¿Ser o no ser madre?
Matria

Es editora, locutora, escritora, productora y mamá. Ha escrito en diversos medios sobre música, feminismo y cultura digital. Actualmente produce y conduce distintos podcasts para Audible y HBO, entre otros. Twitter e Instagram: @rominapons.

¿Ser o no ser madre?
Foto: Pixabay

Hace unas semanas participé en un conversatorio sobre las maternidades, las no maternidades y la elección. Me pareció un ejercicio muy necesario porque este es el ejemplo perfecto de un tema que se habla poco, se piensa mucho y, por ende, se decide en soledad

En este texto no me interesa dar argumentos a favor o en contra de ser madre, sino abrirnos en torno a la reflexión misma de dicha elección. Durante años me sentí sola en mi elección de ser madre. No sola desde un lugar que me generara problemas, o siquiera que implicara sentirme insegura con mi decisión, pero sí sola en el sentido que, en el mundo profesional en el que me muevo, es raro encontrar mamás. En los últimos trabajos y proyectos en los que he estado –desde editorial hasta radio y podcast… ninguna de mis colegas son mamás. De mis amigas, casi ninguna.  Entonces pensaba que yo era la rara, y sí llegué a cuestionarme si mi decisión era la correcta basada en lo que veía a mi alrededor. 

Pero en este conversatorio caí en cuenta –aunque honestamente nunca lo había reflexionado a profundidad– que aquellas que no son madres viven una presión mucho mayor que aquellas que decidimos serlo en un entorno laboral o personal poco propicio. Porque aquellas que deciden no serlo tienen que lidiar con comentarios no solo del trabajo o amigas, sino también de la familia, médicos y la sociedad en general. 

Se reduce el ser mujer a tener que procrear, a decir que “si no tienes hijos de grande estarás sola” y otra serie de ideas falsas que ni logran una reflexión, ni permiten que se cuestione la problemática de fondo. Cuando platiqué por primera vez con Irán Sosa, quien organiza estos conversatorios, me dijo que uno de los factores más importantes para decidir no tener hijos fue la falta de apoyo del Estado. Me quedé fría. ¿Por qué? Porque en ningún momento, ni cuando decidí tener hijos ni en el tiempo que he sido mamá, reflexioné a profundidad lo sola que me encuentro con respecto al Estado y mi crianza. El Estado no me ayudó con nada: ni el parto, ni guarderías, ni la escuela, ni ningún tipo de apoyo que pudieran dar. Estoy consciente que en algunos casos (como el parto) fue mi elección. Pero si lo elegí así es en parte por las cientos de historias de terror sobre violencia obstétrica que escuche de mujeres que conozco. Es decir, en México medio se dan las condiciones pero están mal hechas, y por eso los que podemos sortear eso con nuestros propios medios lo hacemos sin pensarlo dos veces. 

¿Qué sería de la crianza con un Estado involucrado? ¿Por qué las mujeres mexicanas tenemos que cargar con tanto sin ningún tipo de apoyo? Claro que de ahí pueden nacer cosas increíbles, como lo que mencionaba en mi columna anterior. Pero toda la responsabilidad de la crianza no puede caer solamente en las mujeres y familias que desean ser madres y padres. 

Tengo una gran amiga que está en esa búsqueda sobre si quiere ser madre o no, y me dijo algo que tampoco había pensado antes. Su punto era que mientras yo ya tomé la decisión de ser mamá y ahí quedó, ella tiene que tomar la decisión de no serlo todos los días, pues ella siempre tiene la otra opción. Solo de escucharlo me parece desgastante. Y es cierto que el tremendo problema de la maternidad es que no es algo de lo que te puedes zafar después de unos años porque ya no te gustó, así como un trabajo. Por eso es vital que se toque el tema, que se hable de la elección y que las mujeres tomen la decisión hasta que estén 100% seguras de lo que quieren, para beneficio de todos los involucrados. 

El desenlace es lo de menos, ambas opciones tienen cosas hermosas y cosas duras. El punto es que hablar de la posible decisión de tener hijos deje de ser tabú, que sea un tema que se hable con facilidad, que las mujeres puedan externar sus dudas, miedos y ganas. Entre más nos informamos antes de tomar una decisión, más tomamos las riendas de nuestras vidas.