¿Se puede medir el desempeño de una persona legisladora?
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

¿Se puede medir el desempeño de una persona legisladora?
Foto: Luis Lozano/La-Lista

En la última entrega, se comentó sobre la imposibilidad de calificar por criterios cuantitativos el desempeño de un órgano legislativo, toda vez que opera a partir del consenso y la negociación. En todo caso, si la opinión pública atiende pocos temas por periodo de sesiones y todos ponemos atención a distintos asuntos según nuestra circunstancia, problemática e interés profesional, la mejor forma de evaluar el desempeño de una asamblea es involucrarnos en los asuntos que nos afectan.

A partir de lo anterior, ¿es buena idea ponernos a evaluar a las personas legisladoras en lo individual, o es una ociosidad de la misma magnitud que hacerlo con el órgano legislativo en su conjunto?

Para empezar, no existe tal cosa como una persona legisladora “estándar”: existen aproximadamente 46 mil en todo el mundo, y ninguna hace exactamente lo mismo que otra en parte alguna. Cada persona tiene ambiciones y capacidades distintas, lo cual hace que opten entre un rango muy amplio de roles y actividades para destacar, como sería atención a comisiones, especialización en labores de Mesa Directiva, negociación política ya sea al interior del grupo parlamentario o en la Junta de Coordinación Política, intervenciones en tribuna o atención a los distritos.

Por si fuera poco, en cada país el partido político y la ciudadanía tienen influencia distinta en la continuación de las carreras parlamentarias, por lo que hace que las personas legisladoras sean más o menos leales a uno u otro. ¿Qué factores se deberían considerar para este efecto? Variables de diseño institucional como sistema electoral, sistema de partidos, arreglos centralizados o federales y limitación o no al número de reelecciones inmediatas, por dar algunos.

A partir de lo anterior, se puede apreciar que las mediciones que hacen los observatorios legislativos solamente toman indicadores de funcionamiento: asistencias, subidas a tribuna o iniciativas presentadas. Aunque es interesante tener esa información, ninguno de esos datos aporta algo sobre cuánto realmente hacen las personas legisladoras y mucho menos sirve para evaluarlas.

Por ejemplo, las asistencias solo resultan vitales para quienes coordinan a los grupos parlamentarios en votaciones cruciales: mientras tanto, lo único relevante es que permanezcan 251 personas en el pleno. Habrá personas legisladoras cuya función principal sea argumentar durante las sesiones, y por ello subirán con frecuencia, mientras otras estarán, digamos, dirigiendo a las bancadas o atendiendo otras actividades como reuniones con grupos de presión.

Tengamos presente, además, que la mayoría de las iniciativas que presentan las personas legisladoras no tienen la finalidad de ser aprobadas. Más bien tienen la intención de abrir el debate en un tema, o presentar un planteamiento de un partido o persona ante otra iniciativa. Por lo tanto, se comentó, la mayoría de las que se presentan no tienen la intención de ser dictaminadas. 

Es decir, cometeríamos un grave error de apreciación si pensamos que quienes nos representan deberían escuchar atentamente toda la sesión, subir con frecuencia a la tribuna y presentar iniciativas. Desgraciadamente eso es lo que nos quieren hacer creer los observatorios. 

Como resultado de esta falta de comprensión sobre cómo funciona realmente un órgano legislativo, se le acaban dando buenas calificaciones a personas que solamente hacen lo que se considera bueno que hagan: estar presentes en las sesiones, y llenar la agenda de intervenciones e iniciativas. Quienes encabezan los cuadros de calificación por lo general carecen de una agenda legislativa propia, trepándose de cualquier asunto que tenga relevancia o posibilidad de rédito, careciendo de capacidad operativa más allá de una buena prensa o presencia en redes sociales.

Si no sirve evaluar a las personas legisladoras a partir de indicadores de funcionamiento, ¿qué hacer para conocer realmente su desempeño? Primero, revisen las páginas del Congreso de la Unión y legislaturas locales, para analizar sus votaciones en lo individual: ¿votan por lo que dice el partido a rajatabla, o también son sensibles a los distritos? ¿Son personas confiables para ustedes bajo esta premisa, o solo les dicen cosas grandilocuentes? Si la página de su legislatura local no tiene esa información, presionen con todo para que haya sistemas de votación electrónico.

Sobre todo, ningún observatorio puede hacer sus tareas: enterarse de dónde vienen sus representantes, sus antecedentes, temas que han tratado, grupos con quienes tienen vínculos y posicionamientos claro en temas que les importen. La democracia no funciona si ustedes no hacen su chamba.