Argentina: la libertad no es ultraderecha
Economía Aspiracionista

Manuel Molano es un economista con experiencia en el sector público y privado. Es asesor en AGON Economía Derecho Estrategia y consejero de México Unido contra la Delincuencia. Twitter: @mjmolano

Argentina: la libertad no es ultraderecha
Elecciones en Argentina. Juntos por el cambio. Foto: EFE

Leo y veo un entusiasmo y optimismo desbordados por la victoria de Javier Milei y el Partido de la Libertad en las elecciones de Argentina, porque sigo a liberales de ese país en Twitter. La verdad es que en los periódicos mexicanos, el resquebrajamiento del poder del peronismo en Argentina después de la elección legislativa del domingo apenas sí fue noticia. Mar Centenera, de el periódico El País, describió el avance de Milei y sus copartidarios con el titular “La ultraderecha entra en el Congreso de Argentina”

Ya no sé qué significa el término “derecha e izquierda”, heredado de los Estados Generales de Francia en el Siglo XVIII, para distinguir a los que eran partidarios de la monarquía y la continuidad del ancien régime y los que tenían ideas de derechos universales del hombre y el ciudadano, de democracia y república, y de ruptura con la idea de que los reyes heredaban títulos, posesiones y privilegios porque así lo quería la divinidad. 

Milei es un tipazo.  Erudito de la historia del pensamiento económico, estudioso de economistas liberales, como Friedman y Von Mises. Su retórica es coloquial, elige lenguaje vulgar para describir a sus opuestos ideológicos, esos “zurdos de mier#∞”. Luce una cabellera castaña clara que es ingobernable como su retórica. Se burla en televisión y en medios de los argumentos pueriles de los analistas que defienden el peronismo

Argentina llegó a extremos graves de destrucción de riqueza durante el siglo XX. Allá la mayoría cree que todos pueden vivir de subsidios del Estado. Según Antonella Marty, pensadora liberal,  7 millones de argentinos trabajan en el sector privado, de 13.3 millones de personas que integran la población económicamente activa. El país tiene casi 46 millones de habitantes (datos del INDEC). 

Argentina tiene impuestos a la expedición de cheques. No, no es broma. Periódicamente han sido marginados de los mercados de capitales por impago de sus deudas. Han caído repetidamente en la caja colectiva de crédito y asistencia para los países pobres llamada Fondo Monetario Internacional. Recientemente, el presidente Fernández acaloró el debate público coqueteando con la idea de un nuevo impago al FMI. Naturalmente, el tipo de cambio respondió. No el oficial, porque los peronistas viven bajo la ilusión de que pueden controlar el tipo de cambio, lo cual provoca un mercado paralelo, o mercado negro, allá llamado “dólar blue”, que hoy está a 200 ARS por dólar, cuando el tipo de cambio oficial es la mitad. 

Javier Milei no es un ultraderechista. Javier Milei defiende ideas de libertad. El Estado no tiene por qué quitar recursos a un segmento de la población para dárselos a otros. Normalmente, en Argentina, en China o en México, dicen que se los quitan a los ricos para darlos a los pobres. La realidad es que los súper ricos se defienden moviendo su patrimonio donde esté fuera del alcance del Estado. Se acaba la inversión, y la clase media y los pobres se convierten todos en paupérrimos.

No te pierdas: Juegos en el metaverso

El continente tiene ejemplos de políticos radicales violentos llamados de “ultraderecha”, como los que llevaron a la dictadura militar de Pinochet en Chile en 1973, más cercanos al nacional socialismo alemán (póngale “Roberto Thieme” a su Google y lea). Juan Domingo Perón, el fundador del movimiento peronista en Argentina, no escondía su admiración por Hitler y Mussolini. 

Los liberales no abogamos por las tiranías. Las definiciones absurdas de izquierda y derecha ya no encajan. Hay autoritarios y liberales, hay individualistas y colectivistas, hay conservadores y reformistas, pero cada uno de estos términos es relativo a la época y el contexto. 

El avance del Partido de la Libertad es una gran noticia en un país que debería ser una potencia global. Ahora necesitamos miles de Javier Milei, desde Beijing hasta Lisboa, desde Alaska hasta Patagonia; en África y en Medio Oriente, en Rusia y en pequeñas islas en el Pacífico. Los seres humanos tenemos que retomar el control de nuestro destino, y no creer que el Estado nos resolverá la vida.