México y Dinamarca: las profundas diferencias entre dos sistemas de salud
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

México y Dinamarca: las profundas diferencias entre dos sistemas de salud

El artículo 4º constitucional señala entre otras cosas que todas las mexicanas y todos los mexicanos tenemos derecho a la protección de la salud, siendo por esta razón considerado un derecho fundamental que requiere de normas, procedimientos e instituciones para ser efectivamente garantizado, protegido, promovido y respetado.

Básicamente, el hecho de que el Estado tenga obligaciones de hacer generadas por la existencia de este derecho fundamental, produce que la satisfacción de esas necesidades de carácter general de las que se habla sea paulatinamente más difícil de lograr frente a una población que no hace más que crecer en número y en la complejidad de sus padecimientos.

Por lo anterior, cada Estado cuenta con un sistema de salud diseñado para satisfacer (siempre en la medida de sus posibilidades) esas necesidades, conformándose por entes públicos y privados dedicados a la consecución de estos objetivos y regulados por normas jurídicas que, a su vez, establecen los procedimientos a seguir para hacerlo de la mejor manera.

El caso del sistema de salud mexicano es muy peculiar, pues si bien con el tiempo se han logrado avances ciertos en la garantía, protección, promoción y respeto del derecho a la protección de la salud en nuestro país; históricamente se ha considerado que el mexicano es un sistema de salud fragmentado y con una falta de coordinación que ha producido que la prestación de este servicio diste de ser universal y mínimamente digna en muchos casos.

La evolución misma del sistema de salud mexicano ha estado marcada a lo largo de las administraciones federales por la ideología del presidente en turno, teniendo que de acuerdo con la ideología de cada uno de ellos las reformas legales y el diseño de políticas públicas muchas veces contradictorias, han generado un proceder más bien errático y por muchos momentos una involución en el mismo.

Desde el principio del presente sexenio llamó la atención el compromiso asumido por el presidente López Obrador de convertir el sistema de salud mexicano en uno tan eficiente como el de Dinamarca o incluso mejor. Para ello, se ideó un discurso que orbita alrededor del combate a la corrupción como la mejor fórmula para lograr ese y muchos más objetivos planteados por la administración actual, siendo notorio que cuatro años después tanto la muy deseada erradicación de la corrupción como la prevista elevación de los estándares del sistema de salud mexicano se encuentran más lejos de lograrse.

Aunque el discurso oficial sostenga una inexplicable y poco realista aspiración a convertir el sistema de salud mexicano en uno igual o mejor al danés, en realidad el segundo cuenta con estándares hoy inalcanzables para el mexicano, empezando por el hecho de que en México hoy se destina, de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, aproximadamente 6.2% del Producto Interno Bruto, mientras que Dinamarca destina alrededor del 11% del mismo. 

Para comenzar un cambio positivo verdadero, hoy los esfuerzos del gobierno mexicano deben estar encaminados a destinar de manera progresiva un mayor presupuesto para la protección de la salud año con año, y no a alimentar un discurso sin sustento que además de elevar falsamente las expectativas de la población, retarden aún mas la urgente toma de decisiones encaminadas a mejorar de una vez por todas a nuestro sistema de salud. 

Es momento de invitar a legisladoras y a legisladores y al titular del Poder Ejecutivo a promover una indispensable reforma constitucional con la que se garantice una dotación progresiva y suficiente de recursos para la atención de la salud; cuestión verdaderamente importante que, como otros temas, deberían ocupar el lugar que hoy ocupa una reforma electoral innecesaria que solamente es considerada de alta prioridad para el grupo político en el poder pero que, a la sociedad en general, no le interesa.

Deseo a todas y a todos un mejor y feliz año 2023.