Juegos en el metaverso
Economía Aspiracionista

Manuel Molano es un economista con experiencia en el sector público y privado. Es asesor en AGON Economía Derecho Estrategia y consejero de México Unido contra la Delincuencia. Twitter: @mjmolano

Juegos en el metaverso
Foto: Pixabay

Nunca le he dado crédito a las teorías que dicen que los niños que juegan videojuegos se vuelven ludópatas, o locos violentos. Sí, se requiere madurez para jugar y entender ciertos juegos. Para otros se requiere estómago, y hay algunos que yo no jugaría. Dicho eso, el gran Cervantes construyó su obra maestra alrededor de la historia de un ingenioso hidalgo, que perdió la razón leyendo novelas de caballería. 

La razón puede ser frágil. Sí, la literatura estimula la imaginación, y en una de esas las pantallas de videojuegos no tanto. Pero los videojuegos son la obra artística, intelectual, lúdica de nuestros días. En algún momento, alguien pudo decir que el cine no era una forma de arte. Los videojuegos lo son. 

No solamente eso, hay títulos para todas las edades y con todo tipo de objetivos. En México, el presidente, al igual que muchas mamás y abuelitas mexicanas, le dicen “Nintendo” a cualquier consola de videojuegos. Quizá porque esta fue la más exitosa en los años 90 en México, años de apertura económica, en la que se popularizaron los juegos electrónicos. Antes de eso, algunos niños jugábamos con consolas más simples, como el Atari. A mi hermanito, el amor por el Atari lo llevó a aprender a programar en Basic, y de ahí hizo carrera en la vida como programador de computadoras. Un primo de mi mujer, más joven que mi hermano y que yo, quería ser diseñador de videojuegos a los 17 años, cuando estaba pensando qué estudiar. Le sugerí estudiar ingeniería en software en el Tec de Monterrey, en lugar de buscar una especialización tan temprana en una industria tan compleja y competida como la de los videojuegos. Hoy es un exitoso ingeniero de software, que trabaja para una compañía en Estados Unidos.

Mi primito político jugaba unas 14 o 16 horas diarias en algún momento de su vida. Eso hacía que tuviera una vida relativamente sedentaria. No solamente eso, también su alimentación dejaba mucho que desear. No había papá ni mamá alrededor para supervisarlo, y su hermano, apenas cuatro años mayor que él, tuvo que hacerse cargo. También jugaba muchas horas a los videojuegos, entre los estudios y el trabajo. Él no fue ingeniero de software; se graduó de ingeniero electrónico en el Tec. De hecho, el chico de los videojuegos tuvo mucho mejor promedio, y tiene hoy una mejor posición en la empresa en la que trabajan ambos. 

Sí, claro; también hubo que cuidar a mis hijos de compañeritos que jugaban GTA (Grand Theft Auto), un juego que enseña a la gente a ser delincuente: robar, extorsionar, vender mercancías ilícitas, acudir a clubes de danza tubular. Supongo que se parece mucho a lo que hay que hacer con las bibliotecas de adultos: un niño de ocho años no debe leer las memorias del Marqués de Sade. 

El Libro Vaquero, a pesar de su ínfima calidad narrativa y literaria, enseñó a mucha gente a leer. Ciertos videojuegos enseñan a las mentes infantiles a pensar, a crear estrategias, a interesarse en una saga. Incluso a sustraerse de una realidad en donde la consola puede dar refugio de vendedores de drogas, de violencia real o de ideas realmente malas para una mente infantil. 

Así como hay quien aprende una lengua extranjera, álgebra o maquillaje en YouTube, los videojuegos tienen algo que enseñarnos. Incluso algunos de los más violentos pueden tener una enseñanza: normalmente el que dispara, también se muere. 

El mundo laboral y educativo del futuro ocurrirá en un ambiente de realidad virtual parecido a un videojuego. En el futuro, colaboraremos con otros en metaversos como los que están creando Meta, Alphabet y otros. Habrá que supervisar gente chiquita y grande en esos ámbitos. En lugar de andar prohibiendo videojuegos, el gobierno mexicano debería promover carreras en las tecnologías de información, para que los mexicanos del futuro seamos muy exitosos en esos universos virtuales.