INE, en defensa de la verdad
De Realidades y Percepciones

Columnista. Empresario. Chilango. Amante de las letras. Colaborador en Punto y Contrapunto. Futbolista, trovador, arquitecto o actor de Broadway en mi siguiente vida.

Twitter: @JoseiRasso

INE, en defensa de la verdad
El Instituto Nacional Electoral (INE). Foto Archivo

Buscando analogías para explicar la cotidianidad que vivimos, a veces describimos realidades de cuento o pesadillas que no necesariamente reflejan lo que pasa en nuestros días. 

Ya sea porque se trate de encumbrar al salvador del pueblo en lo más alto del cinismo o señalarlo como el único culpable de la tragedia que sufrimos. 

Y es que mirar a la distancia las percepciones y debates alegóricos, nos ha acostumbrado a vivir en la parodia del mundo que no debería ser.

Hemos perdido la capacidad de distinguir dónde empieza la verdad y dónde termina la mentira. Dónde empieza la tragedia y dónde termina la comedia.

En esta confusión entre realidad y percepción, la estafa no es solamente la que nos presentan todos los días por la mañana. La estafa está en el engaño y el resentimiento como forma de gobierno. 

Y en parte, es culpa nuestra. 

Porque le hemos dado demasiado crédito al espectáculo. A ese circo que criticamos cuando viene de parte del oficialismo, pero que aplaudimos cuando nace de aquellas voces que nos representan. 

El control de la opinión pública la tiene el espectáculo. La sed de ridiculizar al otro. El hambre por el mayor escándalo.

Por eso, los partidos políticos buscan fanáticos por encima de electores responsables. Por eso se le da mayor peso a los discursos que a los resultados. Por eso se prioriza la lealtad por encima de la capacidad y se presume la honradez bajo la farsa del cinismo. 

Porque cómplices o no, hemos permitido que la política y la función pública descansen en manos del aplauso. 

Por eso es momento de marchar para defender lo que sí es real. Es momento de abucheos en las calles. Es momento de levantar la voz por el Instituto Nacional Electoral (INE). 

Porque no se trata de una nueva ficción ni de una fantasía. Se trata de defender la historia, la realidad que le permitió a la izquierda alcanzar el poder de la Ciudad de México, la misma realidad que permitió la alternancia en el año 2000, la realidad que nos acostumbró a que un gobierno podía ser vencido en las urnas y que propició el ambiente democrático para que Morena llegara al poder. 

La realidad es lo que debemos defender. 

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Porque llegará el momento en que caiga el telón de este sexenio y las mentiras se refugien en el silencio del olvido, pero las deudas quedarán marcadas en el pecho de quienes embistieron en contra de la democracia.

Porque el INE es el órgano autónomo que nos garantiza hablar de oposiciones, de representación de minorías, de esperanzas de cambio, de búsqueda de un piso parejo, de certezas en el camino y de la sana incertidumbre del desenlace democrático. 

Es el INE el banco donde hemos depositado nuestra voz. El espacio donde todos y todas contamos. Es la representación de nuestra confianza y el acervo plural donde recae nuestra perfectible democracia.

Por eso no hablo de ideales por conquistar, porque son territorios ganados por mujeres y hombres comprometidos con las reglas del juego. 

Porque a pesar de ser perfectible, la alternancia no es una promesa, es una realidad. Las elecciones limpias no son una utopía, son actas registradas y contabilizadas. 

La marcha del domingo no debe ser un desfile de egos ni banderas partidistas. 

Aquí no se venden promesas. Aquí se grita en defensa de las batallas ganadas. Aquí se canta con la garganta raspada por los años de lucha. Aquí se exige porque nuestra voz no sea callada. Aquí se defiende la democracia. 

Porque en un gobierno de mentiras, el INE es una verdad.