Un navío cargado de… vacunas
Ángel Guardián
Un navío cargado de… vacunas
Vacuna rusa contra la covid-19, Sputnik-V. Foto: Ignacio Ortega/EFE.
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En México estamos armando una súper fiesta en la que el invitado de honor es un súper coctel de vacunas contra el Covid-19.

Por lo menos así suena la apuesta que desde el gobierno se hace por traer todas y cada una de las vacunas que se han aprobado por las principales agencias sanitarias del mundo, con la consecuente luz verde de la Cofepris local.

Como contábamos en nuestro especial de apertura de La-Lista el 4 de enero, las mujeres que lucharon por traer las vacunas a México estaban tomando, en ese momento, tres inoculaciones.

Se trata de la de Pfizer/BioNTech, la de Oxford/AstraZeneca y la de CanSino, de un grupo sino-canadiense.

Además, se tenía considerado también hacer encargos de Moderna, de EU. 

La semana pasada, nos enteramos de que también ya están muy adelantados los planes para incluir en ese coctel antiviral la vacuna rusa Sputnik.

Recordemos que el subsecretario Hugo López-Gatell pasó en apenas unos días de las talludas oaxaqueñas en Zipolite a los tintos y tangos argentinos para “conocer” la experiencia argentina con la vacuna rusa.

Como se sabe, Argentina, donde se fabrica la sustancia de la vacuna de AstraZeneca para luego enviarla a México donde laboratorios Liomont la procesarán y exportarán a la región, hizo un pedido relevante de Sputnik. El producto para la región de esta vacuna rusa se fabricará en Brasil, tras unos embarques iniciales desde Rusia.

Esta vacuna la desarrolla el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya. Se trata de una de las reliquias de la investigación y desarrollo de Rusia. Un centro controlado por el estado con financiamiento público y privado.

Ahora, ¿por qué parece raro que México quiera traer también la Sputnik (24 millones de dosis para 12 millones de personas), siendo que el gobierno ya había dicho que había cobertura completa con las otras vacunas?

Es un misterio por resolver. Pero lo que llama la atención es que los principales clientes que ya esperan el producto desarrollado por el Gamaleya son, sobre todo, países emergentes que hacen cola ante Moscú.

De acuerdo con Axios, entre los países que pretenden adquirir Sputnik figuran Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Guinea, la India, Kazajistán, México, Nepal, Serbia, Uzbekistán y Venezuela, además de Brasil, Egipto y Malasia.

Un país se bajó del barco: Hungría, en donde dijeron que dudan de la calidad en la manufactura de Rusia. Algo le sabrán, luego de haber pasado décadas en el bloque de la cortina de hierro.

Así que, como me dijo una vez un amigo al que le pregunté para qué quería dos radios. “Pa’ tener”. Ojalá que Sputnik sirva de algo.