Thomas Tuchel, explosivo y errante
Alioli

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Thomas Tuchel, explosivo y errante
Foto: chelseafc.com

Veinte meses, cien partidos, una Champions League, una Supercopa de Europa, un Mundial de clubes y un mal inicio de temporada después, Thomas Tuchel fue despedido como entrenador del Chelsea FC. La sensación entre los hinchas y el vestuario fue de desconcierto, pero los nuevos propietarios, que apenas el 25 de mayo pasado se hicieron con el club, agotaron su paciencia y decidieron que Tuchel no encajaba con la idea de su nuevo proyecto. Golpe duro para un equipo que la temporada pasada tuvo al Real Madrid contra las cuerdas y la antepasada se coronaba campeón de Europa.

Pese a lo sorpresivo de su baja, Thomas Tuchel ya está curtido en los despidos. De un carácter explosivo que se refleja en su idea futbolística (vertical, sofocante y punzante), Tuchel se retiró del futbol a la corta edad de 25 años, debido a una lesión crónica de rodilla. Tras dos años se enroló como entrenador de equipos juveniles del Stuttgart, de donde se marchó debido a sus roces con los otros técnicos. Incansable, continuó su recorrido en el Augsburgo, donde pudo foguear a muchos talentos jóvenes, hasta que su notable disciplina táctica lo llevó a firmar con el Mainz, en 2009. Y tras afianzar al Mainz en la Bundesliga, los equipos grandes comenzaron a mirar de reojo a ese técnico tan explosivo como inteligente.

Su carrera en la élite siempre ha sido trompicada. Cuando el Borussia Dortmund lo escogió en verano de 2015 para sustituir a Jürgen Klopp, supo que no sería fácil contentar a la afición del Signal Iduna Park, pero afrontó el reto y dotó al equipo de un juego vistoso. Por si fuera poco, tuvo la oportunidad de formar a varios talentos jóvenes, como Pulisic, Isak, Sancho o Dembélé, que a la postre explotaron su talento y recalaron en equipos de alcurnia. Y aunque parecía que se había asentado y llevaría al equipo a las mismas cotas que logró Klopp, Thomas Tuchel volvió a tener desavenencias con los directivos debido a su manera tan pasional de llevar el equipo y terminó despedido tres días después de coronarse campeón de la Copa Alemana de 2017.

Confirmado como un talento de los banquillos y tras un año sin equipo, el Paris Saint Germain llamó a su puerta en verano de 2018, y él, sabedor de que podría dirigir a la plantilla más vistosa del mundo, aceptó sin miramientos. Lo que siguió fue agridulce. Logró que el PSG fuera una apisonadora y dejó hitos como el del mejor inicio de temporada en la historia de la Ligue 1 y la final de Champions League (perdida) contra el Bayern Munich en plena pandemia. Pero los egos de los jugadores entraron en fricción con su duro carácter y eso se notó en el campo, así que en diciembre de 2020, los dirigentes cataríes del PSG dijeron basta y lo largaron.

Tan solo 28 días después de dejar París, el Chelsea lo llamó para reconducir un proyecto que iba a la deriva. Lo que siguió, es historia indeleble del club. Quizá todo sería distinto si Roman Abramovich no hubiera tenido que vender el club, o si el equipo no hubiera vendido a tantos jugadores importantes este verano, o si su carácter no hubiera chocado con el de los nuevos dirigentes.

Acostumbrado a apagar incendios para después volver a iniciarlos, Thomas Tuchel es uno de los entrenadores más peculiares de la actualidad. Aún no se sabe cuál será su siguiente club, pero está claro que las condiciones cambiarán en su próximo contrato: él necesita el control total y que sus jugadores tengan tanto carácter como él. Así es más fácil conseguir trofeos.