¿Qué es la blanquitud?
El elefante en la sala

Emprendedor social, estudió economía en el ITAM y un MBA en la Universidad de Essex. También tiene estudios en Racismo y Xenofobia en la UNAM, El Colegio de México y la Universidad de Guadalajara. En 2018 fundó Racismo MX, organización que tiene como objetivo principal combatir al racismo mediante investigación, educación e impacto en medios. En 2021 obtuvo el prestigioso fellowship de la organización Echoing Green, reconocido por ser líder global por la igualdad racial.

Twitter: @Racismo_MX

¿Qué es la blanquitud?
Foto: Clay Banks/Unsplash

Dentro de la discusión sobre racismo en México, y en muchos países de América Latina, frecuentemente se recurre a un concepto que genera varias interpretaciones: la blanquitud. Y es normal que cause confusión e inquietud, primero porque puede haber varios significados de lo que se ha escrito desde la academia, pero también porque nos resulta difícil ver la blanquitud, ya que vivimos inmersas/os en ella.

El concepto de blanquitud fue acuñado por el filósofo Bolívar Echeverría. Este pensador latinoamericano diferenció la ‘blancura’ del concepto de ‘blanquitud’. La blancura, nos explica Echeverría, se refiere específicamente al fenotipo europeo fuertemente asociado a la piel blanca y a rasgos anglosajones o mediterráneos, así como estatura normalmente alta, entre otras características físicas tales como el color de los ojos. Mientras tanto, la blanquitud es una forma de ser, existir y posicionarse socialmente sin estar necesariamente asociada al fenotipo europeo o blanco. En este sentido, la blanquitud es un espacio donde se privilegia todo lo asociado a lo occidental, lo blanco, lo europeo, lo “moderno”, lo “avanzado”, lo “civilizado”.

Usando estos dos conceptos encontramos que en México la blancura, es decir las personas que se identifican de piel clara, alcanza un porcentaje de la población que va desde 4.8%, según la Encuesta Nacional de Discriminación, 2017, hasta 12.1% de las y los mexicanos, de acuerdo con el Módulo de Movilidad Social 2017, lo cual nos dice que las personas blancas en nuestro país son una minoría. Sin embargo existe bastante evidencia de que las personas blancas dominan la mayor parte de los sectores de la vida pública, tales como los medios de comunicación, las artes, la educación, la política, la economía y los puestos más altos en las empresas; no sin mencionar que hay una tendencia a que las personas blancas accedan a más espacios educativos y mayor ingreso. Como argumenta la doctora Mónica Moreno, de la Universidad de Cambridge, la blancura es un sitio de poder porque implica un conjunto de privilegios.

Por otro lado, la blanquitud no está necesariamente relacionada con el tono de piel y el fenotipo, por lo que se define más como una “forma de ser” o de “presentarse ante el mundo” que incluso puede ser reproducida en la población que no es blanca. Pero ¿cómo se blanquea una persona? Hay varios mecanismos para hacerlo que son subjetivos y dependen del contexto, pero que tienen efecto en las decisiones de las personas. Desde presumir al abuelo español o europeo mientras se evita mencionar a la abuela indígena; vestir de forma “moderna”; adoptar acentos al hablar asociados a los niveles socioeconómicos altos (el famoso “acento fresa”); inclinarse por ciertos gustos estéticos normalmente asociados al mundo occidental y anglosajón; hasta adoptar ideologías asociadas a lo que piensan y persiguen las élites blancas, por ejemplo el liberalismo económico o apoyar ciertas políticas estatales.

La blanquitud es multidimensional y tiene que ver con cómo te apellidas, en dónde estudiaste, cómo te mueves, cómo te expresas, cómo te vistes, a qué lugares vas, con quién te relacionas, etc. También el lugar que ocupa la blanquitud permite otras actitudes racistas como la apropiación cultural, la gentrificación y actitudes de salvadoras/es blancas/os. Una sátira reciente a la blanquitud es el término “whitexican” que surgió en redes sociales y que hace una crítica de ese lugar que detenta los privilegios asociados a esta forma de ser y actuar.

La blanquitud, además, le da sentido a ideologías como el mestizaje, ya que pasar a la “blancura” se convierte en la meta última y se promueve como herramienta para asimilar a poblaciones colonizadas al proyecto de “modernidad”. En México, existe una población mayoritariamente morena, de ascendencia indígena o afrodescendiente que no goza de los mismos derechos y oportunidades que la minoría blanca y, a la cual, el proceso de mestizaje la ha orillado a “blanquearse” para poder tener movilidad social y vivir sin discriminación. Es por ello que muchas personas racializadas incluso defienden la blanquitud, como una muestra de racismo internalizado.

Sin embargo, según Echeverría, en una sociedad que no supere el racismo y la blanquitud como única meta –como en el caso de México–, los cuerpos morenos, indígenas o afrodescendientes jamás gozarán del estatus inherente que la sociedad le atribuye a los cuerpos cercanos al espectro blanco. Es decir, siempre habrá violencia racista contra personas morenas o racializadas, tanto simbólica (falta de representación en los medios) como material (despojo de tierras, perfilamiento racial, criminalización y discriminación cotidiana).

Es por ello que debemos promover la existencia de una sociedad en donde no se privilegie una sola forma de ser y pensar. No necesitamos perseguir la blanquitud, y aún menos cuando esta es resultado de una imposición colonial. Pero debemos tener cuidado, desmontar a la blanquitud no significa ir en contra de las personas blancas, porque la blanquitud no siempre está materializada en los cuerpos blancos, sino más bien significa erradicar las prácticas que todos los días generan racismo. Desmontar la blanquitud implica quitarnos ese yugo para encontrar la gran diversidad en las formas de ser y de pensar que existen en lo que hoy llamamos México.