No es fobia, es discriminación sexista y antiLGBATIQ+
Rosa flaminga

Psicoterapeuta feminista, lesbiana tropical, me especializo en los avatares de la vida lésbica para resistir la discriminación y violencia sin que estas me sean ajenas, pues son parte del día a día.

No es fobia, es discriminación sexista y antiLGBATIQ+
Foto: @diversexgro

El Día Internacional contra la Homofobia se concibió como tal en el año 2004 para conmemorar la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ocurrió el 17 de mayo del 1990.

La primera conmemoración fue el 17 de mayo de 2005. En el año 2009 se agregó a la campaña internacional la transfobia y recién en 2015 la bifobia. La última “fobia” es la lesbofobia, que se nombra tímida e informalmente en redes sociales sin ser agregada como tal al Día Internacional contra la homofobia, transfobia y bifobia, aunque en México si fue incorporada en el primer Día nacional de la lucha contra la homofobia, la lesbofobia, la transfobia y la bifobia en 2019.

El término lesbofobia ha sido acuñado recientemente para nombrar el miedo o rechazo correspondiente a las lesbianas (Comisión de Educación del Colectivo LGTB+ de Madrid, 2005), pese a la aceptación y popularización de los términos LGBTfobias, desde otras perspectivas se considera que el prefijo ‘fobia’ no aporta más que una velada justificación a la violencia debido a una respuesta irracional de miedo o angustia de tipo personal, con lo cual se minimiza el carácter sistémico de la opresión a las sexualidades disidentes.

Debido a ello, en la última década, a partir de las narrativas lesbofeminista, se ha propuesto el cambio del prefijo ‘fobia’ al sufijo ‘odio’, con lo cual lesbo-odio es usado para referirse al sentimiento profundo e intenso de rechazo hacia las lesbianas que provoca el deseo de dañarlas. Así, violencia lesbo-odiante es aquella que comete una persona basado en las ideas y prejuicios que tiene sobre las personas lesbianas, y que se ejerce como escarnio individual al tiempo que sirve de advertencia colectiva, es decir, una amenaza para aquellas mujeres que no cumplen las reglas de la ideología hegemónica dominante patriarcal.

Del mismo modo, como parte de esa estrategia lesbofeminista, prefiero hacer uso de los términos discriminación y violencia antilesbiandad, para referirme a las prácticas de omisión, rechazo, exclusión, marginación, sanción y/o castigo derivadas de estereotipos, prejuicios y la estigmatización lésbica.

En ese mismo orden de ideas, hablar de discriminación y violencia antiLGBTIQ+ permite el abordaje del impacto de la discriminación y la violencia desde la perspectiva teórica feminista para señalar, en un primer momento, el sexismo como el elemento estructurante de desigualdad social, mismo que por su carácter multidimensional afecta bio-psico-socialmente a las mujeres y a las poblaciones LGBATIQ+.

Hago énfasis en destacar el papel del sexismo como motor de las discriminaciones y violencias antiLGBATIQ+ para comprender la complejidad de subsistir en un contexto feminicida y violento como México, ya que si acudimos a la noción de fobia, bastaría con que las personas fóbicas pasen por procesos para superar dicho miedo y/o rechazo o eviten la fuente que detona el miedo irracional, lo cual no ocurre.

En cambio, al tomar el sexismo como punto de análisis es posible entrever que la supremacía machista se transmite en una serie de creencias, actitudes y conductas que se van filtrando sin percatarnos, configurando la(s) subjetividad(es) para validar es uso o recepción de discriminación y violencia sexista y/o antiLGBATIQ+.