Repensar a México en América del Norte

Internacionalista por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) Investigador y consultor en materia migratoria con experiencia profesional en trabajo diplomático-consular. Integrante del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Twitter @ManoloPrestamo

Repensar a México en América del Norte
AMLO y Biden durante la visita del presidente estadounidense a México. Foto: EFE

Con la llegada del presidente Joe Biden a nuestro país, aterrizando en el Aeropuerto Felipe Ángeles, se dio inicio a la Cumbre de Líderes de América del Norte (CLAN), un mecanismo que fomenta el avance del proyecto regional del cual México ha sido parte durante los últimos 30 años. El ser anfitrión de la CLAN nos presentó una oportunidad única para repensar nuestro papel en América del Norte, donde finalmente mandemos un mensaje sobre la vital importancia que México representa para Estados Unidos y Canadá, posicionando en el centro de la agenda nuestros intereses como los de nuestros homólogos, trabajando por el bienestar de nuestras comunidades, a la par de la consolidación de nuestra región como la más competitiva a nivel global.

México, Estados Unidos y Canadá representan el 33% del Producto Interno Bruto global. Sin embargo, históricamente dicha prosperidad económica no ha beneficiado equitativamente a nuestros países. A pesar de que México se ha posicionado como el segundo socio comercial de Estados Unidos, únicamente por detrás de Canadá, nuestro país sigue contando con altas tasas de desigualdad y pobreza en comparación con sus homólogos del norte. Al día de hoy, el 43.8% de la población de México vive en situaciones de pobreza, mientras que únicamente un 11.6% en Estados Unidos y un 8.1% en Canadá. México tiene el potencial de ser uno de los principales polos de atracción de capitales extranjeros gracias a iniciativas de offshoring y nearshoring en la región, sin embargo, no servirá de nada crecer económicamente si no traducimos estos logros en bienestar para nuestras comunidades.

Al igual que la desigualdad, la inseguridad sigue siendo un lastre para el país. La guerra contra las drogas y la creciente demanda de drogas sintéticas en Estados Unidos han desencadenado un contexto de inseguridad perpetua en México, mismo que hoy nos hace superar los más de 100 mil desaparecidos. Será ingenuo creer que toda la responsabilidad recae en Estados Unidos, sin embargo, es innegable que las prácticas negligentes de compañías armamentistas, la desconfianza y la falta de cooperación por parte de sus agencias de seguridad, el tráfico ilícito y proliferación de armas hacia la frontera mexicana han jugado un papel catalizador para magnificar la inseguridad que vive nuestro país. Mientras Estados Unidos únicamente se preocupa por su crisis de opioides, en México los carteles continúan aumentando su poder de fuego, su presencia a nivel nacional e internacional, así como los actos de terror que incendian a nuestro país. 

La materia pendiente a nivel regional continúa siendo reformar la manera en la que se entienden nuestras fronteras, donde históricamente Estados Unidos nos ha utilizado como su patio trasero, negando sistemáticamente derechos humanos a cientos de miles de personas al despojarles de poder acceder a juicios de asilo en cortes migratorias. Mientras tanto, ciudades transfronterizas mexicanas se han convertido en cementerios, observando el fortalecimiento de redes de tráfico y crimen organizado debido a las deportaciones exprés que realiza Estados Unidos. Debilitando instituciones como la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados y organizaciones de la sociedad civil dedicadas a salvaguardar el bienestar de personas desplazadas. Durante los últimos dos años, no solo se ha derrumbado la promesa de una reforma migratoria que visibilizaría a 12 millones de inmigrantes y a más de 700 mil dreamers, sino que se ha auspiciado una crisis humanitaria en nuestras fronteras al expandir políticas punitivas como el Título 42. 

Actualmente nos encontramos en un contexto global cambiante, donde a México, Estados Unidos y Canadá se les ha presentado una oportunidad única para capitalizar su fortaleza económica, sus ventajas competitivas y su solidez democrática. Es momento de atraer nuevos mercados a la región y llenar los vacíos que ha dejado la inestabilidad generada por la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania. Inequívocamente, México debe continuar apostando al proyecto de América del Norte, seguir estrechando nuestros lazos comerciales y fortalecer incansablemente nuestra cooperación. 

Sin embargo, también es una oportunidad para repensar nuestro papel en esta cooperación. Anteponer nuestros intereses nacionales a las demandas económicas y políticas de nuestros vecinos. Es en este contexto donde se fortalece y reivindica el nuevo paradigma de nuestra política exterior, donde el canciller Marcelo Ebrard, de la mano del director de la Unidad para América del Norte, Roberto Velasco, y todo el equipo de la cancillería han cimentado un cambio en las reglas del juego en la región, apostando por una nueva cooperación que enfatice que nuestras agendas son intermésticas, que nuestras instituciones deben ser fortalecidas, que Estados Unidos y Canadá tienen una profunda dependencia de México, y que el futuro de nuestra región está sometido a la prosperidad y bienestar en nuestro país.