La austeridad tiene género
Un cuarto público

Abogada y escritora de clóset. Dedica su vida a temas de género y feminismos. Es fundadora de Gender Issues, organización dedicada a políticas públicas para la igualdad. Tiene un doctorado en Política Pública y una estancia post-doctoral en la Universidad de Edimburgo. Actualmente coordina el Programa de Género de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Twitter: @tatianarevilla

La austeridad tiene género
Foto: Tim Mossholder on Unsplash.

Una de las características de la actual administración ha sido la austeridad. De acuerdo con los lineamientos del gobierno, la austeridad tiene por objetivo (entre otros) “combatir la desigualdad social y administrar los recursos con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez, para satisfacer los objetivos a los que están destinados”. Sin embargo, estas medidas económicas han generado un efecto contrario a aquello para lo que fueron diseñadas.  

La austeridad no es nueva. Ha sido utilizada en todo el mundo ante una crisis económica a pesar de existir evidencia suficiente que su implementación genera mayor desigualdad para las poblaciones en desventaja, en especial para mujeres en situación de vulnerabilidad y/o exclusión. Aun así, muchos gobiernos, incluyendo el nuestro, continúan justificándolas como la única decisión de política económica viable y necesaria para superar una crisis. Más, en un contexto de emergencia sanitaria que puso en jaque a los sistemas mundiales de salud y de protección social. 

¿Por qué la austeridad afecta más a las mujeres? 

De acuerdo con la economista feminista Diane Perrons, estas políticas económicas se presentan como políticas aparentemente neutrales, pero en la práctica tienen impactos de género diferenciados significativos. En primer lugar, debido a la división sexual de actividades de reproducción social no remuneradas y productivas remuneradas. En segundo, las políticas de austeridad reflejan el pensamiento económico histórico androcéntrico, que prioriza el crecimiento económico sobre el bienestar social y que ha invisibilizado variables relacionadas con el cuidado y el trabajo doméstico que realizan principalmente las mujeres

Cuando entra la austeridad, los principales recortes presupuestales se enfocan en servicios y empleos del sector público y en las políticas de protección social, como es el caso del cuidado y programas para prevenir y atender la violencia contra las mujeres. Tal fue el caso de las estancias infantiles para madres trabajadoras y recortes a los refugios temporales para mujeres víctimas de violencia. Esto afecta no solo a las mujeres usuarias, sino a las mujeres que trabajan en esos sectores de manera remunerada, las cuales constituyen mayoría debido a la feminización del sector. 

Ejemplos de esto los encontramos en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2022 (PPEF) que contiene un anexo exclusivo para el gasto relacionado con igualdad de género, el anexo 13 (anexo transversal de erogaciones para la igualdad entre mujeres y hombres). De acuerdo con el centro de análisis e investigación Fundar, aun cuando dicho anexo presenta un aumento del 74.6% con respecto al año 2021, la distribución es cuestionable, ya que la mayoría de este presupuesto no está ligado a programas clave para garantizar la igualdad y no discriminación y el derecho a una vida libre de violencia. La mayoría de los aumentos desde el año 2018 en este anexo están asignados a los programas prioritarios de la administración –Pensión para el Bienestar, Becas Benito Juárez y Jóvenes Construyendo el Futuro–, sin que esto signifique que son proyectos con perspectiva de género, que intervengan en el cuidado o prevengan o atiendan la violencia contra las mujeres. 

Aquellos programas que sí son relevantes para la reducción de brechas de género, en especial aquellos enfocados a los cuidados y a la prevención y atención de violencia, apenas registraron aumento y, de acuerdo con Fundar, en algunos casos, reducciones contra el año 2021:

  • Programa de apoyo para refugios especializados para mujeres víctimas de violencia de género, sus hijas e hijos (+0.04%)
  • Programa para Apoyo a las Instancias de Mujeres en las Entidades Federativas (PAIMEF, +0.04%).
  • Programa de Apoyo para el Bienestar de las Niñas y Niños, Hijos de Madres Trabajadoras (–3.6%).
  • Programa para Promover la atención y prevención de la violencia contra las mujeres (–0.3%).
  • Acciones de coadyuvancia para las alertas de género (–1.5%).
  • Construcción y equipamiento de los Centros de Justicia para las Mujeres (–3.6%).
  • Recursos transferibles para la implementación de medidas que atiendan los estados y municipios que cuenten con la declaratoria de alerta de violencia de género (–3.6%).  

Es cierto que el tema de igualdad de género no es el único que ha sido afectado por la austeridad, sin embargo, ante el contexto nacional de violencia y desigualdad, estas medidas presupuestales son peligrosas. En México y en el mundo, la austeridad tiene género. Las mujeres pierden más trabajos, más servicios y más protección social que los hombres debido a las diferencias basadas en los roles de género que ambos tienen en la economía y en los hogares; a las normas que sustentan y que hacen que permanezca está división, y al fracaso de las políticas macroeconómicas para reconocer los impactos diferenciados, de acuerdo con Perrons.

¿Qué hacer? 

Analizar y proponer políticas económicas feministas, donde lo que esté al centro no sea únicamente el crecimiento económico sino la inversión en los servicios públicos de cuidado (Sistema Universal de Cuidados) y en programas de prevención y atención a la violencia contra las mujeres. Entender la inversión en infraestructura social como parte esencial de la vida misma, como parte imprescindible de las necesidades de todas las personas y como la base para las actividades productivas. Así quizá nos acerquemos más al objetivo de combatir la desigualdad social planteada por el gobierno. Quizás, un poquito más.