Novak Djokovic: entre el Estado de derecho y las libertades individuales
Perístasis

Licenciado, maestro y doctor en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. Actualmente es director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es autor de diversas obras, entre las que destacan Organismos Constitucionales Autónomos y Organismos Constitucionales Autónomos de las entidades federativas. Es articulista invitado en medios como Nexos y Abogacía, y miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados AC y del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México.

Novak Djokovic: entre el Estado de derecho y las libertades individuales
Novak Djokovic, en el ojo público. Foto: AFP

La situación del tenista serbio Novak Djokovic en el marco del Abierto de Australia ha desatado un debate que, aunque desde tiempos anteriores a la pandemia ha existido, en los días actuales y tratándose de un deportista que se encuentra dentro de la élite mundial ha tomado dimensiones muy importantes.

El pasado 5 de enero, Djokovic llegó al aeropuerto de Melbourne, Australia, y fue retenido en el área de migración por presuntamente no cumplir con lo establecido por diversas normas migratorias y sanitarias para entrar y permanecer en aquel país. Derivado de ello, fue trasladado a un hotel utilizado para hospedar a personas en cuarentena durante la presente pandemia y le fue cancelada la visa australiana.

Sin embargo, tanto el tenista como su equipo señalaron que en realidad sí habían cumplido con lo establecido por la ley, pues el tenista contaba con una exención médica reconocida tanto por el estado de Victoria (parte integrante del Estado federal australiano) como por Tennis Australia, que es el ente que organiza el evento. No obstante, dicha exención médica no fue expedida y mucho menos reconocida por las autoridades federales de aquel país (lo cual anteriormente habían supuestamente convalidado), razón por la cual se presentaron los sucesos antes descritos y que lleva a hacer notable la falta de congruencia existente entre los criterios de las autoridades federales y los criterios de las de los estados, así como la falta de coordinación entre ambos órdenes de gobierno.

Una vez señaladas algunas de las fallas visibles en el quehacer de las autoridades australianas, es necesario recordar que con base en la pronunciada ampliación del catálogo de libertades reconocidas para las personas alrededor del mundo y, particularmente, en aquella que en un buen número de lugares se ha estimado muy relevante y que consiste en respetar la decisión de las personas respecto de aceptar o no la aplicación de una vacuna o la práctica de algún tratamiento médico, actualmente la sociedad enfrenta el hecho de que un sector importante ha expresado su oposición a la aplicación de la vacuna anticovid.

Frente a la presencia actual de la variante ómicron caracterizada por su acelerada propagación (que algunas personas expertas ya comparan con la del sarampión), actualmente se tiene que en diversos países (Alemania, Canadá, Francia, Reino Unido, por ejemplo) hay un endurecimiento en la política de vacunación, por el cual se están aplicando básica y progresivamente restricciones al ejercicio de otras libertades, siendo este el extremo opuesto a la oposición absoluta para vacunarse y convirtiéndose en una medida radical sustentada en poner por encima de las libertades individuales al interés colectivo que se persigue con la protección de la salud pública.

Si bien es cuestionable en un régimen de libertades hacer de la aplicación de las vacunas algo obligatorio, también es cierto que la responsabilidad de personajes con un gran poder mediático deben ser proporcional al mismo, debiendo hacer del incondicional respeto a las normas una guía de su conducta cotidiana. Como ya lo expresó Rafael Nadal: “si cumples con las normas, si te vacunas, podrás estar aquí. Puedes jugar el Open de Australia y en donde sea. El mundo ya ha sufrido lo suficiente como para no seguir las normas. Todos hemos pasado por momentos realmente duros”.

En una sociedad que ha sufrido y sacrificado en conjunto muchas cosas, resulta imprescindible la práctica de la empatía y la solidaridad, siendo en este momento indispensable el fortalecimiento del Estado de derecho, la reducción (en la medida de lo posible) de las excepciones en la aplicación de las normas y la exigencia de la autolimitación de las personas que ejercen algún tipo de poder.