Realismo trágico
De Realidades y Percepciones

Columnista. Empresario. Chilango. Amante de las letras. Colaborador en Punto y Contrapunto. Futbolista, trovador, arquitecto o actor de Broadway en mi siguiente vida.

Twitter: @JoseiRasso

Realismo trágico
Foto: Especial

Mientras el presidente y Morena juegan destapados y rayuela con las corcholatas, el país se juega la vida.

Algunos dirán que exagero, que es mejor quedarse con el México de las mañaneras donde todo va bien. Donde hay espacio para risas, tiempo para jugar beisbol y atacar fraternalmente a los opositores.

Pero la verdad es que hace tiempo México dejó de ser una tierra de paz. Nos aferramos a creer en la bondad como una máxima irrefutable del pueblo. Nos acostumbramos a endosar todos los males al crimen organizado como los únicos causantes de la violencia en el país y lavarnos las manos. Pero no es así.

Nuestra ceguera alimenta el autoengaño y blinda a los gobiernos y a la sociedad de asumir responsabilidades. Hemos construido, por participación o evasión, contextos tóxicos por los que hoy enfrentamos terribles consecuencias.

El realismo trágico que vivimos inunda las conversaciones. Los insultos están en las calles. Los linchamientos en las plazas públicas. La copia de los mundos violentos en las peleas escolares. Las “merecidas” venganzas en los transportes públicos. Las semillas de violencia sembradas en Palacio Nacional. La viralización del odio en las redes sociales. El descontrol fatal en los estadios de futbol. El clasismo. El racismo. La homofobia.

Una mezcla desgarradora de delincuencia descontrolada y una realidad violenta que recorre el país. La descomposición del tejido social en cada una de sus hebras y la crudeza de reconocer que la tragedia es un escenario común y cotidiano.

Aquí no se miente ni se exagera.

Hace tiempo que las playas de México dejaron de ser el paraíso encontrado para convertirse en el escenario de ajuste de cuentas entre bandas rivales. Hace tiempo que la extorsión es el impuesto de sangre que no se menciona en ninguna reforma fiscal. Hace tiempo que las mujeres se juegan la vida al salir de casa, por el simple hecho de ser mujeres. Hace años que en México se entierra un árbol y se desentierra un muerto. Hace décadas que las madres buscadoras entregan la vida a perseguir los rastros de sus seres queridos. Hace tiempo que a los migrantes se les emite una sentencia de muerte, violaciones y una estafeta de abandono seguro.

La percepción qué, son los hechos.

El sargazo qué, es la bala perdida a la orilla de la playa.
La inflación qué, es morir por vender pollos.
El gobierno más feminista de la historia qué, es el feminicida que camina impune.
Sembrando vida qué, son los más de 100 mil desaparecidos.
No asistir a la Cumbre de las Américas qué, es garantizar los derechos humanos.
Los índices de popularidad qué, es la corrupción, la desigualdad y el desabasto de medicinas.
Los abrazos qué, son los balazos.

Aquí no se miente ni se exagera.

En México asistir a un funeral puede ser enfilarte a una ráfaga sicaria con tu propia muerte. Ejercer el periodismo puede ser escribir tu tumba. Entrar en un templo jesuita puede ser el destino fatal de los sacerdotes que abrieron la puerta y fueron al auxilio.

No podemos pasar ausentes del México trágico que vivimos. No podemos saltar de muerte en muerte sin asfixia en las venas. No podemos seguir ausentes de los más de 120 mil homicidios en este sexenio. No podemos escribir sin denuncia de sangre en las manos. No debemos.

No debemos normalizar la deshumanización de nuestra sociedad ni observarla de reojo. No debemos de hacer del realismo trágico, el movimiento que nos represente.