… pero a qué costo
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

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Foto: Especial

La semana pasada fue detenida la votación a la reforma constitucional promovida por el PRI, según la cual las Fuerzas armadas se involucrarían en la seguridad pública del país por 10 años más. En mi opinión, es desorbitado asumir que esta fue una gran victoria de la oposición, especialmente cuando era indispensable mostrar una postura cohesiva si el PRI, PAN y PRD desean ser siquiera creíbles como alternativa rumbo a 2024. Por ello, veamos con más frialdad qué se ganó, qué se perdió y cuáles son los desafíos –sobreviva o no la alianza Va por México–.

La oposición mostró fisuras: al contrario de lo ocurrido con la reforma eléctrica, en esta ocasión la oposición se mostró dividida. Sin embargo, las únicas personas sorprendidas deberían ser quienes creyeron que una alianza opositora sin discurso, reactiva y formada por personas políticas vulnerables a escándalos podría ser una alternativa. Eso condena a Va por México a tener un techo de votación bajo, haga lo que haga de aquí a las elecciones.

Frente a esto, hay problemas mayores que el hecho de que haya personas con colas largas, más allá que se logre un acuerdo sobre la selección de la candidatura presidencial de 2024.

En primer lugar, tanto la oposición como Morena deberán lograr acomodos al interior de sus respectivos institutos políticos para las candidaturas, especialmente cuando muchas personas buscarán reelegirse inmediatamente. Si se logran arreglos que permitan la movilidad partidista y compensaciones para quienes queden fuera, las estructuras políticas serán cohesivas. De lo contrario, habrá traiciones y salidas.

A lo anterior, añadamos que entre más se acerquen las elecciones, menos incentivos habrá para la cohesión, si los partidos no se encuentran plenamente institucionalizados o tienen fisuras visibles. Otra vez, todos los partidos corren ese riesgo, sea Morena, el PRI, el PAN o el PRD. Si lo dudan, pregúntense por qué no conocemos exactamente quienes se replegaron o no a la postura del tricolor en la Cámara de Diputados: es posible que también haya rebeliones en la bancada guinda, sea de personas moderadas o quienes aspiran a competir por su mismo cargo en 2024 y sepan que esta votación puede afectarles en su futuro.

El tercer reto es el papel del PRI. ¿Tendría incentivos a permanecer en alianza si Alejandro “Alito” Moreno deja la dirigencia? Quizás, pero no hay liderazgos alternos que generen una imagen de renovación o autocrítica, a menos que decidan invertir en serio en rotación generacional. Además, sería muy probable que toda negociación sobre la reactivación de Va por México vuelva a iniciar desde cero, toda vez que los acuerdos existentes habían sido asumidos por otra dirigencia.

Cuarto y último reto: lo que sucedió fue un revés al gobierno, no una derrota. Como ocurrió con la reforma eléctrica, donde la votación adversa en la Cámara de Diputados no disuadió al presidente de seguir medrando con esa agenda, lo ocurrido en el Senado no implica el final de una discusión. Para ello, se necesitaría que la oposición presentase una alternativa convincente y atractiva en lugar de simplemente reaccionar y bloquear.

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