Succession es un placebo
HÍBRIDO

Como crítico de cine y música tiene más de 25 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. Twitter: @carloscelis_

<em>Succession</em> es un placebo
Foto: Serie 'Succession'/ HBO

No es secreto que durante la pandemia los ricos se volvieron más ricos y los pobres más pobres. Según la revista Forbes, en 2020 cerca de 500 personas alrededor del mundo se convirtieron en nuevos billonarios. De estos, 205 viven en China y 98 en Estados Unidos, y se unen a una lista que incluye nombres tan familiares como Jeff Bezos, Elon Musk, Bill Gates, Warren Buffett, Mark Zuckerberg o incluso Kanye West.

De acuerdo con el Institute for Policy Studies de Washington, la fortuna de los billonarios a nivel global aumentó 54% tan solo el año pasado, disparando así la desigualdad social en el mundo. Datos de Oxfam también muestran que, en los primeros nueve meses de la pandemia, el número de pobres en el mundo se duplicó, aumentando a más de 500 millones.

En este contexto, la fascinación del público por una serie como Succession, que muestra a una familia de billonarios dentro de la industria del entretenimiento y las comunicaciones, podría explicarse como un efecto placebo. A los ricos les permite reflexionar sobre su privilegio y hacer un ejercicio de autocrítica, mientras que los demás podemos gritarle a la pantalla y desahogarnos viendo sufrir a los ricos… aunque no del todo.

En realidad, Succession manipula la percepción sobre los ricos y trata de crear empatía por ellos al mostrarlos desconectados de la realidad en la que la mayoría vivimos, porque en la serie estos billonarios nunca sufren y nunca se arrepienten. Como bien lo dice el personaje de Shiv (deliciosamente interpretado por la actriz Sarah Snook) en el cuarto capítulo de la tercera temporada: “nosotros nunca nos avergonzamos“.

Succession presenta situaciones prácticamente inofensivas si las comparamos con lo que ya sabemos que estas poderosas corporaciones son capaces de hacer, como asociarse con dictadores, negociar con el narco o destruir el planeta. Vamos, nada de lo que los ricos de Succession hacen parece creíble porque ya sabemos que en la vida real hacen cosas mucho peores. Pero todo sea por las risas.

Una investigación presentada por Oxfam reveló que el estilo de vida de los ricos es el que más genera contaminación, pues tan solo el 10% de los más privilegiados es responsable por el 52% de emisiones de dióxido de carbono del total de la población mundial. No extraña entonces que, tras la pandemia, cuando en Estados Unidos trascendió que los billonarios aceptaron estímulos económicos originalmente destinados a la clase media, la sociedad ahora les exija que dejen de evadir impuestos y que paguen más que los pobres.

Recientemente, el político Bernie Sanders escribió en Twitter: “debemos exigir que los extremadamente ricos paguen lo que es justo” y esto le mereció que Elon Musk le deseara la muerte, pero dicho como solo los cobardes saben hacerlo: “sigo olvidando que todavía estás vivo”. La simpatía que mucha gente siente por prepotentes como éste y como los personajes de Succession, es comparable con lo que algunos mexicanos sienten por Ricardo Salinas cuando tuitea.

En esta serie, las vacaciones en yate de lujo o los vuelos en jet privado para escapar a países donde no hay tratado de extradición, son privilegios que palidecen frente al turismo espacial de empresarios como Branson, Bezos y Musk. En Succession, los integrantes de la familia Roy son acusados de “travesuras” como un vulgar fraude, o el haber provocado un accidente bajo la influencia del alcohol, pero nunca de silenciar a un periodista o de desaparecer a una persona con intención criminal.

Logan Roy (el sobresaliente Brian Cox) siempre está acompañado por mujeres que son vil ornamento, rara vez profieren palabra y solo están ahí para acercar teléfonos y servir coca colas (cuando no se sugiere que están para facilitar sexo oral). Se habla de conflictos de acoso sexual dentro de la empresa, pero eso sucede “por allá”, quién sabe dónde, lejos de los personajes centrales que, a pesar de que la serie los presenta como corruptos y como el colmo de los excesos, nunca lo son tanto como para sentir el impulso de abusar de una mujer -o de un hombre- por simple demostración de poder.

Es interesante notar que Succession está muy preocupada por cumplir con su cuota de género. Hay una variedad de personajes femeninos con diversos grados de protagonismo, pero en el fondo es una serie decididamente masculina para un público profundamente machista, y esto también incluye a mujeres machistas. Me parece pertinente señalar que, mientras HBO transmite Succession, Apple TV Plus transmitió The Morning Show con Jennifer Aniston y Reese Witherspoon, una historia muy similar dentro de los medios de comunicación, pero que pone énfasis en personajes femeninos y que no recibió la desbordada atención de la que Succession goza.

Lo más importante para esta serie es mostrar a los ricos como bonachones. Es casi como si Jesse Armstrong, creador de Succession, escribiera intencionalmente a sus personajes de manera unidimensional y fingiera no tener la menor idea de lo que es ser un billonario. Y a lo mejor no lo sabe, algo que tampoco sería un problema de no ser por las pretensiones que la serie claramente tiene y el nivel de culto que los medios de comunicación le han dado. Así, el trabajo de Armstrong falla en mostrar a los ricos como realmente son, en tiempos en que es urgente que se hagan responsables y que rindan cuentas. 

Yo también soy fan de Succession y la veo religiosamente cada domingo, pero reconozco que muchas veces funciona como un safe space, una zona de confort donde te reúnes con los amigos para contar los mismos chistes y las mismas anécdotas un millón de veces. Los miembros de mi generación que crecieron en México (y vaya que muchos seguidores de esta serie lo son) deberían reconocer que a veces cae en territorios de Chespirito, donde El Chavo y el Profesor Jirafales siempre terminaban con un “ta ta tá” o un “pi pi pí”.

Quizá el mayor problema de Succession sea haberse vuelto tan complaciente tan rápido. Prácticamente cada capítulo es el mismo capítulo porque ya conocemos a los personajes y ya sabemos lo que pueden hacer o decir, y la dinámica es anticipar cómo van a reaccionar ante cada situación. No es queja. Tal vez lo conveniente sea recordar que Succession es una comedia satírica, una que a veces se toma demasiado en serio, pero una comedia a fin de cuentas. Bajo este pretexto, los productores se han reservado la libertad de ser tan comprometidos o tan triviales como a ellos mejor les convenga. 

BREVES

Desde el 25 de noviembre los fans de Lady Gaga ya pueden ver el regreso a la pantalla grande de su cantante favorita con el estreno de La casa Gucci, una película del director Ridley Scott basada en un caso real dentro del mundo de la moda.

La serie documental The Beatles: Get Back consta de tres capítulos que estrenan consecutivamente a partir del 25 de noviembre en la plataforma de Disney Plus. Es un trabajo del director Peter Jackson (El señor de los anillos) a partir de material de archivo inédito del director Michael Lindsay-Hogg.

También en Disney Plus, el multiverso de Marvel se sigue expandiendo con la llegada de Hawkeye el 24 de noviembre. La serie estrenará capítulos semanalmente.