Chilangos huérfanos
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

Chilangos huérfanos
La jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum en su Tercer Informe de Gobierno. Foto: Twitter / Congreso de la Ciudad de México

Nadie se ocupa de nosotros. La calidad de vida de los chilangos es lo que menos les importa a los políticos que han gobernado esta ciudad. Hijos políticos de nadie, a pesar de ser el mercado electoral más grande del país. Eso somos tú y yo, chilangos y huérfanos políticos. Cinco jefes de gobierno electos, desde la controvertida reforma constitucional de 1997, y cinco precandidatos que solo utilizaron el cargo para ocupar el siguiente. 

Cuauhtémoc Cárdenas, el primer jefe de gobierno electo de la capital, descaradamente ocupó esa silla como un simple trampolín para su último intento por la presidencia de la República en el 2000. El siguiente fue el actual presidente, Andrés López, que desde el día uno de su gobierno local dijo: “a mí denme por muerto”, con esa risita burlona que hoy ocupa en las mañaneras y que, todos saben, quiere decir exactamente lo contrario a lo que sale de su boca.

Lo sucedió su fallido secretario de seguridad, Marcelo Ebrard, que no perdía oportunidad para crear redes y plataformas para construir su candidatura, que le fue arrebatada en el último momento, a pesar de estar mejor en las encuestas que su actual jefe. Le siguió Miguel Mancera, su popular procurador de justicia, que rápido dilapidó su buena imagen, y se conformó con un buen cargo con fuero, porque sabía que pronto vendría tras él, quien los sucedería en el cargo. Y así, llegamos al 2018. Con el triunfo en la presidencia de la República del tres veces candidato y la victoria en la capital de su consentida. El camino se veía claro. Después de un exitoso gobierno en el país y en la capital, la abrumadora fama de ambos llevaría a Claudia Sheinbaum, sin problema alguno, a la presidencia del país, y a su jefe, a los libros de historia. 

Pero se cruzó la maldita realidad. La pandemia los desnudó a ambos. No solo fracasaron en el manejo epidemiológico del virus, sino que provocaron un desastre en todo el sistema de salud, que dejó a millones sin acceso, sin tratamiento y sin medicinas. Esto, además de la tragedia económica para miles de negocios y familias de la capital. 

Durante los primeros meses de la pandemia parecía que la jefa de gobierno se desmarcaba de las políticas del infame López-Gatell y de sus constantes mentiras, hasta que no pudo más y se alineó a la política de mentiras y manipulación, que nos convirtió en el tercer país del mundo con más muertes totales (si se toman las muertes reales, no el dato oficial manipulado).

A todo eso se sumaron las muchas decepciones en temas torales como los derechos de las mujeres, el medio ambiente, la justicia y el nulo combate a la corrupción.

Este fracaso se vio claramente reflejado en votos el pasado mes de junio. Morena perdió nueve alcaldías en el que era su máximo bastión electoral. Y así, como su jefe lo hizo en 2003, la regenta de la ciudad decidió abiertamente iniciar su campaña y dejarle el changarro a Martí Batres. Así lo anunció en un video privado que publicó en sus redes. Obvio, tal como lo hizo su jefe hace 18 años, su motivo oficial es la promoción de los “grandes logros” de su gobierno en la capital. Pero hasta el más ingenuo sabe que se trata de la precampaña adelantada, que busca parchar su golpeada imagen.

Y así, otra vez, los chilangos seremos gobernados por encargados de despacho, que claramente carecen de legitimidad democrática, jerarquía en el gabinete, y, sobre todo, un proyecto claro de gobierno. Martí Batres abiertamente pretende el cargo de Claudia en 2024, y buscará obtener la candidatura por todos los medios.

Con esto, la ciudad lleva 24 años de ser una simple plataforma de políticos ambiciosos, que tienen la misma cuna, y han compartido grupo político y jefe. Sus energías y decisiones están siempre encaminadas a buscar su aprecio y agrado, no el tuyo. Sus políticas buscan el aplauso del gran elector, no el tuyo. Sus esfuerzos van encaminados a obtener el único voto que importa, el del actual presidente de México, y no el tuyo. Por eso, tu salud, tu seguridad, tu bienestar y el de la ciudad, es lo que menos les importa. 

Yo ya quiero salir de esta orfandad. Tenemos tres años para construir un proyecto político que de verdad se ocupe de nosotros, los abandonados chilangos.