La esclavitud como método de enseñanza
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Médico cirujano con más de 30 años en el medio y estudios en Farmacología Clínica, Mercadotecnia y Dirección de Empresas. Es experto en comunicación y analista en políticas de salud, consultor, conferencista, columnista y fuente de salud de diferentes medios en México y el mundo. Es autor del libro La Tragedia del Desabasto. Twitter: @StratCons

La esclavitud como método de enseñanza
Foto: Mulyadi/Unsplash.com

Eric David Andrade Ramírez era un estudiante de Medicina a punto de terminar su servicio social en una comunidad rural de Durango. Murió asesinado el pasado 15 de julio, pero lamentablemente para las autoridades de Salud esto no es importante.

Eric, como muchos pasantes de la carrera de Medicina, debía cumplir con su obligación de trabajar más de 7 mil horas durante un año, so pena de no recibir su título y su cédula profesional. La mayor parte del tiempo, como el día en que fue asesinado, trabajaba solo, sin supervisión, en una unidad de salud con apenas los servicios básicos, sin gran capacidad de hacer un diagnóstico y con tan solo lo mínimo para poder atender a un paciente.

Como era su deber y su vocación, Eric atendió a un herido de bala. Seguramente no podría haber hecho mucho, más allá de los primeros auxilios. No sin rayos X, un quirófano adecuado, un anestesiólogo y probablemente un banco de sangre. Paradójicamente fue atendiendo a ese paciente, quien recibió los impactos de bala que le quitaron la vida.

La vida de Eric, sin embargo, no era importante. Al igual que los más de 15 mil médicos pasantes en servicio social, debía trabajar forzosamente en su centro de salud; en muchas ocasiones viviendo allí y estando en servicio las 24 horas durante seis días a la semana. La seguridad de estos estudiantes nunca ha sido una prioridad. Solo son mano de obra barata. Los médicos pasantes son desechables.

Para el secretario de Salud de México, el asesinato de Eric fue casi un gaje del oficio. Una suerte de imponderable que parte del riesgo natural (y “normal”) de atender pacientes en una región remota e insegura. Históricamente, los pasantes de Medicina han sido amenazados, agredidos, las estudiantes acosadas y violadas y, desde hace décadas, mueren asesinados dos o tres cada año. Para el doctor Jorge Alcocer, las autoridades de salud de muchos estados –y, hay que decirlo, también para muchas universidades– el vivir en peligro constante o morir asesinado es parte esencial y necesaria de la formación de un médico. 

El absurdo argumento del secretario de Salud de que “no es oportuno, no es aconsejable que se suspenda ese proceso tan importante de formación que tienen los médicos” simplemente no se sostiene. No existe ni un solo estudio que demuestre que, durante ese año de abandono, las competencias clínicas o quirúrgicas de un estudiante mejoran. No hay una sola pieza de investigación que pruebe, de manera objetiva, que el Servicio Social crea profesionales más capaces. 

El año de Servicio Social no “hace mejores médicos”. En febrero del año pasado, a raíz del asesinato de Mariana Sánchez, médica pasante en Chiapas, escribí sobre esta falacia y ofrecí cuatro posibles alternativas si de verdad se quiere brindar un año adicional de entrenamiento a los futuros médicos.

Hablemos claro, la verdadera razón por la que el Servicio Social de los médicos no se suspende o modifica es tan simple como vulgar: más de 15 mil unidades médicas quedarían sin atención, ya que el sistema de salud no tiene la capacidad de contratar a tres turnos de médicos graduados y con cédula profesional, que es lo que los pacientes merecen.

Para que un médico graduado, en su sano juicio, aceptara trabajar en esas condiciones, debería ofrecérsele un sueldo muy atractivo, varias veces superior a los salarios base de los sistemas de salud de México. Cada unidad de salud debería pagar por los tres turnos de esos médicos, por lo menos, 240 mil pesos mensuales de salarios brutos más prestaciones, además de garantizarles un sistema de seguridad. 

En contraste, un médico pasante gana entre 3 mil 600 y 5 mil pesos mensuales por trabajar más de 140 horas a la semana haciendo un trabajo que no le corresponde, en instalaciones básicas, en ocasiones sin agua corriente o luz, sin equipo adecuado, padeciendo desabasto de medicamentos y con amenazas a su seguridad continuas. Si no lo hace, nunca se titulará y si durante ese año muere o desaparece, simplemente no es importante. 

Los médicos pasantes son desechables. Para efectos prácticos, los médicos pasantes son esclavos del sistema de salud.

Justificar este abuso con el argumento de que es parte de su entrenamiento es simplemente inhumano. Es idiota.

En el Servicio Social en Medicina, en palabras de Ezra Shabot, “la esclavitud se usa como método de enseñanza”.