Sabia virtud
Enernauta

Especialista en política energética y asuntos internacionales. Fue Secretario General del International Energy Forum, con sede en Arabia Saudita, y Subsecretario de Hidrocarburos de México.
Actualmente es Senior Advisor en FTI Consulting.

Sabia virtud
Foto: Pemex/Facebook

“Sabia virtud de conocer el tiempo”, dice el poema de Renato Leduc convertido en famosa canción. En política energética se trata de una de las virtudes más difíciles de cultivar. “A tiempo (subsidiar) y desatarse a tiempo”, por ejemplo, se entiende y se canta fácil, pero es más fácil sucumbir a la tentación o a la necesidad política de subsidiar que enfrentar la realidad de su eventual insostenibilidad.

El campo de líderes que no han podido acertar en la estrategia de introducir y retirar subsidios a tiempo es enorme. Desde Kazajistán hasta Ecuador, de Francia a Estados Unidos, de Chile a México, los políticos han llegado tarde a la cita con el inmisericorde destino que les reclama poner fin a la generosa política de la que se valieron para demostrar su compromiso social.

Los líderes ofrecen alivio en el pico de su popularidad y su capacidad fiscal. Ambos coinciden generalmente al comienzo de su gobierno, cuando sus esperanzas son altas y sobreestiman su control sobre los factores que rigen el curso de la política y la economía. Con el tiempo, el ejercicio cotidiano del poder les exige seleccionar entre alternativas desagradables una y otra vez, que golpean el ánimo del público. Mientras tanto, las condiciones económicas van cambiando, muchas veces poniendo en jaque los ingresos del estado. El ajuste llega en el peor momento, con la popularidad y la capacidad fiscal a la baja.

En 1980, en su cuarto informe de gobierno, el presidente José López Portillo gozaba todavía los beneficios de precios altos de crudo y financiamiento abundante para sostener subsidios. Reflexionaba entonces: “Se ha intentado la fórmula del subsidio: el Estado emplea recursos públicos para premiar o ayudar al productor, o para mantener bajos los precios en beneficio del consumidor, en la estimación de que debe ser la sociedad, en su conjunto, la que compense los desajustes en los extremos. Durante una temporada el procedimiento funciona; pero tarde o temprano el subsidio se deforma; se aumenta el gasto público improductivo; se impacta el déficit y por ese camino se alimenta también la inflación. Se teje además una maraña confusa e ineficiente, porque el subsidio no llega exclusivamente a quien lo merece o necesita, sino también y en abundancia, a quienes no lo requieren, y lo que es peor: se propicia la creación de una casta de parásitos muy hábiles que se aprovechan del esfuerzo que la sociedad hace para ser justa y se enriquecen con maniobras, exportaciones, especulaciones y abusos”.

No te pierdas:Saber, creer, desear

A pesar de esta apreciación, su gobierno continuó repartiendo subsidios a diestra y siniestra con la esperanza de que sus beneficios superarían a sus costos. Eventualmente el destino lo alcanzó, al coincidir un aumento en el costo de la deuda con una reducción en el precio del petróleo. Sostener los subsidios fue imposible ante el imperativo de equilibrar las cuentas públicas. Su gobierno entró en crisis económica y política. La gratitud por los subsidios quedó en el olvido. No está claro si de amor y dolor lo alivió el tiempo.

¿Se repetirá la historia? No exactamente, pero puede rimar. Como en 1980-81, hoy el precio del crudo es alto, se espera que siga alto y el banco central estadounidense ha iniciado un ciclo de alzas en las tasas de interés. Si en lugar de un aterrizaje suave de la economía norteamericana ocurre una recesión económica, como hace 40 años, provocaría una caída en el precio del petróleo y una disminución en los ingresos del estado mexicano, tanto por la vía de las ventas de crudo como por el ya prolongado estancamiento económico. El gobierno mexicano se vería con una menor capacidad para mantener el subsidio a la gasolina.

Y como en 1980-81, los votantes acudirán a las urnas en dos años para elegir a un nuevo presidente. El detalle es que las precampañas y campañas iniciarán desde 2023. La oportunidad política de reducir o terminar con los subsidios a los combustibles estará definitivamente cerrada para otoño del año próximo, cuando los aspirantes al poder estén prematuramente pronunciando discursos, visitando colonias, besando bebés en eventos masivos, difundiendo videos entretenedores en las redes sociales y repartiendo sueños por doquier. Quizá el último momento para lograr con éxito reducir subsidios llegue mucho antes, en invierno de 2022-2023, cuando los precios de la gasolina y el diésel pasen por la parte baja de su ciclo de variación anual.

¿Ajustará el gobierno su estrategia de subsidios a tiempo o se encontrará, si la suerte cambia, cantando “cuánto tiempo perdí, ay cuanto tiempo”?