¿Serviría para algo un gobierno de coalición?
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

¿Serviría para algo un gobierno de coalición?
Foto: Pixabay

Una regla básica para diseñar instituciones es conocer las condiciones que hacen que funciona en otros países. Solo así se puede hacer un diagnóstico para saber cómo podrían funcionar o no si se adaptan a México. En este entendido, la innovación solo es posible cuando hay problemas inéditos a los cuales la experiencia comparada no puede aportar claves para su solución.

En cambio, en nuestro país abunda una corriente de pensamiento que se le puede llamar fetichismo institucional, el cual es una variante del pensamiento mágico. Consiste en creer que la invocación de un arreglo determinado bastará con adaptarlo plenamente, arrojando en automático los mismos efectos que en sus lugares de origen.

Para decirlo de otra forma, es grave no hacer un ejercicio de planeación política, donde se realicen diagnósticos y prospectivas, a nombre de expectativas y buenos deseos. El resultado: kilómetros y kilómetros de iniciativas basada sobre el diletantismo, destinadas a nunca prosperar, en lugar de objetivos concretos y acciones asertivas.

Entre los ejemplos más recurrentes de fetichismo institucional es plantear que se puede alcanzar la gobernabilidad a través de gobiernos de coalición. Esta es una propuesta que surge de manera periódica, teniendo entre sus defensores a Manlio Fabio Beltrones, Ricardo Anaya y Gustavo de Hoyos. Hace unos días, los partidos coaligados en Va por México la volvieron a sacar a tema.

La premisa de la reforma: la fragmentación del sistema político hace necesaria una unión de la oposición para ganar y, a partir de ahí, pactar un gobierno de coalición. Suena bonito, pero ¿hay evidencia que funcionaría?

¿En qué circunstancias funcionan los gobiernos de coalición?

Los gobiernos de coalición funcionan en sistemas parlamentarios, cuando un partido no tiene la capacidad por sí mismo de formar gobierno al no tener la mayoría de asientos en la C ámara baja. De esa forma, se negocia con las bancadas que sean necesarias una agenda en común, dependiendo la supervivencia del gobierno de su mantenimiento. Si cae, el primer ministro renuncia y se convoca a elecciones.

La coalición se refleja en el gabinete, donde se distribuyen las carteras entre los socios en el gobierno. En este supuesto, el parlamento ratifica y destituye a los ministros a través de la censura. Otro incentivo para colaborar es la siguiente elección: se puede mantener la alianza, el socio mayoritario puede ganar, algunos de los socios tener mayor base de votos o si las cosas van mal, se cambia de partido o coalición.

¿Funcionan las coaliciones en sistemas presidenciales? Sí, aunque no con la misma lógica. Si la votación para presidente y congreso es separada y ninguno puede censurar o disolver al otro, los partidos coaligados no asumen los mismos costos o gozan de los mismos beneficios que en los regímenes parlamentarios. Es decir: si el gobierno es exitoso, quien asume los beneficios es el partido del ejecutivo y los socios enfrentarían acusaciones por “desdibujarse”. Por lo tanto, funciona solamente en los primeros años del gobierno y se disuelve conforme se acercan las elecciones.

Si bien el congreso puede ratificar al gabinete en sistemas presidenciales, la posibilidad de destitución abriría un nuevo problema: la posibilidad que las secretarías tengan una lealtad dividida entre el ejecutivo y el o los partidos que influyeron en sus nombramientos, restando la eficacia de la administración.

Según estudios comparados, 69 de 123 gabinetes iberoamericanos entre 1958 a 1995 eran de coalición. Sin embargo, los gobiernos que se formaban por coaliciones pequeñas solían ser inestables y un poco más duraderas las sobredimensionadas. Asumiendo que las lógicas de gobierno entre sistemas presidenciales y parlamentarios son distintas, funcionan, aunque no tan bien.

Por otra parte, hay otros elementos que han ayudado a apuntalar la gobernabilidad en los países de Iberoamérica: dotar a los gobiernos de facultades legislativas, y en el caso de partidos débiles formar coaliciones ad hoc.

¿Qué pasaría en México?

Por más bonito que suene, no tenemos evidencias de que pueda funcionar aquí la figura de gobierno de coalición. El primer problema: tenemos elecciones intermedias, lo cual reduce a los primeros dos años del sexenio el tiempo en que podrían funcionar. Pasado el segundo año los partidos buscarían romper la coalición de cara a la elección federal del tercer año y de ahí los propios tiempos electorales disminuirían los incentivos para gobernar con el partido del ejecutivo.

Segundo problema: el sistema de partidos está en un proceso de reconfiguración, por será difícil la cohesión. Añadamos el supuesto que, en efecto, ganase en 2024 una oposición unida y pactasen un gobierno de coalición. ¿Qué representan ahora? ¿Tienen alguna agenda clara, en lugar de la mera reacción contra Morena? Porque si no se tiene, los guinda se encargarán de fastidiar a la coalición ganadora.

¿Ayudaría la segunda vuelta? No: solo serviría para dar legitimidad al ejecutivo frente a la ciudadanía y de todas formas enfrentaría un congreso posiblemente atomizado. Con las evidencias disponibles, pareciera que proponer un gobierno de coalición pensando que resolvería los problemas de gobernabilidad es similar a una persona que pusiese en su página de Facebook una imagen de un ángel con la leyenda: “Este es el ángel de la coalición. Compártelo en tu constitución y tendrás seis años de gobernabilidad”.