¿Qué pasa con las infecciones respiratorias en niños este otoño?
Columnista invitada

Es infectóloga pediatra egresada del Instituto Nacional de Pediatría, médico cirujano por la Universidad Anáhuac y pediatra egresada del Instituto Nacional de Pediatría. Tiene posgrado en Investigación Clínica por la Universidad de Harvard y un máster en Epidemiología en curso por la Universidad de Utrecht, Holanda. Es miembro titular de la Asociación Mexicana de Infectología Pediátrica. Ha colaborado en la elaboración del libro Antimicrobianos: Antivirales, Antiparasitarios, Antimicóticos e Inmunomoduladores e Infectología Pediátrica; casos clínicos. Forma parte de Medcare Paediatric Speciality Centre en Emiratos Árabes Unidos.

¿Qué pasa con las infecciones respiratorias en niños este otoño?
Foto: Pixabay

Queridos lectores, les escribo desde otro país, desde los Emiratos Árabes Unidos, específicamente desde la ciudad de Dubái. Aquí estoy empezando una nueva etapa como médico pediatra especialista en enfermedades infecciosas. En esta ocasión quiero escribirles sobre lo que está sucediendo en esta región del mundo que coincide con lo que se observa en todo el continente americano, incluyendo muchos estados de México: es sobre el aumento en las infecciones respiratorias pediátricas, sin precedente, que están poniendo en jaque a algunos hospitales con el número de camas ocupadas, tanto en hospitalización como en cuidados intensivos. 

En especial estamos observando un aumento en los casos del virus sincicial respiratorio, virus influenza y enterovirus. Estos tres virus asociados a enfermedad moderada a grave sobre todo en los niños menores de dos años, quienes en muchas ocasiones requerirán de hospitalización para terapia con oxígeno o, inclusive, manejo en las unidades de terapia intensiva. Otras poblaciones altamente susceptibles, además de los pequeños, son los adultos mayores, las mujeres embarazadas y todos aquellos pacientes que cuenten con alguna inmunodeficiencia. En cuanto a influenza, ya tenemos muchos más casos de los esperados, sobre todo de influenza AH1N1, adelantándose al pico que solemos ver en los meses de enero-febrero. 

Los síntomas de estas tres infecciones son parecidos y suelen confundirse, ya que los tres virus pueden presentar escurrimiento nasal, sensación de malestar general, fiebre, tos, dolor muscular, dolor articular, así como opresión en el pecho. Estos síntomas pueden llegar a agravarse, interfiriendo con la alimentación en algunos infantes, incrementando así el riesgo de hospitalización. 

Todo parece indicar que hay varios factores que provocan este aumento de infecciones respiratorias, entre algunos estos:

  • El levantamiento de las medidas sanitarias y de distanciamiento social, justo en la temporada en que las temperaturas ambientales empiezan a descender y en las que se congrega más gente en ambientes cerrados, permitiendo que los niños que habían estado sin exposición durante dos años, ahora estén expuestos directamente sin protección alguna. 
  • Las madres que estuvieron embarazadas durante la pandemia y no tuvieron contacto con estos virus, no crearon anticuerpos que pudieran llegar al bebe a través de la placenta, haciéndolos ahora más susceptibles de enfermar gravemente. 
  • Los virus que habían menguado su aparición por la presencia del virus SARS-CoV-2 empiezan a recobrar su estacionalidad y empiezan a circular todos al mismo tiempo.  

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo de que nuestros niños enfermen de gravedad y formen parte de estas desafortunadas estadísticas?

Los pediatras recomendamos a los padres de familia continuar con las medidas que ya conocemos: el uso de cubrebocas, sobre todo en lugares mal ventilados; evitar lugares concurridos; lavado frecuente de manos; no enviar a nuestros hijos a la escuela si se encuentran enfermos y completar el esquema nacional de vacunación, incluyendo la vacuna para Covid-19, así como la vacunación anual para la influenza. 

Tal vez no podamos evitar que se contagien, pero de nuevo el objetivo es que no se enfermen todos al mismo tiempo, y que, de así hacerlo, no sea gravemente, sin requerir atención hospitalaria y sin que se ponga en riesgo la vida de los más pequeños.