Entendimiento Bicentenario: una apuesta por una política integral en seguridad
Perístasis

Licenciado, Maestro y Doctor en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Es autor de diversas obras, entre las que destacan los libros “Organismos Constitucionales Autónomos” y “Organismos Constitucionales Autónomos de las entidades federativas”. Es articulista invitado en medios como  “Nexos” y “Abogacía”, y miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados A.C. y del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México.

Entendimiento Bicentenario: una apuesta por una política integral en seguridad
El secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard posa hoy junto a su homólogo estadounidense, Antony Blinken. Foto: EFE/José Méndez

El pasado viernes se suscribió el llamado Entendimiento Bicentenario, entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Las delegaciones de ambos países estuvieron integradas por servidores públicos de alto nivel, lo cual en prinicipio auguró que los objetivos perseguidos serían ambiciosos.

Se debe destacar que este plan se creó para sustituir a la Iniciativa Mérida, la cual fue concebida como un acuerdo de cooperación entre ambos países en materia de seguridad, cuyo nacimiento se dio en el año 2007 y que se diseñó con el objetivo primordial de luchar contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Esta cooperación en aras de combatir estos dos fenómenos tuvo como ejes rectores los de brindar capacitación a las fuerzas de seguridad mexicanas y dotarlas del equipo necesario para contribuir materialmente en el mejoramiento de sus capacidades para hacer de mejor manera su trabajo.

Como sucede con cualquier política reducida a combatir las consecuencias de un fenómeno dejando en el olvido enfrentar sus origenes, la Iniciativa Mérida se tradujo en una transferencia de recursos de distintos tipos de Estados Unidos hacia México por un monto de más 3 mil millones de dólares destinados a lo antes expuesto, lo que trajo como consecuencia que un esfuerzo conjunto de los dos países se convirtiera en un esfuerzo con resultados muy limitados y, por tanto, mejorables.

A partir del Entendimiento Bicentenario se ha hecho saber que se tratará de un acuerdo efectivamente más ambicioso respecto de los fines que persigue y en lo referente a la corresponsabilidad existente entre ambos países en la persistencia de problemas como los detallados anteriormente.

Combatir algunos de los problemas sociales que se convierten en factores muy importantes para que diversas actividades ilícitas puedan resultar atractivas para un número importante de personas es fundamental, por lo que sean bienvenidos este tipo de proyectos en los que se busque contar con una mayor amplitud en los objetivos perseguidos por este tipo de acuerdos.

Buscar garantizar, proteger y promover derechos fundamentales tan relevantes como el derecho a la protección de la salud y el derecho a la educación, vuelve a este proyecto conjunto en una evolución necesaria y plausible de la otrora Iniciativa Mérida.

Indudablemente, el elemento coercitivo en este tipo de propuestas es fundamental, ya que le combate a fenómenos como el narcotráfico y la delincuencia organizada requiere de que todo el poder del Estado se ejerza en esa búsqueda permanente de la convivencia armónica de la sociedad. No obstante, el elemento coercitivo no debe ser el único que se establezca, sino también debe considerarse al elemento preventivo como uno que puede lograr que se reduzca sensiblemente la presencia de este tipo de fenómenos y que, en el largo plazo, resulte una inversión y no solamente un gasto con un crecimiento paulatino y constante.

La visión más integral que conlleva la creación del Entendimiento Bicentenario no debe dejar de lado la discusión de un fenómeno cada vez más preocupante para ambos países: los flujos migratorios provenientes del sur del continente. Por lo anterior, acuerdos como el que se comenta deben buscar eventualmente ganar amplitud y trascender de las fronteras de Estados Unidos y México, buscando generar las condiciones en todos los países para que todas las personas aspiren a vivir una vida digna en sus lugares de origen y la situación no las obligue a emigrar en busca de una mejor vida y, finalmente, de un mejor destino para sus hijos.