¿De qué sirve acotar el racismo?
RACISMO MX

Colaborador de Racismo MX y Poder Prieto. Historiador, escritor, estudia la historia de los pueblos indígenas, del sistema colonial y del racismo en México. Es autor de México racista y Malintzin, o la conquista como traducción. Twitter: @fedenavarrete

¿De qué sirve acotar el racismo?
Foto: Gaceta UNAM

Cuando hablamos de racismo frecuentemente nos encontramos con una objeción: eso que tú describes no es racismo, sino clasismo. Este argumento suele servir para reducir la gravedad del acto o situación de desigualdad. En la misma lógica, algunos historiadores niegan la existencia del racismo en el periodo colonial porque supuestamente el concepto de racismo todavía no se había inventado entonces, o porque las categorías para definir las desigualdades y las discriminaciones en esa época, del siglo XVI al XVIII eran muy diferentes a las categorías raciales modernas. Sin embargo, me parece que su distinción no se sostiene históricamente y no me parece compatible con la lucha antirracista.

En España, tras siglos de convivencia con los judíos y musulmanes, los cristianos impusieron un régimen intolerante que estableció una distinción tajante entre los “cristianos viejos” de sangre “limpia” del norte de Península y los “infieles” de sangre “impura” de las otras religiones. Los segundos fueron perseguidos, quemados vivos y expulsados de España. Al llegar a América definieron a todos sus habitantes como “paganos” y los agruparon en la categoría de “indios”, considerados en general menos civilizados y morales que los españoles. Por eso debían ser convertidos y gobernados por ellos y, a cambio, les debían tributos y trabajos forzoso. A su vez, a las personas de origen africano se les adjudicó una mancha imborrable resultado de la historia bíblica y fueron sometido a la esclavitud. Además, el régimen colonial impuso ideas de calidad, de estamento y de honor para diferenciar a la gente.

El resultado fue una sociedad compleja pero con una jerarquía clara e incuestionable: los españoles (nunca más del 5 o 10% del total de la población) ocupaban la cima, sometiendo y segregando a la inmensa mayoría indígena (entre 95 y 70% de la población) y a los “negros” (más numerosos que ello). Las distinciones eran en general infranqueables y destruyeron las vidas de incontables personas y comunidades. Los defensores de la colonia dan mucha importancia a las excepciones, el pintor mulato, el hacendado de origen negro, pero se trata de casos individuales o que involucran a grupos excepcionales entre millones de personas. Además, para poder ascender al grupo dominante, las personas de origen indio o negro tenían que adoptar la cultura, la lengua y la vestimenta españolas y luego debían “mejorar la raza”, casándose con españoles. De esta manera confirmaban el sistema jerárquico y perpetuaban la supremacía de los españoles.

Sin duda, el sistema español de pureza de sangre es uno de los orígenes directos del racismo moderno, pues ambos afirman que hay diferencias heredables e imborrables entre los seres humanos. Por otro lado, los sistemas colonialistas europeos, incluido el español, son el antecedente directo de los sistemas racistas de los siglos XIX y XX. En nuestro país siguen vigentes muchas de las formas coloniales de clasificar y discriminar a las personas llamadas indígenas o negras, además de que seguimos usando el término “mestizo”, pero, sobre todo, se mantiene la asociación entre el privilegio social y la blancura y también la supremacía social y cultural de la cultura hispana.

Por eso hay que cuestionar para qué sirve negar la existencia del racismo en la colonia. Muchos historiadores asocian el periodo colonial con su propia identidad criolla y católica, que pretenden defender en el pasado, como en el presente.

En contraste, la idea de los 500 años de resistencia, defendida por el movimiento indígena americano desde 1992, afirma que los grupos racializados de hoy son herederos de los grupos colonizados de ayer y de su resistencia, y al mismo tiempo señalan las mismas lógicas colonialistas y racistas de los gobiernos coloniales y nacionales. Ante esto resulta claro que negar el carácter racista del régimen colonial sirve para evitar que se cuestione la supremacía de la cultura hispana y de la blancura en el sistema racista de nuestro país.

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