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Sinergias en Energía

Adolfo López Mateos y el Foro de Sao Paulo

Claudio Rodríguez-Galán

La corrupción sigue galopante y millones de mexicanos terminarán igual o peor que en 2018, pero eso sí, secuestrados por el asistencialismo eterno que fortalece, comprueba y promueve el Foro de Sao Paulo. Lo que se busca es el control total.

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Fotografía: Harry Pot / Anefo/ WikiCommons

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Yo he vivido en Brasil, país que año con año visito desde 2009. No me es extraña la controversial figura de Luiz Inácio Lula da Silva.

Conozco su trayectoria, he leído extensamente sobre su vida, leo a diario los principales periódicos de Brasil desde que él ocupaba el poder; cuando lo hacía la impresentable Dilma Rousseff o el gris Michel Temer; y por supuesto ahora que gracias al cambio democrático Jair Bolsonaro está al frente de ese país –producto más de un país harto de los peores niveles de corrupción encubiertas de movimientos sociales hipócritas–.

Conozco lo que se llamó el “Lava Jato”: los miles de millones de dólares desviados a simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT) fundado por Lula; el desfalco al BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento) a favor de países comunistas americanos y africanos, usando el dinero de los brasileños; el secuestro del STF (Suprémo Tribunal Federal); la complicidad abierta de Lula con el ahora preso Marcelo Odebrecht y, peor, con Hugo Chávez, Evo Morales, Cristina Fernández de Kirschner y el propio Fidel Castro.

De hecho, éste último y Lula fundaron en 1990 lo que se denomina el “Foro de Sao Paulo”. Pero, ¿qué es, qué pretende y quiénes conforman dicho foro? ¿Por qué hago el vínculo con Adolfo López Mateos?

El Foro de Sao Paulo está conformado por los gobiernos que han destruido las economías de sus países que, llegando mediante liderazgos y vías democráticas indiscutibles, secuestraron el país en ideologías fracasadas, y ahora enfrentan el fracaso de su propia ineptitud y decisiones, encontrando enemigos ficticios y exponiendo a los reales.

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Hoy lo conforma el Partido Comunista de Cuba, el gobierno de Nicolás Maduro, el gobierno títere de Argentina (en poder de Kirschner), el recientemente electo gobierno de Bolivia y, por supuesto, el partido en el poder en México.

Según lo expuesto por Viviana Padelin, de la Fraternidad Libertaria Latinoamericana, el Foro de Sao Paulo establece una estrategia de implantación del neo-comunismo o socialismo del siglo XXI en tres etapas, las cuales básicamente consisten en lo siguiente, y cito textualmente para evitar interferencias personales:

“La primera de estas etapas puede ocupar una o hasta tres presidencias del mismo gobernante, partido o coalición, caracterizados por el asistencialismo, aumento de burocracia, medios de comunicación pública, fuerzas armadas afines, desvalorización de símbolos patrios, etc.”

“La segunda etapa se orienta al quiebre de la clase media, aprobar reformas [in]constitucionales, instituir leyes de censura y libertinaje, persecución y judicialización para fragmentar la oposición, milicias armadas en los barrios etc.”

“La tercera, se caracteriza por expropiaciones, partido único, presos políticos e hiperinflación.”

El Foro de Sao Paulo sigue siendo liderado ideológicamente por Lula y (hasta hace pocos días), por Raúl Castro, quien hace unos días se jubiló del partido para disfrutar seguramente las islas y el estilo de vida de su hermano mayor. ¡Ahh, nada mejor que disfrutar del fruto del Comunismo mientras la población sigue subordinada a los intereses imperiales comunistas predominantes!

La ideología impregna al Foro de Sao Paulo, y me permito copiar textualmente una declaración extraída de la propia página del Foro de Sao Paulo, que son palabras pronunciadas por el propio Raúl Castro:

“Nuestros adversarios, abstrayéndose de la historia de permanente agresión, bloqueo económico, injerencia y el cerco mediático, expresado en las incesantes campañas de la prensa supuestamente libre, subordinada en su mayoría a los intereses imperiales predominantes, todo lo cual ha debido enfrentar la Revolución Cubana , nos exigen, como si se tratara de un país en condiciones normales y no una plaza sitiada, la reinstauración del modelo multipartidista que existió en Cuba bajo el dominio neocolonial de los Estados Unidos.

“Renunciar al principio de un solo partido equivaldría, sencillamente, a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio y sacrificar el arma estratégica de la unidad de los cubanos, que ha hecho realidad los sueños de independencia y justicia social por los que han luchado tantas generaciones de patriotas”.

¿Les suena el uso común de palabras y carga ideológica en discursos vigentes? Así, por ejemplo, se busca justificar la suspensión de licencias de la Ley de Hidrocarburos bajo argumentos de “soberanía nacional” y “defensa de la democracia”. Se instaura un golpe en el Poder Judicial para “defensa del Estado de Derecho”.

Si dicho discurso hubiese sido expresado por un líder de un país con visión social demócrata real de bien común y programas serios progresistas, y no de uno que haya destruido las instituciones, la economía y secuestrado la riqueza “por el bien de los pobres”, estaría de acuerdo en sus palabras.

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El problema es que dicho discurso proviene de quien implementó como negocio familiar un sistema fracasado, que no admite oposición o réplica, y que los miembros cercanos secuestran el discurso “soberano” destruyendo el futuro de generaciones completas.

Proviene de una falacia donde todas las instituciones fueron enviadas al diablo, y donde el secuestro del país, igual que en la Revolución Mexicana, solamente cambió de manos.

Nadie niega las brutales injusticias sociales de México, el saqueo de gobiernos previos y las descomunales diferencias económicas.

Pero seamos serios, destruir las instituciones –una guerra fraticida real o mediática–, destinar todos los recursos a empresas y proyectos fracasados o heridos de muerte, y secuestrar el Poder Judicial, el Poder Legislativo y los organismos independientes, nunca terminarán con el hambre de millones de mexicanos, como efectivamente, tampoco lo hizo el neoliberalismo.

La corrupción sigue galopante y millones de mexicanos terminarán igual o peor que en 2018, pero eso sí, secuestrados por el asistencialismo eterno que fortalece, comprueba y promueve el Foro de Sao Paulo. Lo que se busca es el control total.

Quienes no sé si sigan felices son los mexicanos quienes no deben [parafraseando a Raúl Castro] “sacrificar el arma estratégica de la unidad de los cubanos [mexicanos], que ha hecho realidad los sueños de independencia y justicia social por los que han luchado tantas generaciones de patriotas”.

Con hambre, sin medicinas y corrupción y autocracia galopantes, esa frase suena vacía.

No es mi postura, sino de Adolfo López Mateos, pero nunca más cierto cuando señaló que la Revolución Mexicana fue perfecta [y movimientos reivindicatorios y transformaciones mesiánicas] pues “al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo imbécil, al imbécil lo hizo político y al político lo hizo rico”.

De eso vive el Foro de Sao Paulo. Al tiempo.

*Claudio Rodríguez-Galán es socio de la Práctica de Energía de Thompson & Knight. Está clasificado como un “Abogado Líder en Energía”, mexicano y global por varias publicaciones internacionales, incluyendo Global Chambers, Chambers & Partners, Legal 500 y Who’s Who Legal. Claudio tiene más de 18 años ininterrumpidos ejerciendo el Derecho Energético. Es Maestro y candidato a Doctor en Derecho. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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