Las vacaciones de López Gatell
FrancoTirador

Nacho Lozano es periodista y autor. Ha sido reportero y presentador de noticias para radio, televisión e internet desde hace dos décadas; editor y columnista en diversos medios impresos nacionales e internacionales. Es presentador de Noticias Telemundo. Twitter: @nacholozano

Las vacaciones de López Gatell
Foto: @tumbaburross.

Cuando Juan Pablo II en una de sus visitas a nuestro país gritó desde su balcón en la Villa que “México sabe cantar”, que “México sabe gritar”, y otros talentos más, le faltó decir que “México sabe cantinflear”.

El cantinfleo es un deporte de alto rendimiento entre los políticos mexicanos que hablan mucho y no dicen nada. Ahí está Hugo López-Gatell, el zar mexicano antiCOVID, que en el  momento más crítico de la pandemina decidió irse de vacaciones a una playa en Oaxaca. Las críticas bien argumentadas y el linchamiento de sus enemigos le cayeron como cocos de palmeras complotistas y maliciosas.

El vacacionista se armó de valor y apareció en su  conferencia diaria de las 19 hs. sin trencitas playeras, ni tatuajes de hena; tampoco repartió tamarindos entre colegas reporteros, pero regresó cantinfleando más que de costumbre:

“No tengo nada que ocultar”, y miren que no está hablando de muertos o contagios por COVID, “fui a la costa de Oaxaca, a la región de Pochutla, que es un sitio hermoso”, para envidia de quienes llevan 10 meses metidos en los hospitales trabajando heroicamente.

Que quede claro: López Gatell tiene derecho a salir de vacaciones, tiene derecho a descansar, eso no se discute. La crítica es por su deber institucional como funcionario público. La indignación crece porque mientras unos funcionarios sí pueden tomar descanso, otros que están en la primera línea, no pueden y son obligados a trabajar en las peores condiciones sanitarias. Ah, y porque el que puso la regla de no salir de casa, no la cumplió.

Conferencia de prensa del lunes 4 de enero, 2020 en Palacio Nacional. Foto: @HugoLopezGatell.

¿Qué sucede en el mundo cuando funcionarios públicos con encargos como el de López-Gatell hacen lo que hizo López Gatell? 

Veamos lo que ocurrió en Nueva Zelanda: David Clark, ministro de Salud, impuso el 25 de marzo de 2020 un confinamiento estricto. Pero el fin de semana que comenzó se fue con su familia a la playa. Lo cacharon y presentó su renuncia. “Como ministro de Salud es mi responsabilidad no sólo cumplir las reglas sino dar ejemplo a otros neozelandeses”, es lo menos que esperamos de nuestros empleados en el sector público, “en este momento estamos pidiendo a los neozelandeses hacer sacrificios históricos y los he decepcionado”, ni Javidú usó  tan dramáticas palabras. “Soy un idiota”, ¿cómo dijo, Ministro?, “Soy un idiota. Entiendo que la gente esté enojada conmigo”. Okey.

¿Que sucedió en Canadá? El ministro de Finanzas de Ontario, Rod Phillips, renunció tras vacacionar con su familia en pleno confinamiento. Aunque intentó ocultarlo, el escándalo le estalló de tal manera que  los canadienses exigían coherencia: “Obviamente, cometí un error significativo de juicio y seré responsable de eso”, dijo Phillips con el corazón entre sus manos, “No pongo ninguna excusa”, ni cantinfleo, porque para eso no hay quiene nos gane a los mexicanos, “por el hecho de que viajé cuando no deberíamos haber viajado”.

Pero México, ni es Nueva Zelanda, ni es Canadá, apenas somos el tercermundista Dinamarca.

Sobre la foto en la que López Gatell aparece sin cubrebocas, hablando por teléfono dentro de un avión repleto de pasajeros, así justificó el zar de los cocos oaxaqueños:

“Estaba hablando, por cierto con el doctor López Ridaura pero no me escuchaba y tuve que quitarme el cubrebocas” ¡Peor! Porque cuando gritamos sin cubrebocas las gotículas contagian a los terrícolas, “y en el momento en que me lo bajo, ¡Pa, pa, pa!, las fotografías” ¡PUM! ¡BAM! ¡POW! ¡BANG! ¡ZAZ! ¡PLOP! 

Imaginen que el zar antiCOVID de Estados Unidos, Anthony Fauci, es fotografiado en un bonito pueblo de Hawai (no más bonito que Pochutla, por supuesto) vacacionando. Pues ni lo imaginen porque él mismo ha dicho que no se permitiría ese lamentable descanso.

Hay una exigencia moral a los funcionarios públicos mexicanos que puede ser ingenua, pero que uno siempre espera que cumplan: ser congruentes con las reglas que ellos ponen. 

Por eso vale la pena el contraste que hizo Claudia Sheinbaum. Con palabras muy sencillas, pero con mucho filo, se refirió al escándalo de López Gatell y los cocos vacacionales: “Cada quien es responsable de decir y hacer”, y ahí viene el sablazo, “… en mi caso… en el de todo el equipo, estando la situación de la Ciudad como está, no podríamos de ninguna manera tomarnos algún descanso, porque hay que estar permanentemente atendiendo la situación de emergencia”.

Para ser franco, no me entiendo ni a mí.