El futuro que nos advirtieron
Gran Angular

Periodista interesado en medios, contenidos, periodismo y cultura. Colaborador, reportero y editor con experiencia en medios impresos, electrónicos y digitales. Maestro en Periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE. Beca Gabo en Periodismo Cultural y Cine 2014 y 2020. También habla mucho de cine. 

El futuro que nos advirtieron
Foto: Marcus Spiske/Unsplash

Es probable que hayas crecido temiendo el futuro distópico de George Orwell en 1984 y su estado controlador, opresor y pro-prohibiciones cuando debíamos habernos preocupado más de lo que Aldous Huxley nos había sugerido en Brave New World.

En su libro de 1985, Amusing Ourselves to Death, el crítico y escritor Neil Postman afirmaba que “Orwell temía a aquellos que nos privarían de información. Huxley temía a aquellos que nos darían tanto que nos reduciríamos a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nos convirtiéramos en una cultura trivial”.

En junio de 2015, el escritor y filósofo italiano Umberto Eco se convertía en protagonista del ciclo mediático y de la conversación digital tras declarar que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los necios”.

En ningún lugar como internet y las redes sociales podemos encontrar mejor evidencia y una plena manifestación de esa máxima que dice que todos tienen el derecho a opinar. No se puede negar que el concepto tiene un lado positivo. Aunque en muchos casos quienes más quieren opinar no tengan o tengamos nada valioso a decir en temas que nos interesan o apasionan pero de los que no conocemos mucho. Sumando al tsunami de voces, de ruido y de información basura que pasa principalmente por el “pues yo creo que…”. Justamente lo que el futuro de Huxley nos advertía.

Una de las más destacadas promesas de la llegada de la era de internet (a nivel masivo y popular desde la década de los 90) era que gracias a esta herramienta nos convertiríamos en una sociedad de la información, del conocimiento. Y parece que nos hemos quedado en la era de la opinión. En donde ya importa más el cómo nos sentimos y no lo que sabemos. Donde opinar y creer precede a informarse y aprender.

Los retos que estos escenarios y circunstancias dibujan parecen ser un llamado para el periodismo, cuya función y responsabilidad atiende precisamente esto. En buena medida, el rol del periodista moderno pasa por, con principios éticos, metodologías y una conciencia de su función social, ser ese filtro ante el exceso de información. De ser un promotor del cuestionamiento y de alejarnos de maniqueísmos y radicalismos.

De constantemente combatir la sobreinformación que la idea de que “todos tienen una opinión” provoca y que le otorga espacio a las opiniones o teorías más ridículas o extremas.

Y sobre todo, de recordarnos separar la opinión de la información. Esta no es una responsabilidad menor. Y debemos de partir de la necesaria autocrítica hacia el hecho de que muchos medios parecen participar más en la conversación digital (y obtener mayor tráfico o rating) cuando prefieren promover sus espacios de opinión, sus columnas/columnistas, que sus trabajos de periodismo de investigación o sus propios reportajes.

Pensaba en esto mientras se realiza en Perugia, Italia, el International Journalism Festival 2022 y virtualmente asisto a algunos talleres y charlas en las que se discuten estas ideas, conceptos y retos antes mencionados. Donde se lanza la pregunta del futuro de los medios y del periodismo cuando modelos de negocios no se han modernizado con el vértigo que la industria cambió en los últimos 20 años.

Vale la pena que los interesados en estos temas se acerquen a este espacio de acceso gratuito.