Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora 
Foto: Beatriz Gaspar / La-Lista

Observar insectos en un microscopio de juguete, hacer mezclas con cremas y champús, anotar en una libreta los inventos que harían en el futuro y preguntar hasta dónde llega el infinito son algunas de las cosas que comparten mujeres mexicanas dedicadas a las carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. 

Su curiosidad y empeño las ha llevado a ocupar lugares en el ámbito científico, uno de los de mayor brecha de género. Solo 3 de cada 10 profesionistas de estas áreas de conocimiento son mujeres, según información reportada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). 

El salario de estas profesiones se encuentran por arriba del promedio (12 mil 380 pesos al mes) con 13 mil 336 pesos mensuales y las mujeres se enfrentan a una brecha, ya que: por cada 100 pesos que gana un hombre en estas carreras, llamadas STEM (por sus siglas en inglés), una mujer gana 82, a diferencia de 78 que gana en otras áreas.

La-Lista entrevistó a cinco mujeres dedicadas a estas áreas profesionales para que contaran sobre su experiencia, qué les motivó a estudiar ciencia, los retos a los que se han enfrentado y cómo le han hecho frente. 

‘Los resultados son la mejor evidencia de que sí se puede’: Marisela Rodríguez Salvador

Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora  - Marisela
Marisela Rodríguez Salvador, doctora en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Politécnica de Cataluña.
Foto: Beatriz Gaspar/ La-Lista

Cuando era niña, Marisela Rodríguez Salvador anotaba en una pequeña libreta todo lo que podía inventar en el futuro. Años más tarde se involucró en la ciencia “para resolver problemas de la sociedad”, dice la ingeniera Industrial en Alimentos por la Universidad Autónoma Metropolitana.

En gran parte fue gracias a sus padres. “A ellos les debo toda la formación”.

“Como mujer tenemos más barreras no solo en México, sino en general. A nivel internacional uno de los retos es que como latinoamericano, hay que ganar reconocimiento”, afirma la doctora en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Politécnica de Cataluña, y actual profesora titular de la Escuela de Ingeniería y Ciencias.

Uno de los comentarios que la marcaron mientras estudiaba su posgrado en España fue cuando un profesor dijo que los latinoamericanos no se titulaban. “Yo pensé: bueno, pero yo estoy aquí por el doctorado y no me voy a ir sin titularme”. 

Hoy Rodríguez es la única latinoamericana ponente en la 3rd International Conference on Progress in Additive Manufacturing, organizada por Universidad Tecnológica de Singapur, y fundadora de la línea de investigación Inteligencia Competitiva y Tecnológica para la Innovación en el Tec de Monterrey.

Rodríguez recuerda que cuando comenzó a trabajar percibía un rechazo por ser mujer y ser joven. “No me creían, ves en el ambiente laboral que hay personas más reconocidas por ser hombres. Ahora el país está avanzando, pero aún falta mucho por hacer”, asegura.

Para Rodríguez sus mejores armas han sido el trabajo con pasión y disciplina. Dice que “los resultados son la mejor evidencia de que sí se puede”. Y asegura que la mejor forma de eliminar esta brecha es logrando que más niñas estudien carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Esto permitirá construir un mundo mejor y resolver los grandes problemas de la humanidad.

“Nosotras estamos aquí para apoyarlas, no tengan miedo. Solo necesitan confiar en ellas mismas”, asegura.


‘Quien más ha boicoteado su carrera soy yo’: Viridiana Tejada Ortigoza

Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora  - mujeres-stem-tec-de-monterrey-2
Viridiana Tejada Ortigoza, doctora en Biotecnología por el Tec de Monterrey.
Foto: Beatriz Gaspar/ La-Lista

Viridiana Tejada Ortigoza pasó unos años de su infancia en el laboratorio mientras sus padres estudiaban el posgrado. “Me gustaba estar mezclando cosas, cremas, champús y se los daba de comer a todo el mundo, era una niña muy inquieta”, narra la doctora en Biotecnología por el Tec de Monterrey.

Cuando tenía unos 5 años le regalaron un microscopio de juguete donde le gustaba ver insectos, tierra, polvo… “Todo lo que podía, fue un regalo que me marcó”, dice.

Como hija de padres dedicados a la ciencia, entre sus juguetes tenía un zoológico de animales, microscopios, juegos de química, carritos… “Todo menos bebés”, recuerda.

Fue hasta la preparatoria cuando se dio cuenta que le gustaba la ciencia y que tenía facilidad para las matemáticas. “Mis papás me lo pasaron en los genes”, asegura.

u papá fue una influencia grande para que estudiara ingeniería en Industrias Alimentarias, pues él trabajaba en la empresa Nestlé.

“Me veía haciéndolos (los alimentos), pero más en investigación. No me gusta cocinar porque lo veo diferente. Estar en un laboratorio mezclando cosas es algo que me apasiona, cuando estoy ahí el tiempo vuela, es pasión, no me pesa salir tarde o llegar muy temprano”, dice.

La actual profesora investigadora en el Tec de Monterrey, campus Querétaro, reconoce que hay micromachismos y sesgos en el ámbito de la ciencia. Sin embargo, dice que quien más ha boicoteado su carrera ha sido ella misma cuando le falta confianza o se enfrenta al síndrome de la impostora

“(Cuando digo) no creo que pueda ganar un premio o que sea capaz de obtener esa beca. Yo me freno, pero he tenido a personas que me han jalado para saber que sí puedo. A veces debemos escucharlo de otros. Es una falta de confianza en uno mismo que se va dando independientemente de los logros”, relata.

Se ha percatado que la falta de confianza está más presente en las mujeres. “Estamos acostumbradas a ver a hombres triunfar y no a mujeres, por eso creo que es importante tener modelos a seguir y aferrarnos, pero en general, nos hace falta confianza”, dice. 

“Por decisiones personales terminamos fugándonos, muchas mujeres no tienen apoyo para continuar con su carrera por querer tener una familia;  necesitamos igualdad en todo y en el salario, en el esfuerzo que hacemos”, comenta.

Considera que las niñas y adolescentes son curiosas y capaces, pero deben empezar por las temáticas de los juguetes y los juegos y enseñarles que ellas pueden hacer todo. “El problema no es atraerlas, es retenerlas”.


‘A veces queremos justificar estar en donde estamos’: Andrea Guevara Morales

Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora  - Andrea-guevara
Andrea Guevara Morales, maestra y doctora en el Departamento de Ingeniería Mecánica del Imperial College London.
Foto: Beatriz Gaspar / La-Lista.

El olor a grasa me trae recuerdos bonitos. Es como cuando uno pasa por la panadería y huele el pan recién horneado. Para mí el olor a grasa y a fierro viejo es nostalgia”, rememora Andrea Guevara Morales, maestra y doctora en el Departamento de Ingeniería Mecánica del Imperial College London.

Estudiar ingeniería en Mecatrónica era algo que ya venía en sus genes, dice. Porque cuando era pequeña, los fines de semana jugaba junto con sus primos en el patio de sus abuelos, quienes tenían una refaccionaria y deshuesaban (desmantelaban) vehículos pesados. 

De 18 nietos, solo dos estudiaron ingeniería, ella y su hermano menor. “Me di cuenta que me gustaba la enseñanza, la academia y la investigación, ahí comencé a dedicarme a la ciencia”, dice.

Hoy Guevara es profesora investigadora en la Escuela de Ingeniería y Ciencias dentro del Departamento de Mecánica y Materiales Avanzados, campus Estado de México, y líder del Grupo de Enfoque Estratégico en Nanomateriales. Se considera una mujer afortunada pese a que llegar hasta donde está haya sido un reto económico.

“Mis padres siempre apostaron a que la herencia que iban a dejar a sus cuatro hijos era la educación, pero había crisis económicas y era complicado. Siempre decían que no eran nuestros problemas, sino estudiar”, dice. 

Ha notado que el número de mujeres en las carreras de ingeniería va creciendo, pero reconoce que “sería fascinante tener más” y que las habilidades de hombres y mujeres se complementan de alguna manera.

“Hilary Clinton decía que las mujeres son la reserva de talento más grande del mundo que no ha sido explotada. Somos el 50% de la población, las áreas de ingeniería son herramientas para que la sociedad avance y resuelva problemas, estamos dejando fuera una parte de la población que tiene un enfoque para la solución de estos”, dice.

Subraya que no basta con tener modelos a seguir, sino que el entorno que rodea a las niñas y adolescentes (padres, abuelos, madres, tías) las motiven, tener un cambio en la sociedad en general y una carrera exitosa


‘Las mujeres debemos aspirar a lo máximo’: Andrea Gómez-Maqueo

Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora  - Andrea
Andrea Gómez-Maqueo, doctora en Ciencias de la Alimentación, por la Universidad Autónoma de Madrid.
Foto: Beatriz Gaspar / La-Lista.

Cuando Andrea Gómez-Maqueo era niña le gustaba la ciencia gracias al programa “El autobús mágico”, disfrutaba de leer, en especial los libros de Harry Potter y El señor de los anillos, así como la biología, las matemáticas y dibujar.

“En una de esas exposiciones en donde tú escoges el tema, la gente hablaba del amor en familia o la eutanasia, y yo escogía los agujeros negros”, recuerda entre risas. Pero jamás pasó por su mente dedicarse a la ciencia.

En la preparatoria tras un estudio de vocación profesional, resultó apta para las ciencias. “Estaba sorprendida, pero hoy no tengo duda que ese resultado era el que debía haber tenido”, dice la doctora en Ciencias de la Alimentación, por la Universidad Autónoma de Madrid.

Fue gracias a su papá, profesor de ingeniería química durante 20 años en el Tec de Monterrey, que eligió su carrera porque le contó sobre la carrera de industrias alimentarias.

Gómez-Maqueo actualmente trabaja en el estudio y diseño de alimentos para contribuir a la lucha contra la alta incidencia de diabetes tipo 2 en Asia, pero balancear su vida personal con el trabajo ha sido el mayor reto como mujer.

“La investigación requiere mucha dedicación y he pasado mucho tiempo en el extranjero”, dice. 

Ha visto en primera persona la brecha salarial entre hombres y mujeres. “No merecemos ni un centavo menos”, apunta. 

Además, las posiciones altas casi siempre se ven a hombres, mientras que las mujeres “nos quedamos en el camino por la carga de la familia y la casa. Ese es un reto al que me enfrentaré”.

A la doctora le entristece que en el pasado solo se ha reconocido a los hombres. “Solo son ellos los de los grandes descubrimientos y ahora me da gusto que las mujeres somos parte de esa narrativa y no solo en la sombra”.


‘El síndrome del impostor nos afecta más a las mujeres’: Marion Emilie Brunck

Mujeres en la ciencia: entre la pasión y el síndrome de la impostora  - Marion
Marion Emilie Brunck, doctora en Inmunología y Biología de Sistemas, por la Universidad de Queensland, en Australia, le hacía a sus padres.
Foto: Beatriz Gaspar / La-Lista.

¿A dónde llega el infinito? ¿Por qué es la noche? ¿Por qué las hojas cambian de color? eran preguntas que le hacía a sus padres Marion Emilie Brunck, hoy doctora en Inmunología y Biología de Sistemas, por la Universidad de Queensland, en Australia.

“Siempre me llamó la atención el mundo que me rodeaba, entender el por qué las cosas cambian, buscaba respuestas a las cosas, me costaba mucho cuando preguntaba algo a mis padres y me decían: eso nadie lo sabe, eso no lo sabemos”, recuerda la hoy profesora investigadora en el Centro de Biotecnología del Tec de Monterrey.

“En mi familia no hay ningún científico, siempre piqué piedra, pero con el mayor apoyo de ellos”, dice Brunck, quien quería encontrar sus propias respuestas. Esta inquietud se acentuó más cuando entró a la universidad para estudiar biología celular.

A su madre le diagnosticaron cáncer y notó que los tratamientos como la quimioterapia se debilitaban cada vez más. Esto la ha motivado a adentrarse en investigación para mejorar los tratamientos y evitar que sean tan agresivos con los cuerpos.

“Es en lo que trabajo, pero aún hay cuellos de botella, (los pacientes) ya tienen suficiente para sufrir efectos secundarios”, dice.

Para Brunck no solo las niñas y adolescentes deben voltear a ver a la ciencia, todos deberíamos de hacerlo. “En cuanto a las niñas tenemos un inequidad de género lo que hace que perdamos una perspectiva”, dice. 

Para ella, uno de los retos ha sido vencer las creencias que la han limitado. “El síndrome del impostor nos afecta más a las mujeres, varias de las colegas lo platicamos y las alumnas también. A nosotras nos cae la carga de ser cuidadoras de los papás, hijos o del esposo, naturalmente nos quita tiempo, esfuerzo mental desde lo que vamos a comer”, comenta. 

La investigadora también se ha enfrentado durante su trayectoria a situaciones cotidianas de violencia de género: 

“Cuando somos dos investigadores mujer y hombre, la persona que nos pregunta sobre el tema se dirige al hombre y no a la mujer; en un panel o juntas escuchar que digan que ‘qué bueno estar aquí porque todas están muy bonitas’; al científico le llaman doctor y a la mujer miss o por su nombre”, dice. “Nosotras damos un paso atrás para ya no esperar la pregunta hacia nosotras.”

Asegura que su estrategia para hacerle frente a estas situaciones es acercarse al estoicismo, no sobreanalizar la situación y no tomar las cosas personalmente.

“Mi rol es poner mis acciones donde están mis palabras, cuidar a las jóvenes, dar el ejemplo, esto puede dar poco a poco la forma en la que la sociedad ve a las mujeres en las áreas STEM”.