Por qué la teoría de la ‘fuga de laboratorio’ del origen del Covid ha ganado nueva relevancia
'El Instituto de Virología de Wuhan, cerca de los primeros brotes registrados, es el principal recolector mundial de coronavirus de murciélagos salvajes '. Foto: Thomas Peter / Reuters

Joe Biden quiere saber si la pandemia del coronavirus se originó en un laboratorio. El jueves, el presidente ordenó a las agencias de inteligencia de Estados Unidos que “redoblen” sus esfuerzos para encontrar exactamente cuándo y cómo el virus saltó a los humanos, y los dos escenarios que sugirió fueron un animal portador o un accidente de laboratorio. Apenas el año pasado, esa segunda declaración habría hecho que una persona fuera calificada como un chiflado y un conspirador; pero un número cada vez mayor de figuras relevantes, tanto de la prensa como científicos influyentes y funcionarios gubernamentales como el asesor médico en jefe de Estados Unidos, Anthony Fauci, están al menos abiertos a la idea de que la pandemia pudo haber comenzado con una falla de contención en China, o un experimento de virus que resultó mal.

Si apenas te enteras del debate, con los ojos nublados y preguntándote cómo algo que te dijeron que no era posible parece estar a punto de convertirse en realidad, no estás solo. Pero hay una manera sencilla de ver cuáles son las posibilidades, qué piensan los científicos actualmente y qué datos podrían resolver la disputa de una vez por todas.

Primero, en los primeros días de la pandemia, casi todos los científicos y figuras de los medios con cualquier tipo de plataforma aseguraron al mundo que la pandemia tenía un origen natural. Un coronavirus que infectaba naturalmente a los murciélagos adquirió la capacidad de infectar a los humanos a través de la evolución normal, ya sea en un ambiente salvaje o en una granja. Esto tenía un precedente histórico: tanto el virus Sars original en 2003 como el brote de Mers en 2012 surgieron de esta manera. Y el genoma viral, compartido por científicos chinos al principio de la pandemia, y desde que se secuenciaron en todo el mundo miles de veces, no mostró ningún signo obvio de manipulación: no utilizó ningún virus conocido como marco básico, o tienen el equivalente genético de perforaciones y señales de corte.

Todos estos son argumentos decentes, pero no abrumadores. Una cuestión de poca capacidad atención a la altura de la primera ola, una deferencia general a la autoridad y una cautela general sobre las teorías de la conspiración, llevaron a que el caso de la transmisión animal se presentase y repitiera con absoluta seguridad. Y con ello quedó abierta al ataque.

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Algo que se debió haber reconocido ampliamente en ese entonces es que los científicos a menudo hacen investigaciones con virus en las que pueden manipularlos para que sean más efectivos o para infectar a otras especies, incluso a los humanos. La justificación para esto es aprender sobre el comportamiento viral y rastrear cómo podría evolucionar una amenaza de pandemia. A esto se le llama investigación de “ganancia de función” y mucha gente piensa que es una mala idea.

Lo que también se sabe con certeza es que el Instituto de Virología de Wuhan (WIV), cercano a los primeros brotes, es el principal recolector mundial de coronavirus de murciélagos salvajes, los ha cultivado antes en sus laboratorios internos y tenía la experiencia para realizar experimentos de ganancia de función. Si quisiera crear un coronavirus pandémico en un laboratorio, el WIV sería un lugar fantástico para hacerlo. Y ahora hay varias teorías sobre la cepa pandémica que proviene del WIV, que van desde uno de sus coronavirus naturales registrados que infecta a un miembro del laboratorio; una ganancia de función no bien conducida con una cela; o la cepa de un arma biológica dirigida a humanos que se libera accidental o intencionalmente. Dadas las capacidades del laboratorio, esa es la gama completa de posibilidades descuidadas, imprudentes o puramente malvadas.

Esto significa que alguna versión de una fuga de laboratorio siempre fue circunstancial y científicamente plausible. Cada teoría también atrae a cierto tipo de persona, las que podríamos llamar extremistas en ambos bandos. Si eres del tipo mayoritario o tradicional, radicalmente crédulo, la historia del origen natural encaja perfectamente. Una pandemia viral que emerge de forma natural es un proceso complejo que, según los expertos, es probable que suceda. Así han sucedido las cosas antes. Las personas en posiciones de autoridad, por ejemplo, que dirigen un laboratorio de riesgo biológico, son altamente competentes y probablemente confiables. Misterio resuelto por asociación.

Sin embargo, si te emocionas con la contingencia y la conspiración, la teoría de la fuga de laboratorio es alimento para tu alma. Un evento único y discreto, perpetrado por individuos y luego, si es cierto, seguramente encubierto. Ya sea que creas que fue por un accidente o mediante un dispositivo apocalíptico, el acceso al laboratorio ofrece la posibilidad de una prueba irrefutable, si acaso lo pudieras investigar.

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Dado lo que sabemos, ambas partes están atascadas. El WIV tenía lo que los detectives de sillón llamarían motivo, método y oportunidad, pero no hay pruebas de que el Sars-CoV-2 haya estado alguna vez en el laboratorio. En el lado circunstancial, el agujero es tan profundo como uno quiera (la gente ha investigado las irregularidades en el catálogo de virus del instituto y hay un “informe de inteligencia anónimo” sobre miembros del WIV que se enfermaron con una enfermedad similar a la neumonía en noviembre de 2019). Conduce tu propia investigación, como dicen. Pero revisar las intrigas al estilo de la guerra fría desde una silla de escritorio a un mundo de distancia rara vez aclara algo.

Cuando se trata de la ciencia, no puede haber un golpe de gracia. Los virus tienen múltiples vías evolutivas frente a ellos, desde simples mutaciones hasta el intercambio de regiones genéticas enteras con patógenos estrechamente relacionados. Algunos de estos se pueden solucionar o reconstituir en un laboratorio sin dejar rastros. Dado que los principales cambios que adquirió el Sars-CoV-2 para detonar una pandemia no reflejan los de ningún coronavirus estrechamente relacionado, su aparición fue un evento raro… o simplemente resulta que no sabemos mucho sobre los coronavirus salvajes. Lo primero es posible y lo segundo seguramente es cierto.

Al mismo tiempo, si el virus se creó en un laboratorio, los creadores tomaron una ruta tortuosa, sin usar cepas o estructuras conocidas y no siempre optimizando el virus de manera obvia. Como un reflejo de ello, los argumentos científicos están profundamente atascados en este momento, con discusiones sobre cuál será la probabilidad de que una secuencia de ARN u otra surjan por medios naturales o artificiales. Hasta ahora, esos debates sólo han servido para mantener la ventana abierta por ambos lados.

Entonces, ¿de dónde vino el virus que realmente inició la pandemia? Para el bando de quienes apoyan la teoría de la emergencia natural, encontrar un coronavirus en un murciélago o animal intermedio que sea más similar genéticamente a Sars-Cov-2 que los registrados actualmente demostraría un camino evolutivo claro y plausible. Cuanto más cerca, mejor, y hay puntos extra si también se generó una ruta física hacia el brote. Esto nunca equivaldría a un caso cerrado y sin falla (lo que significa que alguna versión de la fuga de laboratorio siempre estará con nosotros como una teoría marginal), pero podría aplacar a la mayoría de los científicos. Los esfuerzos continúan, pero podrían llevar años.

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En tanto, para el bando de la fuga de laboratorio, todo se reduce a la fuente. Hay que obtener el archivo de cepas de WIV, los cuadernos de laboratorio, los archivos reglamentarios y acceso a los investigadores. Y bueno, si todo eso resultara ser impecable, siempre habrá una hebra para alegar encubrimiento. Si se trata de un caso de investigación fallida, probablemente habrá evidencias en el instituto. Sin embargo, el mayor problema es que no es probable que el acceso al WIV ocurra pronto. Los científicos, el gobierno de EU y la OMS han pedido apertura y cooperación al estado chino y, como era de esperar, se han visto obstaculizados.

Y así, como muchas otras veces durante el año pasado, estamos estancados sin una respuesta clara. Se ha señalado que, epidemiológicamente, nada de esto importa realmente. Laboratorio o no, la pandemia sucedió y continúa. Pero encontrar su origen sería muy importante. Un origen natural absolvería a cualquier persona, pero confirmaría aún más que la naturaleza en nuestro mundo está incubando una pandemia a un ritmo sin precedentes. Una fuga de laboratorio empañaría el trabajo de la investigación científica para siempre y demostraría que algunas de las peores personas en la guerra cultural tenían cierta razón. Creo que preferiría el primer caso, pero más que eso, me gustaría saber la verdad.

*Stephen Buranyi es un escritor especializado en ciencia y medio ambiente.