Un trauma bávaro
Alioli

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

Un trauma bávaro
Foto: fcbarcelona.es

Era la primera prueba de fuego para el nuevo Barcelona de Xavi, pero el encuentro de la segunda fecha del Grupo C de la Champions League 2022/23 contra el Bayern Múnich fue un aterrizaje forzoso para los catalanes. El 2-0 que endosaron los alemanes tiene mucha tela para cortar y es un punto de inflexión, de esos que, analizados rigurosamente, podrían hacer crecer al Barcelona en los siguientes encuentros.

Habrá que tomar varias notas, porque lo que funciona muy bien en La Liga, no alcanza contra un rival de élite en Champions. El Allianz Arena es un fortín (el Barcelona jamás ha ganado allí en partido oficial), y los bávaros encadenaron 30 partidos invictos en fase de grupos de Champions (la mejor racha histórica, empatados con el Real Madrid). Y pese a que el Barcelona llegaba con números apabullantes (14 victorias como visitante), no fue suficiente.

Busquets, que sufrió el ritmo del partido, quiso poner pausa cuando el equipo estaba desbordado, pero enfrentó varios robos de balón que lo obligaron a cometer faltas y quedó condicionado con una tarjeta amarilla nada más empezar la segunda parte. Luego de eso, vinieron los peores minutos del Barcelona en toda la temporada y los dos goles del Bayern. Ambos tantos cayeron muy juntos en el tiempo y dinamitaron la moral blaugrana.

Koundé, que desmerece en el lateral derecho, se mostró tímido y hasta rebasado por un Alphonso Davis pletórico. Xavi lo puso ahí para contener al canadiense, pero la apuesta no funcionó. Habrá que ver si Bellerín, lateral puro, más rápido pero con menor envergadura física que Koundé, jugará el segundo partido.

Los centrales del Bayern (Upamecano y Hernández), sorpresivamente, hicieron el partido de sus vidas, pese a no haber tenido un inicio de temporada brillante, y lograron secar a Lewandowski. Ambos se mostraron inteligentes en el corte defensivo y en la salida de balón y demostraron que jugar contra los catalanes es una motivación extra que saca lo mejor de los rivales.

Pedri terminó fundido y falló un par de llegadas claras. En estos partidos se ve de qué está hecho cada jugador y él, pese a ser el traductor de Xavi en la cancha, aún no tiene todo el peso para llevar a un equipo de élite. Ya llegará el momento.

En la delantera hay fondo físico, también ideas, pero Raphinha y Dembele abusaron del regate y acusaron falta de visión.

Marcos Alonso, debutante en Champions con el Barça, fue quizá el mejor jugador blaugrana, dotó de envergadura al carril izquierdo, peleó cada balón por tierra y por aire y se asoció con criterio. Físico y aún con la dinámica de la Premier League, su experiencia da seguridad en un carril izquierdo que había sido descuidado por Jordi Alba en los últimos años.

Xavi lo dijo en la rueda de prensa posterior: “Hemos sido mejores”. Pero de nada sirve dominar a un gran rival durante 30 minutos si no lo vas a rematar. Frente a los rivales grandes no se puede acusar la falta de contundencia. En el futbol actual, que ya no tiene muchos rasgos distintivos entre equipos (todos corren, todo empujan, pocos hacen alarde de geometría), la diferencia es qué tan rápido puedes asegurar un partido.

La plantilla es magnífica, pero la compenetración y las mecánicas que hacen vistoso a un equipo no se aprenden de la noche a la mañana. Lo importante será ver qué tan rápido se recupera de estos tropiezos el Barcelona, porque el año pasado tardaba mucho en recular y esa debilidad psicológica lo dejó al borde del abismo.

Será una temporada muy larga.

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