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“Con todas las medidas”

Alan Ulises Niniz

Hace un año deseábamos llegar a diciembre con una pandemia convertida en lección. Yo espero este año llegar a diciembre sin haberme contagiado; porque todo nos dice que no hay vuelta atrás: la pandemia ahora se ha convertido en una compañera de rutina.

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cubrebocas obligatorio
La medida de la suspensión del cubrebocas obligatoria entra en vigor el miércoles. Foto: Mika Baumeister / Unsplash.

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Un parpadeo. Otra vez se está yendo el año. Será cuestión de un par de semanas para que algunos restaurantes comiencen a ofertar sus chiles en nogada, sino es que algunos ya se adelantaron, por aquello de que este 2021 cumplen dos siglos. Después de eso, el pan de muerto y Navidad. El tiempo avanza, como siempre, a una velocidad que no nos permite siquiera tomar un respiro.

Este año en particular se ha sentido como los días con bajón que llegan después de unas vacaciones. Esta semana, por ejemplo, terminó el ciclo escolar, uno en el que algunos alumnos ni siquiera conocieron sus salones ni el rostro de sus compañeros y mucho menos el de sus maestros. Vi a gente muy querida y sumamente responsable mezclar sus actividades diarias para asistir, aunque sea virtualmente, a la ceremonia de graduación de sus pequeños.

Por trabajo, me tocó también revisar algunas historias sobre lo que piensan los estudiantes de este momento histórico, pero creo que le hemos agarrado mucho cariño porque estamos haciendo todo para permanecer otro tanto en él. Los niveles de contagio están casi como los del año pasado. Aunque las autoridades nos advierten que no estamos a los catastróficos índices de enero, en el que llegamos a contar más de 20 mil casos en 24 horas, cada vez ha sido más común escuchar sobre la enfermedad de alguien cercano: “y ya estaba vacunado”.

Lee también: Casos activos de Covid-19 se triplican en un mes

Aún así nos vamos con todo para retomar nuestra normalidad, porque estamos dejando en ella, en la vacuna (de la que muchos aún esperamos la segunda dosis), toda la carga para evitar el hospital. Además nos aseguran que es imposible volver a cerrar, y es cierto, sería catastrófico para las economías de muchas familias que no pueden parar. La pregunta es: ¿qué estamos haciendo, entonces, para asegurar nuestro futuro?

Seguimos siendo una sociedad incapaz de generar empatía por el otro. Ni siquiera con los que no piden algo a cambio. Hace una semana mencionamos la enorme responsabilidad que confería la adopción de un perrito como compañero. Ayer leí que en Los Ángeles, los refugios están comenzando a llenarse porque algunas personas que adoptaron uno durante el confinamiento los están regresando. Con el fin de las restricciones, están retomando su vida y en ella ya no hubo un lugar para esos animalitos. A pesar del cariño que les dieron y que seguramente les cobraron, vuelven a la orfandad con la advertencia de que muchos de ellos terminarán sacrificados. Eso somos. Eso queremos seguir siendo.

Los contagios y las muertes por Covid-19 se han convertido en un número que para las autoridades es solo un factor inevitable. Por eso, su agenda se ha mantenido en sus intereses, que según lo que se escucha en las mañanas, son ocurrencias casi todas. Tantos pendientes, tantas cosas que informar, tantas maneras de mostrar sensibilidad y ocupan su tiempo en lanzar candidaturas al Nobel, en postear fotos de atardeceres, de los platillos que almuerzan en sus visitas a otros estados, de sus prácticas de béisbol; se ocupan de sus extrañísimos ejercicios de revisión del trabajo periodístico, de lo que dicen de ellos sus opositores y de la búsqueda de maneras burdas de evidenciarlos. Qué gran capacidad para generar ruido y no una conversación que alimente nuestra narrativa. La agenda informativa vuelve a llenarse de temas varios, todos conocidos: violencia, crisis económica, protestas sociales, crímenes de odio, esta semana hasta un magnicidio. Todo retoma su marcha.

Hace un año deseábamos llegar a diciembre con una pandemia convertida en lección. Yo espero este año llegar a diciembre sin haberme contagiado; porque todo nos dice que no hay vuelta atrás: la pandemia que alguna vez nos asustó, ahora se ha convertido en una compañera de rutina. Además del cubrebocas, lo único que ha cambiado es que a lo que sea que hagamos solo le agregamos la leyenda “con todas la medidas”. Parece que estamos juntos en esto, solo parece.

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