¿A quién le importa el desgaste?
Alioli

Es periodista y analista de datos. Ha colaborado en medios como Reforma, Chilango y Tec Review. Fue coautor del libro Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, publicado por la editorial Proceso. También es hincha incondicional de los Leones Negros. Twitter: @ridderstrom

¿A quién le importa el desgaste?
Foto: fifa.com

Es año de Mundial y lo que más preocupa al planeta futbol en este momento es la forma en que llegarán los jugadores para disputar el torneo. Una selección mermada pierde moral y oportunidades para coronarse. Será un encuentro atípico, quizá el que más en la historia, por jugarse entre noviembre y diciembre y realizarse en suelo qatarí. Pero que el Mundial se juegue a finales de año, y por ello haya sido necesario apretar aún más el calendario, demuestra lo inclemente que es este deporte con el físico de sus jugadores.

Si la década de los 80 destacó por la laxitud de los árbitros y la bravura de los defensas centrales (Andoni Goikoetxea, por ejemplo, estuvo a punto de terminar la carrera de Maradona con una entrada artera en un encuentro de Liga, en septiembre de 1983), en años recientes, que el futbol se volvió más táctico, físico y veloz, y se juega con mayor frecuencia, se habló de proteger a los cracks, a los diferentes. Si los mejores no juegan, el futbol deja de ser vistoso, y si cuando juegan los contrarios se dedican a machacarles los tobillos, el espectáculo se empaña y se torna aburrido.

La medicina deportiva ha progresado varios pasos desde aquellas roturas de ligamentos que obligaban al jugador a retirarse con precocidad, y se han acortado los tiempos de recuperación en la mayoría de las lesiones. Lo que ahora preocupa es la influencia del estado mental del jugador en su físico y la cada vez más ambiciosa y desgastante planeación de los directivos de la FIFA. Un cuerpo cansado no puede reponerse rápidamente si la mente también sufre fatiga.

Los compromisos de selección nacional son cada vez más frecuentes y con ellos el peligro de caer lesionado. En el caso de Europa, la UEFA Nations League, instituida en 2018, ha hecho que los jugadores de élite puedan llegar a disputar hasta 65 partidos en una temporada, en caso de que su club y selección lleguen a las instancias finales de los torneos a disputar. Una brutalidad.

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En los últimos partidos de Nations League cayeron lesionados el francés Jules Koundé, el holandés Memphis Depay (ambos del Barcelona) y el austríaco David Alaba (del Real Madrid); sus clubes, frustrados, solo pueden mirar con impotencia. El inconveniente viene a la hora de tratar el tema de la lealtad. El club es el que paga el salario, pero es la selección la que valida la figura del jugador en toda su extensión. Si el jugador rechaza a su selección para evitar lesiones que lo priven de jugar partidos importantes con su club, se le ve como un mercenario; pero si el jugador demuestra amor por su selección, nadie se atreverá a reprocharle nada.

Quienes determinan el calendario parecen obviar los descansos de los jugadores. Entrenadores como Klopp o Guardiola, que están presionados por mantener un nivel superlativo, han sido enfáticos en la pesadez de jugar cuatro competiciones en Inglaterra –aparte de los compromisos que los jugadores tengan con sus selecciones– y en que las plantillas, por más amplias que puedan ser, no alcanzan para rendir en cada uno de los partidos. En el futbol contemporáneo, al jugador no se le protege de las patadas de su rival, sino del calendario.

¿Qué se puede hacer ante la pesada carga de partidos y el agotamiento crónico de los jugadores? Por ahora, rezar para que no se lesionen y esperar a que la FIFA dé un respiro.