La tesis y la integridad académica
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

La tesis y la integridad académica
Bibioteca Central de la UNAM Foto: UNAM

En las recientes semanas, ha sido del conocimiento público una serie de sucesos que han llevado a hacer una reflexión sobre los problemas que puede acarrear el hacer un trabajo de investigación (tesis) con las características de ser original, oportuno e inédito.

La realización de una tesis es la cúspide en el trabajo que por un tiempo considerable realiza una persona estudiante en el nivel superior, siendo así un documento por medio del cual se puede comprobar que ésta se encuentra en la posibilidad de, eventualmente, ejercer una profesión. 

Como forma de titulación la elaboración de tesis implica además un segundo momento en el que lo señalado por su autor o autora debe ser defendido ante un sínodo integrado por personas expertas en la materia que analiza, en un ejercicio de intercambio de ideas y formulación de cuestionamientos, el dominio del tema por parte de la persona sustentante y, finalmente, su idoneidad para convertirse en merecedora de un título que con posterioridad la habilite para ejercer la profesión respectiva una vez cumplidos los requisitos establecidos por la autoridad facultada para hacerlo. Lo cierto es que este segundo paso no puede suceder si antes no ha pasado lo primero.

Las personas que intervenimos por parte de las universidades en las distintas etapas hasta lograr la autorización de una tesis nos enfrentamos a un reto cada vez mayor frente al cúmulo de información (confiable y no confiable) que existe tanto en los libros relacionados como en la internet, así como a la posibilidad de que el alumnado incurra de manera voluntaria o involuntaria en lo que se conoce como plagio.

Para evitar graves problemas como el que acabo de mencionar, todas las actividades sustantivas de las universidades (docencia, investigación y difusión de la cultura) deben, en todo momento, observar lo que desde el primer semestre se inculca al alumnado y que es el eje rector de nuestro quehacer cotidiano: la integridad académica.

Es este tipo de integridad la que encuentra sus cimientos en la honestidad intelectual que se hace presente al analizar lo original e inédito que debe ser cualquier producto académico y que, invariablemente, buscamos este presente en absolutamente todo el trabajo que realizamos y por medio del cual hacemos contribuciones contundentes y tangibles en pos del desarrollo nacional.

Lastimosamente y como sucede en cualquier actividad humana hay errores, en este caso puede pasar que ya sea de manera voluntaria o involuntaria, se presenten fenómenos oprobiosos como el plagio que afectan negativamente ese quehacer cotidiano que pretendemos sea en todo momento impoluto.

Por lo anterior, comunidades como la de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Nación (a cuyo claustro académico tengo el honor de pertenecer), buscamos además de realizar de manera permanente un trabajo depurado para mitigar el riesgo de que estos sucesos se repitan, elevar el número de investigaciones realizadas por la nuestra, que es la mejor escuela de derecho del país. Para hacerlo de mejor manera, indudablemente requeriremos de contar con acceso a herramientas tecnológicas para auxiliarnos y con una normatividad acorde a los retos que la realidad actual impone, incluyendo desde luego sanciones claras para este tipo de conductas.

La realización de una tesis es una de las formas de titulación por excelencia y uno de los mejores testimonios que cualquier persona que cursa la educación superior puede legar a la sociedad, por lo cual las universidades y sus comunidades debemos seguir promoviendo su realización en aras de buscar de manera oportuna respuestas que, con base en evidencia, se realicen a los grandes desafíos que plantea una sociedad con necesidades y exigencias crecientes.

Frente a lo que se ha vivido en estos días por nuestra Universidad de la Nación, cabe recordar y recalcar que esta institución ha sido, es y seguirá siendo el principal proyecto cultural y educativo del Estado mexicano, por lo que todas y todos debemos defender su autonomía, credibilidad y honorabilidad.