Gas LP, ¿rodar y rodar?
Corto circuito

Especialista y apasionada del sector energético. Es directora general de Energía a Debate, co-conductora del programa Corto Circuito, VP de Asuntos Públicos del Cluster Metropolitano de Energía. Es socia directora de Hidrógeno21 y P21 Energía.

Es periodista, politóloga, conferencista, emprendedora, yogui, melómana, amante de los animales y ratón de biblioteca.

Twitter: @Abril_More

Gas LP, ¿rodar y rodar?
Foto: Cortesía / SSP Puebla

El domingo por la mañana leí en un medio de comunicación de circulación nacional que los consumidores aplaudían los topes de precios de gas LP (GLP), pero debo decir que pronto enfrentarán una enorme decepción y posiblemente, en un futuro no muy lejano, sus bolsillos sangrarán más que ahora al pagar éste tan necesario combustible para nuestros hogares. Dicen que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, pero los mexicanos continuamos tropezando una y otra sin ser capaces de aprender de nuestros errores. ¿Será por eso que nuestro destino es rodar y rodar?

En la década de los 70, pero principalmente en la de los 80, los gobiernos de aquel entonces se dieron vuelo imponiendo precios oficiales al consumo del pan, tortillas, transporte público y hasta al tipo de cambio, que palabras más, palabras menos lo que hacían era imponer precios máximos. Estos generaron importantes distorsiones al mercado y fueron traducidos en megainflaciones (1982), desabasto o escasez, desinversión, deterioro salarial, mercado negro, baja calidad de productos y servicios, desabasto, crisis económicas derivadas de grandes devaluaciones como la de 1994, entre otras problemáticas económicas.

Pero ¿qué es un precio máximo? Es una imposición del gobierno hacia los empresarios para vender un producto (como el gas LP) o servicio determinado a un precio por debajo del equilibrio del mercado. Se impone un precio artificial para, en teoría, mejorar el bienestar de los consumidores. Sin embargo, el ejercicio del actual gobierno tiene fallas de base como la que detectó Susan Cazorla, extitular de la Unidad de gas LP de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) en el municipio de Huixquilucan, Estado de México, en el cual el precio mínimo previo a la nueva regulación era 18.24 y el máximo 28.11, pues hoy, con el precio controlado quedó en 21.33 pesos/kg; es decir, que el nuevo precio es superior al mínimo anterior.

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A pesar de las fallas de este nuevo esquema de regulación, históricamente los precios máximos han generado más consecuencias negativas que positivas. Desgloso algunas:

Se desincentiva la competencia, ya que si en este caso el gobierno no apoya a los empresarios a comprar GLP a costos más bajos que el precio internacional y además los hacen vender a precios por abajo del equilibrio de mercado, pues seguramente veremos que:

  • Dejarán de acceder a colonias o lugares de difícil acceso o lejanos a las zonas de distribución (que generalmente es el segmento de la población más necesitado), porque los costos ya no les van a dar a los empresarios, así que seguramente la gente que acostumbraba recibir en sus casas el gas ahora tendrá que ir a buscar sus cilindros y esto les implicará más tiempo e, incluso, más gasto por gasolina o transporte público. Un ejemplo de esto es Venezuela, donde hemos visto varias veces inmensas colas en los puntos de venta y solo los que llegan primero serán capaces de comprar el producto que necesitan, aunque tenga el dinero.
  • En un mediano plazo, posiblemente varios de estos cambiarán de giro y cerrarán sus empresas, lo que generará escasez y desabasto. Esto ya ha sucedido en México en otras décadas por esta misma imposición gubernamental. Porque invertir en infraestructura y trabajar para no ganar no tiene sentido, se requiere de un margen racional para operar. 
  • Crecerán los diableros, que son las personas que con sus diablitos se llevan los cilindros vacíos y los regresan llenos, pulularán por las calles de nuestras ciudades y pueblos, elevando los costos del GLP para los consumidores; además que serán personas que llevarán a cabo un trabajo sin regulación alguna y sin las mínimas medidas de seguridad y de garantía física con respecto a sus tanques o cilindros.
  • Se va a afectar la seguridad de las instalaciones, porque con menores ingresos seguramente no van a poder invertir en mantenimiento y operación, como sucede en Pemex y CFE y esto podrá incrementar los riesgos.
  • Al no tener los recursos suficientes para la operación diaria, los empresarios tendrán que disminuir su planta laboral, lo que generará pérdida de empleos.
  • Se incrementará el mercado negro, ya que como seguramente habrá desabasto, los grupos delincuenciales incrementarán el número de tomas clandestinas en ductos de Pemex y, al ser robado, hasta podrán vender a precios más bajos que los máximos impuestos por la Cuarta Transformación.  

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Para rematar, que no es derivado de los precios máximos pero sí de la actual coyuntura político-energética, este sector ingresará a las filas de los tribunales. En otras palabras, habrá más parálisis en esta industria. 

Y si usted cree inocentemente que esta medida beneficiará a la población más necesitada como dice el presidente, también se equivoca porque lo que va a implementar el gobierno es un subsidio generalizado a la población, en lugar de uno que realmente se enfoque y apoye a los deciles más bajos. Esto implica que las familias con mayores ingresos serán las que gozarán del bienestar del GLP de la 4T, por la imposición de los precios máximos. 

Y ya nada más para que nos terminemos de asustar con el regreso de los precios máximos al país, este regreso al pasado al que nos quiere llevar el presidente de la República me hace recordar el “error del 94que derivó en una gran devaluación económica, fuga de capitales y el incremento de la deuda del país y, como muchos economistas han señalado, esta crisis se pudo haber controlado si el expresidente Carlos Salinas de Gortari no hubiera controlado el tipo de cambio para crear artificialmente un peso fuerte. La devaluación hubiera sido paulatina y no tan grave; esta acción es un símil al control de precios. 

Y se preguntarán entonces ¿qué hacer? Eliminar restricciones sobre los precios. Generar incentivos para que se creen y consoliden nuevas empresas que generen trabajos, atraer inversiones que permitan incentivar la capacidad productiva del país, impulsar la competencia, piso parejo para todos, y construir instituciones regulatorias fuertes. Y así México podrá dejar de rodar y rodar.