El circo del cash
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

El circo del cash
Portada del libro. Foto: Especial

Aunque es indiscutible que ninguna democracia sobrevive sin un entorno donde se fomente el debate y el libre intercambio de ideas, también es cierto que se engaña quien cree que un órgano legislativo es un foro académico. Es más, suponer que las discusiones del pleno deberían reducirse a presentar evidencias y argumentos es no entender que la política mueve emociones y, si se niegan, la ciudadanía pierde interés en lo público.

Claro, eso no debería significar que las sesiones deban reducirse a cantinfleos o chismes de lavandería, aunque lamentablemente tienden a llevarse la nota últimamente. Más bien se esperaría que hubiese algo de jiribilla, y que los puntos importantes de una propuesta sean transmitidos de manera clara y que, en la medida de lo posible, inspiren a la opinión pública.

Lo anterior viene a cuento con quienes sueñan con una discusión en las próximas semanas al interior del Congreso de la Unión, donde se lleve a esclarecer el contenido del libro El rey del cash y se deslinden responsabilidades. Cierto, a todos nos gustaría eso, pero quizás el nivel de argumentación no da para eso: si no se tiene una estrategia clara de comunicación, se seguirá topando con las falacias que ha creado el gobierno a lo largo de los años.

¿Qué es una falacia? Un argumento que parece válido, aunque no lo es. Si bien se pueden cometer sin intención, debido a descuido o ignorancia, en política son un recurso habitual de manipulación. Es nuestra responsabilidad, como personas ciudadanas, conocerlas y detectarlas.

Por desgracia, el actual gobierno llegó al poder, y se ha mantenido, gracias a un reducido número de falacias, en las que también incurren críticos y opositores, ignorando que así afianzan al presidente y su partido. El primer ejemplo: descalificar a contrarios por ser “chairos” o “fifis” en lugar de sus argumentos, lo cual constituye una falacia ad hominem

Dicho lo anterior, volvamos a El rey del cash: una observación detenida mostrará que toda la discusión sobre los ingresos de nuestro hoy presidente se ha reducido a dos falacias desde 2007 hasta hoy. 

La primera, conocida como la falacia de petición de principio, se produce cuando la proposición que se pretende probar se incluye implícita o explícitamente entre las premisas del argumento. Por ejemplo, decir que López Obrador es honesto porque nunca ha robado. O más recientemente, que no es culpable los desvíos, reales o supuestos, pues al parecer ha vivido austeramente.

Cuando se le ha cuestionado de qué vivió entre 2007 y 2018, se aplicaba y sigue aplicando otra falacia, conocida como ad ignorantium: defender la verdad o falsedad de una proposición, porque no se ha podido demostrar lo contrario. Tanto éxito ha tenido este recurso, que en más de una década la oposición sigue cayendo con el ya consabido “quien acusa demuestra: comprueben que López Obrador ordenó desviar fondos”.

En realidad, no debería ser difícil no caer en esta falacia: bastaría con algo de espíritu crítico, como exigir cuentas. Una línea argumentativa que hubiera servido de 2007 a 2014, cuando se fundó Morena pudo haberse centrado en la importancia de rendir cuentas, no recurrir a la fe, como debería funcionar una democracia. Lamentablemente, los críticos de López Obrador nunca se preocuparon por argumentar mejor, y cuando se fundó el nuevo partido era tarde para exigir transparencia en ingresos.

¿Y el Congreso? Dejemos a un lado que no hay instrumentos para hacer una investigación a fondo, pues las comisiones de investigación están hechas para no funcionar: quienes tengan interés en subir a la tribuna sobre el tema son quienes desean medrar de la coyuntura, en lugar de personas especializadas en estos temas.

Mientras sigamos cayendo en cuanta falacia se nos presenta, el actual gobierno seguirá teniendo las de ganar. ¿Qué tal si comienzan a identificar falacias, aprenderlas de memoria y empezar a argumentar en serio? Para empezar, dedicarían menos tiempo a leer columnas editoriales, pues identificarían rápidamente cuáles ofrecen sustancia y cuales solo contienen cháchara.