de que en un país en donde muchas familias batallan para encontrar la forma de vivir con menos de 50 centavos de dólar al día, ella necesitaría encontrar la forma de distribuir copias gratis a las comunidades. Se volvió para en un trabajo vital: “Después de haber crecido en una cultura en la que los doctores o los proveedores de salud son como reyes, siento que si conoces tu propio cuerpo, y qué esperar de un doctor, entonces  tienes una herramienta para abogar por ti misma”, dice.

También cambió la experiencia de Namumbejja Abwoye  con la medicina de EU. “Mis interacciones con los proveedores de salud fueron totalmente diferentes al leer este libro, porque yo tenía el conocimiento básico sobre qué esperar”, dice. “Te da fuerza. Me gustaría que fuera posible para todas las mujeres: construir una colaboración con su proveedor de salud”.

También ha cambiado la forma de trabajar como enfermera. “Apoyo la medicina que se basa en evidencias, pero hay cosas que no pueden superar las experiencias que se cuentan en este libro”, me dice. “Siento que el conocimiento es poder. Para mi, como proveedora de salud, pero también para mi como paciente”.

Y, en un nivel más personal, ella siente que el libro cambió la percepción que tiene de ella misma y que le hizo cuestionar la educación que tiene como esposa abnegada y madre. “Cambió la forma en que me relaciono con mi propio cuerpo”, dice. “Cambió la forma en cómo me percibo como mujer, y mi rol en este mundo como mujer”.

Desde 2011, ya no se hicieron nuevas ediciones impresas de Our Bodies, Ourselves. Pero su trabajo vive en línea, cortesía de la Universidad de Suffolk, y sigue adaptándose a nuevas audiencias, este año, por ejemplo, se hará una nueva adaptación en Brasil.

La influencia del grupo sigue creciendo en todos lados. En 2014 se publicó Trans Bodies, Trans Selves, la segunda edición se publicará este año. Su editora, la doctora Laura Erickson Schroth, de 39 años, fue criada en Brooklyn por una madre que participaba en el movimiento de mujeres y que tenía una copia de Our Bodies, Ourselves en casa”. Se trataba de uno de los recordatorios de que nuestra casa era un lugar en donde podía ser yo misma”, dice Erickson Schroth, “lo que sea que fuese”.

Trans Bodies, Trans Selves “fue el resultado de que varias cosas confluyeron”, dice. “Dos de mis amigos del college eran trans, y en la escuela de medicina yo empezaba a estudiar la salud trans. Parecía que no había relación entre estas dos áreas de mi vida”. Ella vio que sus amigos tuvieron problemas para encontrar la información médica que necesitaban, y los doctores que veía no tenían mucho conocimiento sobre las vidas de los trans. “Sentí algo parecido a cuando se publicó Our Bodies, Ourselves”, dice. “Había una comunidad de expertos en sí mismos, pero no tenían una forma coherente de comunicar información entre ellos”.

Erickson Schroth contactó a Our Bodies, Ourselves y recibió una invitación para conocer a Norsigian y a Sandford en Boston. “Me pidieron que diera una clase con ellas”, dice. “Terminaron escribiendo el epílogo para Trans Bodies, Trans Selves, que era una forma maravillosa de cerrar el libro. Para mi, se trata de un símbolo de que entienden que nuestras vidas están interrelacionadas y que estamos luchando por lo mismo desde diferentes ángulos”.

“Gracias a Trans Bodies, Trans Selves y todos las personas transgénero que han estado escribiendo y enseñando durante los últimos años, nosotros, un grupo de mujeres cis, ahora sabemos que no podemos decir  ‘el cuerpo de una mujer’ y hablar de una sola cosa”, dice Sanford en el epílogo. “El cuerpo de una persona puede tener pene y testículos, y ser el cuerpo de una mujer. El cuerpo de otra persona puede tener senos o clítoris, y ser el cuerpo de un hombre. El punto revolucionario es que podemos nombrar nuestra identidad de género y esperar con todo derecho, respeto y reconocimiento. ‘Our bodies, ourselves’ crece diariamente en cuanto a significado”.

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En la actualidad, aunque el grupo existe como una organización de voluntarias, las fundadoras de Our Bodies, Ourselves se mantienen activas haciendo campañas para la salud de las mujeres y la justicia social. Se reúnen con frecuencia, hablan con más frecuencia, y tienen una relación que describen como algo más que amistad. Son una familia, una hermandad, y juntas se han ayudado  a pasar por divorcios, muertes, demencia, éxitos, nacimientos, matrimonios, cambio de género, y se han enfrentado a desacuerdos, disputas y divisiones.

Pero lo que las mantiene unidas, lo que las mueve, es lo que Sandford describe como “hacer crecer esta emoción, este aprendizaje, este trabajo crucial para el cambio”. Aunque tal vez  sea buena idea sugerir que somos un grupo de mujeres ordinarias. “Espero que no nos idealicen “, agrega. “El idealismo hace que otras mujeres sientan que no están a la altura.

The Guardian
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