La cuesta de 24 meses que se avecina

Licenciado en Periodismo y Medios por el Tecnológico de Monterrey y Máster en Teoría de la Cultura y Psicoanálisis por la Universidad Complutense de Madrid, España, país en el que radica actualmente desde hace más de tres años. Editor de La Península Hoy. Twitter @Victorleaks

La cuesta de 24 meses que se avecina
Foto: Nicole Sandoval / Obturador MX

Los mexicanos solemos tener una probada fascinación por las frases hechas, sobre todo si estas implican cierto grado de sacrificio o adversidad. “La cuesta de enero” es una de estas frases que comenzamos a elaborar desde las fiestas decembrinas como si nos preparáramos para una guerra que comenzamos en lo mental para librarla en el terreno de la realidad no solo en enero, sino prácticamente todo el año.

Pero esta cuesta que será el 2023 no solo en lo económico, en la inseguridad que lastima a nuestra sociedad a diario y en las batallas legales que se avecinan, principalmente en el tema de la reforma electoral que seguramente terminará en manos de la Suprema Corte de Justicia y su nueva Presidenta, la ministra Norma Lucía Piña, sino que vendrá aparejada con la del siguiente año (2024), clave en el calendario nacional, principalmente por las elecciones -una vez más- más importantes en la historia del país.

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Y es que el 2024 tocará no solo lo político, sino lo social, lo económico y el rumbo (o la viabilidad, siempre tan cuestionada) de México como nación y como democracia. Mientras las décadas que sentimos perdidas por las oportunidades mal gestionadas se nos acumulan en la espalda, por delante tendremos no solo 365 días, sino 730 días para configurar el país en el que viviremos –al menos– hasta el año 2030. Una responsabilidad que no deberíamos pasar por alto o, como suele ocurrirnos, dejarla en manos exclusivamente de nuestros gobernantes que tantas pruebas de incapacidad, irresponsabilidad y putrefacción nos han dado desde tiempos que ya resultan dolorosos de recordar por la confianza traicionada sistemáticamente.

Un proyecto de la mano de la 4T que ha recibido un revés que ha golpeado no solo el ego del presidente López Obrador, sino su plan de controlar el máximo tribunal del país, de la misma manera como lo hace con el Legislativo actualmente, y que ha quedado manifiesto en las decisiones trascendentales, como el del reciente “Plan B” de la reforma electoral, que en el corto plazo será puesta a verdadero escrutinio de un grupo de juristas -entre los que se encuentra una que probablemente no lo sea- que confiamos se pongan a la altura de una circunstancia extremadamente delicada para el futuro democrático de México.

Así, la cuesta parece no solo más inclinada sino más larga, por lo que habrá que hacer suficiente trabajo de fondo entre la sociedad civil, los partidos de oposición y como ciudadanos, para sostener el paso y poder recuperar los espacios que desafortunadamente se han ido acotando dramáticamente desde hace 4 años, cuando el discurso del ganador nos prometía que sucedería lo contrario. Por lo demás, que no es poco, será momento de darnos una nueva oportunidad para corregir el rumbo en lo personal, intentar a diario ser mejores ciudadanos aunque las circunstancias y el entorno nos pongan contra la pared, y sobre todo, buscar crear o acudir a espacios en los que podamos continuar reflexionando y pensando con libertad e ilusión en el México que, estoy seguro, todos queremos ver y palpar para los nuestros.