La pastorela… sus actores
La presencia de su ausencia

Coordina la Red Eslabones por los Derechos Humanos, atiende asuntos de justicia (principalmente personas desaparecidas), conoce directamente las entrañas institucionales y de sociedad civil. Es consejera ciudadana de Búsqueda en la Ciudad de México, Estado de México y federal. Con estudios de periodismo, derechos humanos, derecho y otros. Facebook: Red Eslabones por los Derechos Humanos Nacional.

La pastorela… sus actores
Más de 80,000 personas han sido reportadas como desaparecidas desde 2006 en México. Foto: EFE/ Francisco Guasco

Las cofradías, las hermandades, las cortes, las pandillas, los eufemismos, los montajes, los séquitos, los lacayos, los cortesanos; el tesoro, el botín…

Las estrategias son jugadas planeadas entre jugadores que han hecho equipo por largo tiempo y que permanentemente “hacen banca” para tener refuerzos que les permitan cumplir sus agendas y obtener sus trofeos.

Quienes van entrando a la banca se consideran afortunados porque se les induce a sentirse, primero, protegidos por la casta divina; después, elegidos; enseguida, privilegiados para que en un futuro puedan ser parte de esa élite que habita en el Olimpo como semidioses que comen en el mismo plato. También se recluta a “la tropa”, ese grupo de relleno, de base, que nunca entra en el Olimpo pero que se alimenta feliz de las migajas y las promesas, a los que se les hace creer que necesitan de esa casta superior y se les manda a la guerra para que luchen en la línea de fuego contra cualquier simple mortal que ose cuestionar a sus mentores, muchos se autonombran “organizaciones acompañantes”, aunque en los hechos son los empresarios de la justicia.

Esta estructura es usada siempre por los grupos legales o ilegales que detentan el poder, sea poder político, económico, social. Lo mismo sucede en los partidos, los políticos, las instituciones, las organizaciones de sociedad civil, los grupos humanos de toda índole donde se instale un grupo VIP que no está dispuesto a soltar sus privilegios, siempre prefieren cómplices que testigos.

Por 11 años hemos presenciado directamente estas maquinaciones desde las entrañas de distintas trincheras institucionales y de sociedad civil, incluyendo a quienes se consideran “los ángeles” de la pastorela y entre quienes son señalados como “los diablos”.

La realidad de esta “pastorela” es que hay personas éticas, responsables y valientes de ambos lados; así como seres mezquinos, ambiciosos, oportunistas, mercaderes e hipócritas en ambos lados. Lo malo es que cuando se identifican entre ellos y comprueban que son “hijos de la misma madre” se hacen cómplices y sus jugadas escalan, juntos se atreven a más y peor. Es imposible que las violencias que se repiten como un sistema desde hace muchos sexenios las puedan realizar solos “los delincuentes”, es indispensable la participación de integrantes de grupos de poder legal para hacer posible su continuidad y fortalecimiento.

Habitualmente estos mercaderes señalan como “los enemigos” a quienes les conviene posicionar como los malos a vencer, para seguir siendo ellos los indispensables buenos de la pastorela. También combaten a quienes no se dejan someter, se rebelan a su supuesta divinidad o exhiben públicamente sus jugadas.

Esta estructura es evidente en el más atroz hecho que le puede suceder a una persona, a una familia, a una sociedad que es la desaparición de los seres humanos, se ha construido una arquitectura de complicidades que ha permitido la repetición y especialización de las prácticas de desaparición, ocultamiento, olvido, impunidad, reincidencia y negocio. Aunado a la precaria calidad en la procuración de justicia, donde las fiscalías a duras penas pueden “medio atender” los casos relevantes, ya sea porque esté involucrado un personaje importante, porque ha hecho ruido en medios de comunicación o porque ha sido recomendado por alguien de algún Olimpo, pero todos los demás casos de la gente común se envían a la maquinaria de la burocracia, el desdén y la corrupción para entrar en la impunidad y el olvido.

Esta realidad, que actualmente en México nos acerca a las casi 100 mil personas desaparecidas que alguien ha arrancado de su propia vida y se las ha llevado vivas o muertas a algún lugar que se desconoce, demuestra que por sexenios no se ha construido la política pública necesaria para que se detenga el fenómeno, no se ha destinado presupuesto para buscar y encontrar con la eficiencia ni la eficacia que exige esta tragedia nacional.

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A pesar de excepciones como la Subsecretaría de Gobernación y Derechos Humanos, y algunos pocos servidores públicos locales, el Estado mexicano es insuficiente e incompetente para enfrentar y resolver, en este contexto surgen como la hiedra miles de asociaciones civiles que ya encontraron el camino empresarial para obtener jugosas ganancias, erigiéndose como defensores de los derechos de las víctimas, incluso se pronuncian frente a los organismos internacionales señalando con dedo flamígero lo malo que es el gobierno, pero nunca dicen qué papel desempeñan para perpetuar las deficiencias, ni rinden cuentas a nadie sobre los recursos que reciben para los cientos de proyectos que, según ellos, sí serán eficaces para obligar al gobierno a que “cumpla con su deber”. Es fácil creerles pronto, imposible creerles siempre.

Muchas organizaciones viven de que se señale que todo lo que hace el Estado está mal, incluso los pocos aciertos no se reconocen porque se quedarían sin fundamento para pedir más recursos para sus proyectos… y así, “la rueda gira”.

Las nuevas instituciones que se derivan de la reciente Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda como las Comisiones de Búsqueda, Comisiones de Víctimas, Consejos Ciudadanos de Búsqueda, Centros de Identificación Humana todavía faltan por establecerse y los que ya están, en los hechos, trabajan solas contra las inercias, indiferencia y los egos de las demás instituciones. Tanto los gobiernos locales como el federal quieren que hagan milagros con recursos insuficientes.

Las estructuras que determina la ley que deben construirse dentro de los tres niveles federal, local y municipal contemplan de manera medular la coordinación entre las instituciones, desafortunadamente todavía muchas de las fiscalías, incluyendo a la General de la República, no alcanzan a comprender que lo que han hecho por años y como lo han hecho es también parte del problema y que, para obtener resultados distintos, se tienen que realizar procedimientos distintos, principalmente el intercambio y cotejo de la información que ya tienen en sus bases de datos y la que generan en tiempo real cada día sobre las desapariciones que se van denunciando o reportando, para cotejarla con las de personas sin vida y sin identidad que se van encontrando, y quienes son detenidas o que ingresan a los penales.

También urge un inmediato control y registro para cotejo sobre los llamados Centros de Rehabilitación, que en gran cantidad son verdaderas cárceles clandestinas donde los internos son ingresados contra su voluntad y son usados para diversas acciones, muchas de ellas ilegales ante la pasividad de las instituciones responsables.

En esta pastorela no hay final feliz, entre los servidores públicos de los gobiernos y los integrantes de las organizaciones de sociedad civil hay diablos con alas de ángel y ángeles con patas de cabra, una tarea de toda la sociedad para este año 2022 es observar, analizar, descubrir y denunciar quienes son sin disfraz.